Qué Significa Comunión Con Dios

Qué Significa Comunión Con Dios

¿Qué es tener comunión con el Señor?

Cercana la Semana Mayor es interesante meditar sobre este tema. No es lo mismo tener una comunicación con Dios a una estrecha comunión. Ud. puede tener, según su propia opinión, una buena comunicación, pero a lo mejor está muy lejos de compartir una verdadera comunión.

Son dos cosas muy diferentes. El término viene del latín communio, que indica “participar en lo común”. O “Unión de dos o mas cosas en lo que tienen en común”. Comunión con Dios entonces, es compartir algo que es común a ambos. Y quien está llamado a adaptarse a las características del otro, somos nosotros, quienes buscamos a Dios.

Lo que debe ser común para Ud. y para mí, son los elementos que caracterizan el proceder de nuestro Creador. Si Ud. no comulga con la esencia del carácter de Dios que es el amor, entonces nunca habrá tal comunión por más que se esfuerce en tratar de mantener una comunicación con él.

Cuando Dios creó al ser humano lo diseñó para vivir en comunión con él, por ello, puso su propio aliento en el cuerpo del hombre. La Biblia es clara. Dios nos atrae hacia si mismo. “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor” Oseas 4:11. Estos pasajes solo demuestran que la comunión con Dios viene en el combo de la creación humana y es el llamado permanente de Dios hace a la criatura.

El hombre lleva en sí, un impulso permanente en su vida espiritual que anhela esa comunión, pero a la vez rechaza por cuanto pone por encima de su cercanía a Dios su propio yo. Olvida, que Dios es santo y no puede estar en comunión con quienes no practican la santidad.

¿Cómo les parece? Cualquier cristiano que piense que la comunión con Dios es muy fácil está equivocado. No debe confundir comunicación personal con comunión. La comunión con Dios es diaria. Son nuestros pensamientos, nuestras acciones diarias, nuestros hábitos y nuestro carácter lo que determina el grado de comunión que tenemos con nuestro señor Jesucristo.

«Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo».1 Juan 1: 3. “Los que tienen esa unión con Cristo lo manifestarán en espíritu, en palabras y en obras.

La profesión no es nada a menos que de palabra y de hecho se revele el buen fruto. La unidad, comunión de unos con otros y con Cristo: ése es el fruto que lleva cada pámpano de la vid viviente. El alma purificada, nacida de nuevo, tiene un testimonio claro y distinto para dar Conocer a Dios significa, en el sentido bíblico del término, ser uno con él en corazón y mente, conociéndolo por experiencia propia, manteniendo una comunión reverente con él como Redentor.

Sólo a través de una sincera obediencia puede obtenerse esa comunión” Libro Dios nos cuida. Elena de White. Hay una manera muy sencilla para saber como está esa comunión que muchos se ufanan de tener con Dios. Que pregonan, publicitan y aparentan sin ningún rubor entre sus familiares y hermanos de la iglesia cristiana a la cual pertenecen.

Y eso es a través de los “frutos del Espíritu”. Por cuanto la experiencia se perfecciona llevando frutos. “El que no da buenos frutos en palabras y en hechos, en la fortaleza de un principio elevado, ennoblecedor, es un mal árbol. El fruto que éste lleva es desabrido para Dios. El conocimiento de Cristo que profesa es una falsedad, un engaño ” Ob.Cit.

“Hasta el martes Dios mediante. Próximo artículo “Excruciante” William Amaro Gutiérrez. [email protected] Pulsa aquí para apoyar la libertad de expresión en Venezuela. Tu donación servirá para fortalecer nuestra plataforma digital desde la redacción del Decano de la Prensa Nacional, y así permitir que sigamos adelante comprometidos con la información veraz, como ha sido nuestra bandera desde 1904.

¿Qué significa la palabra comunión en la Biblia?

La Primera Comunión es la celebración de la Iglesia Católica donde el niño y la niña participan por primera vez en el Sacramento de la Eucaristía, recibiendo la Comunión, La Sagrada Comunión es la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, donde le recibimos sacramentado bajo las especies del pan y del vino.

  • Es el mismo Jesucristo vivo, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
  • Es un encuentro con Él personalmente, quedándose de esta manera, entre nosotros por amor y haciéndonos partícipes de su Pascua,
  • Se le recibe en esta Sagrada Comunión, haciéndose alimento para nuestras almas, aumentando la gracia y dándonos la vida eterna,

” Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo “. (Jn 6, 51).

