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Quedan dos semanas de campaña

Quedan dos semanas de campaña y el resultado de las PASO se plantea incierto, con sondeos que señalan paridad de intención de voto y ventaja de algunos puntos para la fórmula Fernández-Fernández.

El Gran Buenos Aires es decisivo, como viene sucediendo en las elecciones nacionales desde hace décadas. En el están dos tercios de los votantes de la provincia de Buenos Aires, que significan el 25% del electorado nacional.

Históricamente ha sido un ámbito de predominio justicialista, que a veces se ha podido neutralizar en el ámbito provincial con el voto contrario al Peronismo, que predomina en el tercio de los votos bonaerenses que están en el tercio del interior provincial. La ventaja de la fórmula FF en el conurbano es importante, no sólo porque influye en el resultado nacional, sino que define si la Gobernadora María Eugenia Vidal, gana o pierde la provincia. Aunque no está en juego la gobernación, ganar o perder tiene efectos políticos.

El promedio de pobreza y desempleo en el Gran Buenos Aires supera al nacional y la recesión ha afectado más este ámbito que al interior de la provincia o al resto del país. Hasta ahora, la estrategia de Vidal es que Macri no participe en la campaña, porque la imagen del Presidente, tiene su nivel más bajo en el conurbano. 

El gobierno y los mercados, parecen dispuestos a presentar como no decisiva una ventaja menor a 5 puntos en el resultado de las PASO en el ámbito presidencial. En este caso, el argumento del oficialismo es repetir que en 2015 Cambiemos perdió por 8 puntos en las primarias, en la primera vuelta redujo esta diferencia a sólo 2 y que finalmente se terminó imponiendo por 1,5.

Pero la política no es automática ni mecánica y una diferencia de varios puntos a favor de la principal fuerza opositora puede tener un impacto diferente en la opinión pública y las decisiones económicas individuales, aunque la mayoría de los medios acompañen la interpretación oficial.

La cuestión es que la fórmula encabezada por Alberto Fernández, no deja de emitir señales que generan preocupación y temor y algo similar sucede con el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires (Kicillof).

En la campaña, las fuerzas moderadas del Peronismo (gobernadores, legisladores anti-K y la CGT), pierden protagonismo y no inciden en el discurso del Peronismo, homogeneizado por el Kirchnerismo. La estrategia del oficialismo para atenuar el impacto de un triunfo de la fórmula que lleva a Cristina Kirchner como candidata a la vicepresidencia, convive con otra tendiente a mostrar que su eventual llegada al poder es caótica para la Argentina. El problema es que el temor electoral se combina con temor económico.

La polarización, comienza a plantear la posibilidad de que alguna de las fórmulas se acerque al 45% necesario para ganar en primera vuelta. En 2015, la suma de las dos principales fuerzas (Cambiemos y FPV), llegaron al 68%. Sobre este porcentaje, se hace más fácil revertir la  diferencia. Pero si en 2019, las dos fuerzas más relevantes Juntos por el Cambio (Cambiemos) y el Frente de Todos (FPV y aliados), sumaran 80%, es posible que el ganador obtenga 42 o 43%, como muestran algunas encuestas. Eso es quedar a 2 o 3 puntos de ganar en primera vuelta. Ello genera también consecuencias políticas y económicas. No es lo mismo 5 puntos de ventaja, sobre dos tercios de los votos, que la misma diferencia sobre cuatro quintas partes.

En las PASO el porcentaje se determina incluyendo el del voto en blanco y por el contrario en la primera y segunda, se toma sólo sobre el voto válido, es decir sin contarlo. Ello acentúa la ventaja en votos del primero. Aunque la ley impide inaugurar obras desde el viernes de la semana pasada hasta el 11 de agosto (fecha de las PASO), Macri seguirá haciéndose presente en ellas, junto con Larreta o Vidal de acuerdo a las circunstancias. Peña por su lado profundizará su estrategia de segmentación a través de las redes sociales, buscando captar votos de sectores disímiles, como pueden ser el militar y los homosexuales.

Mantener la estabilidad del dólar, es la pre-condición necesaria para una campaña exitosa. Mientras tanto Cristina volvió de Cuba y retomó su rol protagónico en la campaña, pero sin resolver todavía su problema central: unificar la estrategia y el discursos entre cuatro equipos de campaña (El propio más los de Albero Fernández, Axel Kicillof y Sergio Massa).     

La política exterior volvió a tener un lugar central la semana pasada, con al visita del Secretario de Estado de los EEUU. Es discutible si el apoyo electoral de Trump es positivo o no, dada su mala imagen en Argentina (como en el resto del mundo). Pero resulta fundamental para mantener la calma cambiaria, sin la cual el oficialismo no puede ganar. El apoyo explícito que Mike Pompeo dio a la Administración Macri, ha sido más que elocuente.

Estuvo presente el día que se cumplieron 25 años del atentado fundamentalista fundamentalistas contra la AMIA; realizó en Buenos Aires una reunión para coordinar la acción anti-terrorista (incluyendo en ella a Irán como amenaza), con la presencia de 20 cancilleres de la región y el gobierno argentino por su parte incluyó a Hezbollah,- que se adjudicó dicho atentado y el que sufrió la Embajada israelí dos años antes,- en el registro de organizaciones y personas terroristas creado al efecto.

Nuevamente, los presidentes de Brasil, Colombia, Chile y otros, coincidieron con EEUU y Argentina en esta posición. Mirando a 2020, la relación con la Administración Trump,- que permanece en el poder todo ese año, sea o no reelecto en noviembre del año próximo,- resultará clave, ya que depende de la decisión política de EEUU en el FMI. Ganando Macri, es previsible que los problemas se encaucen por uno u otro camino, en caso de ganar Fernández-Fernández, no será fácil.

Fuente: http://www.nuevamayoria.com

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