¿Cuál es el significado de la comunión?

Communio, -ōnis.1.f. Participación en lo común.

¿Como debe ser la comunión entre Dios y el hombre?

ARTÍCULO DE REFLEXÍON La vida divina en el corazón de los hombres The divine life in the heart of men Susan Gabriela Soliz Navia 1 1 Grado Académico: Bachillerato Eclesiástico en Sagrada Teología. Nació en Poto sí, el 28 de febrero de 1981. Trabaja en el Colegio La Salle de Oruro como Sub directora y profesora de Religión.

  1. Es docente del propedéutico de la Facultad de Teología “San Pablo” de la ciudad de Oruro.
  2. Colegio La Salle- Oruro, Bolivia [email protected] Resumen Dios se relaciona como un amigo íntimo con cada persona humana.
  3. Él, a través de los Sacramentos de la Iglesia y de la Sagrada Escritura, comunica su “Vida”, así, hace “participar”de su “naturaleza divina a todo ser humano que se acerque a él.

De este modo, nace la amistad entre Dios y los hombres. Amistad que se alimenta en la fidelidad. Amistad que se refleja en la relación fraterna en la convivencia con las demás personas. Amistad que comunica vida y alegría. Palabras clave Alegría, amistad, Dios, fidelidad, fraternidad, vida.

  1. Abstract God relates with each human being as an intimate friend.
  2. He, trough the Church’s Sacraments and the Holy Scriptures, communicate us of his “Life”, this way, he makes us participate of his divine nature.
  3. In this way, friendship between God and mankind is born.
  4. Friendship that nourishes of fidelity.

Friendship that is reflected in our fraternal co-existence with other people. Friendship that communicates life and joy. Key words Joy, friendship, God, fidelity, fraternity, life. Introducción La persona humanas es un ser social por naturaleza, portanto, es fundamental la dimensión relacional del ser humano.

De ahí que, es importante conocer y profundizar la relación que existe entre Dios y la persona humana. Para lo cual, en un primer momento del presente trabajo, se contemplará el actuar de Dios en nuestro mundo y en un segundo momento se tratará del llamado que trasciende en el ser humano como consecuencia del actuar divino.

Primer momento: Dios se da a los hombres Dios, trata con los seres humanos, para invitarlos y recibirlos en su compañía (Dei Verbum, 2; Éxodo 33,11). En consecuencia se puede cuestionar lo siguiente: a)¿Cómo Dios se acerca a las personas? b)¿Por qué Dios quiere tratar con las personas? c)¿Para qué Dios quiere tratar con las personas? Respuesta: a) Dios Padre se acerca a las personas a través de Jesucristo su único Hijo en el Espíritu Santo; b) Dios se acerca por amor; c) para hacer participar de su naturaleza divina a todo hombre (Dei Verbum,2).

  • Participar de la naturaleza de Dios, quiere decir, que Dios comunica su propia Vida.
  • Dios es Amor (1 Juan4,8), entonces, la vida de Dios es el amor.
  • Así, se recibe el amor de Dios, es decir, se recibe: el amor y vida que reina en la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  • De este modo, se crea una comunión íntima y total entre Dios y la persona humana.

La hermosa alegoría de la vid que nos presenta el Evangelio según San Juan, revela dicha “unidad” y participación de la Vida Divina: La vid verdadera: San Juan 15,1-17 1 o soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.2 Él corta todo sarmiento que en mí no da fruto, y limpia todo el que da fruto, para que dé más fruto.3 osotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que os he dicho.4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él dará mucho fruto”(San Juan 15, 5) El tema fundamental del Evangelio de San Juan, en el que se encuentra la alegoría de la vid verdadera, es: “Jesús es el Hijo de Dios encarnado, enviado a este mundo por el Padre como signo de amor, y muerto y resucitado para comunicar a los hombres la riqueza de la vida divina”(Mercier, 1994, Tomo I, p.38).

Dios se da a los hombres a través, de Jesucristo. El Evangelio de San Juan es el más puro y radical en la tarea de proclamar la fe en Jesús para provocar la fe de otros (Schökel, 1998). Su radicalidad consiste en creer o no creer en Jesús.”En el análisis literario de San Juan sobresale la centralidad de Jesús” (Tuñi & Alegre, 1995, p.85), por ende, el pasaje de Juan 15, 1-17 es una “exhortación a permanecer en Jesús y a dar fruto”(Tuñi & Alegre, 1995, p.67).

En dicho contexto Jesús nos dice: Permaneced en mí, como yo en vosotros. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos, El que permanece en mí y yo en él dará mucho fruto ; porque separados de mí nada podéis hacer. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor.

  • A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer (Jn15,4-5.10.15).
  • Permanecer en Jesús” significa “adherirse fielmente”(Leon-Dufour, 1998, p.136).
  • Jesús está diciendo: – Sigan conmigo- (Brown, 1979).
  • Sólo si se pone en práctica su Palabra se permanece en él.

En el Antiguo Testamento la imagen de la vid representaba al pueblo de Israel. Dios esperaba de su pueblo frutos de justicia pero el pueblo no los dio. Por lo cual, la voz de Dios se queja: Yo esperaba que diese uvas. ¿Porqué ha dado agraces?(Isaías 5,4).

Dios está herido por la respuesta de su pueblo.Jesús es la vid verdadera, Jesús es la vid que curará la herida de Dios (Mercier, 1994). Ya no lo decepcionará. Los seres humanos son los “sarmientos” que están unidos a esta vid verdadera que es Jesús. Participan de la vida y de la alegría de Jesús (Brown, 1979; Jn, 15,11).

Sólo unidos a Jesús podemos dar los frutos que Dios espera de la humanidad. Jesús llama a las personas “sus amigos”(Schnackenburg, 1980): a vosotros os he llamado amigos(Jn 15,15)”Dignidad incomparable” (Mercier, 1994, Tomo II, p.226). La amistad implica compartir la intimidad y los bienes.

  • Hay confianza y familiaridad.”El amor produce la intimidad, la intimidad produce la confidencia, y la confidencia lleva a la comunicación de los secretos; la comunicación total y contínua delos secretos no van sin la amistad”(Mercier, 1994, Tomo II, p.232).
  • Se está, pues, llamado a vivir la amistad con Dios como un don divino.

La amistad es un bien. “El amigo fiel es un apoyo seguro; quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, su valor es incalculable. El amigo fiel es un elixir de vida.” (Eclasiástico 6, 14-16).Verdaderamente, la amistad es un bien, pues “es una forma auténtica de superación de defectos fundamentales del ser humano: aislamiento, narcisismo, egocentrismo, orgullo, misantropía, rivalidad, antagonismo.

Es remedio de experiencia profunda de soledad que pesa sobre todo hombre. Hace posible el conocimiento de sí mismo en la imagen refleja del amigo y favorece la maduración personal”(Ancilli, 1987, p.105). La amistad responde, pues a la esencia de todo ser humano. La amistad favorece la realización personal.

Más aún, la amistad con Dios. Segundo momento: Den Fruto “Queridos, si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros (1 Jn 4,11). Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas,mentimos y no obramos la verdad.

Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado”(1Jn 1,6-7). “Un mismo amor abarca al Padre, al Hijo y a los suyos”(Comentarios bíblicos al leccionario del propio y común de los Santos, 1983, p.464).

Es decir, Dios mismo da su amor y vida para que las personas puedan comunicar “ese mismo” amor y vida al prójimo. Dios no pide algo que no ha dado antes. Por ello, el hombre necesita estar en comunión con Dios. a quien, por esta razón, se le escucha afirmar: “separados de mí nada podéis hacer”(Jn 15,5).

  • Entonces ¿Cómo “permanecer” unido a la vid? Respuesta: se permanece unido a la vid, que es Jesús, a través de los Sacramentos.
  • ¿Qué son los Sacramentos? “Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina ” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1993 n° 1131).

Los Sacramentos son pues, como una especie de “canales”,a través de los cuales, Dios transmite su vida. Recibiendo, pues, los sacramentos como ser el Bautismo, la Eucaristía, la Reconciliación, etc., se recibe la misma “Vida” de Dios. “Vida divina” que diviniza, haciéndo continuadores de la obra salvadora del Hijo.

Misión que es el fruto agradable al Padre. A raíz de ello”el discípulo no sólo es beneficiario de la actividad del Hijo, sino que se convierte en participante, en co- autor del fruto”(Leon-Dufour, 1998, p.138). Conclusión Dios existe y es cercano al ser humano. Esta realidad es “opuesta a la más radical tentación religiosa que atormenta al hombre: soledad ante Dios, duda sobre la existencia de Dios, muerte de Dios”(Ancilli, 1987, p.104).

Dios ha amado primero dándose. Se está llamado a dar frutos de amor al prójimo. Uno de los caminos para ello, es dar una respuesta verás a los desafíos actuales del planeta. El Hno. Robert Schieler(2015), Superior General, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, propone seis desafíos actuales a responder: 1) integración de las tecnologías y las verdades del Evangelio, 2) hacer frente a las nuevas pobrezas que resultan de una cultura de la mercantilización, 3) salvaguardar la espiritualidad en medio de la secularización, 4) contribuir a crear comunidades sostenibles ante la realidad de una demografía y un medio ambiente cambiantes, 5) promover el desarrollo inclusivo, 6) fomentar el diálogo interreligioso y plantar cara al individualismo con la sabiduría de la comunidad en aras del bien común (Schieler, 2015).

El intentar dar respuesta a los presentes desafíos, entre otros, es “dar fruto”, es ser verdadero amigo de Jesús, poniendo en práctica valores como el amor, la solidaridad, la justicia, la paz, la verdad, la fe, búsqueda del bien común, etc, construyendo así un mundo mejor para todos. Dios da esta capacidad de “dar fruto” al recibir los sacramentos.

Es de suma importancia recibir los Sacramentos porque así recibimos la Vida Divina. De ahí la afirmación: La vida divina en el corazón de los hombres. Si la vida de Dios está en las personas, éstas son semejantes a él, son sus amigos íntimos: “Quien dice que permanece en él, debe vivir comovivió él” (1Jn 2,6).

La unión con Jesús hace fructificar con perseverancia en buenas obras (Liturgia de las Horas, 1997) Éste, es pues, el mensaje esencial que el Señor transmite a través de la imagen de “La Vid verdadera”. Dicha realidad es, por tanto, para todo ser humano el ideal más sublime ya que la unión con Dios otorga a la naturaleza humana su máxima realización, perfección y felicidad.

Finalmente, la voz del ser humano que más cerca está de Dios: La Santísima Virgen María, la Madre de Dios hecho hombre, exhorta: “Hagan lo que él les diga”(Jn 2,5). Vivir obedeciendo al bien, a lo perfecto a lo agradable. (Romanos 12, 2 ) Dios quiere la vida (Leon-Dufour, 1998, p.130).

Que se acoja la “Vida” para dar “Vida”, para SER de verdad “humanos”. A continuación presento la poesía “Humanidad”. Sus palabras llevan al corazón un mensaje de amor y solidaridad con nuestros semejantes: Fragmentos de la Poesía: Humanidad Autor: Macedonio Soliz Medrano Cordialidad y decencia, hace al hombre con esencia Evitemos la iniquidad, por el bien dela humanidad.

Se debe luchar contra el virus de la maldad. Somos super maravillosos a nuestro creador semejantes. Luchemos por globalizar, el pan nuestro de cada día. Que nadie quede sin almorzar, en la faz de nuestro planeta. Así también, presento el canto: “Como el Padre me amó”, que sintetiza el mensaje esencial del presente artículo.

Canto: Como el Padre me amó de José Miguel Cubeles (Grupo Kairoi) Como el padre me amó Yo os he amado Permaneced en mi amor Permaneced en mi amor (bis) Si guardáis mis palabras Y como hermanos os amáis Compartiréis con alegría El don de la fraternidad Si os pones en camino Sirviendo siempre la verdad Fruto daréis en abundancia Mi amor se manifestará Como el padre me amó Yo os he amado Permaneced en mi amor Permaneced en mi amor (bis) Amaos, amaos, amaos unos a otros (bis) No veréis amor tan grande Como aquel que os mostré Yo doy la vida por vosotros Amad como yo os amé Si hacéis lo que os mando Y os queréis de corazón Compartiréis mi pleno gozo De amar como él me amo Como el padre me amo Yo os he amado Permaneced en mi amor Permaneced en mi amor (bis) Amaos, amaos, amaos unos a otros (bis) Agradecimiento Mi agradecimiento sincero a Dios por sus bondades.

Mi gratitud sincera a mi familia, mi agradecimiento al Instituto de Hermanas Guadalupanas de La Salle, al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, a la Universidad La Salle y a todos los que gracias a su apoyo se ha hecho posible la presentación del presente artículo.

  • Referencias • Ancilli, E. (1987).
  • Diccionario de Espiritualidad Tomo I.
  • Barcelona: Herder.
  • • Biblia de Jerusalén. (1998).
  • Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • • Bover, J.M., &O’Callaghan, J. (1988).
  • Nuevo Testamento Trilingue.
  • Madrid: BAC.
  • • Brown, R. (1979).
  • El Evangelio según Juan XIII- XXI.
  • Madrid: Ediciones Cristiandad.

• Catecismo de la Iglesia Católica. (1993). Lima. • Comentarios bíblicos al leccionario del propio y común de los Santos. (1983). Barcelona: Verbo Divino. • Concilio Ecuménico Vaticano II. Constituciones, Decretos y Declaraciones. (1999). Madrid: BAC. • De Pedro, A.

  • 1990). Diccionario de términos religiosos y afines.
  • Navarra: Editorial Verbo Divino.
  • • Egger, W. (1990).
  • Lecturas del Nuevo Testamento.
  • Metodología linguística histórico – crítica.
  • Navarra: Verbo Divino.
  • • Leon-Dufour, X. (1998).
  • Lectura del Evangelio de Juan. Jn 13-17.
  • Salamanca: Ediciones Sígueme.
  • • Liturgia de las Horas, III (1997).

Barcelona: Editorial Regina. • Mercier, R. (1994). El Evangelio según “el discípulo a quien Jesús amaba” Tomo I. Santafé de Bogotá: San Pablo. • Mercier, R. (1994). El Evangelio según “el discípulo a quien Jesús amaba” Tomo II. Santafé de Bogotá: San Pablo. • Schnackenburg, R.

¿Que se dice en la comunión espiritual?

Para hacer la comunión espiritual: – • Busco un espacio tranquilo. • Me sereno delante De Dios y le doy gracias. • Le manifiesto mi deseo de recibirlo y hago la siguiente oración: “Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.

  1. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma.
  2. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón.
  3. Y como ya has venido, te abrazo y me uno todo a ti.
  4. No dejes que me separe jamás de ti.
  5. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti.

Tú no te ausentes de mí. Te suplico, oh Señor mío Jesucristo, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor, embargue toda mi alma, a fin de que muera de amor por Ti, a sí como Tú te dignaste morir de amor por mí”. Amén *Texto proporcionado por la Parroquia de San Ignacio de Loyola

¿Qué dice Hechos 2 42?

42 Y a perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la b hermandad, y en el partimiento del c pan y en las oraciones.43 Y a toda persona le sobrevino a temor, y muchas maravillas y b señales eran hechas por los apóstoles.

¿Cuáles son las condiciones para recibir la Sagrada comunión?

R: B- Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.

¿Qué comunión la luz con las tinieblas?

Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

¿Qué significa vivir la comunión entre nosotros?

Comunión es un término que surge de la alianza entre las palabras común y unión. Su significado esencial alude a la participación de dos o más entes en algo común.

¿Cuál es el origen de la palabra comunión?

COMUNIN – La palabra comunin viene del latn ” communio ” compuesta con:

El prefijo con- (entero, junto, por completo), como en consolidar y consumir, Este prefijo se relaciona con una raz indoeuropea * kom – (junto, cerca de), que nos dio koin, cenobio y epiceno a travs del griego κοινός ( koinos = comn). La palabra munus (cargo, servicio pblico) de donde tenemos municipio y municipal, Se asocia a la raz * mei – (cambiar y mover). El sufijo -in (accin y efecto), como en opinin, rebelin y religin,

Junto provoca la idea de accin y efecto de encargarse de todo junto. Con estas races tenemos tambin: comunicar, comulgar, comunidad y comuna, Communio viene communis y este de munis, un adjetivo del latn arcaico que lo que significa es “aquel que cumple con su cargo o su deber”, y tiene que ver con munus, muneris (cargo, deber, ocupacin).

Communis es “que comparte cargos y obligaciones” y municipio (latn municipium ) un centro de toma ( capere ) de cargos y obligaciones. La palabra communio, communionis, muy usada por Cicern, significa “comunidad”, slo tardamente el latn eclesistico la toma para dar nombre a uno de sus sacramentos que consiste en compartir el pan y el vino.

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¿Qué es la comunión en la familia?

La comunión conyugal constituye el fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas entre sí, de los parientes y demás familiares.

¿Por qué es importante la comunicación con Dios?

La comunicación entre Dios y el hombre Capítulo 6 El presidente Brigham Young enseñó que nuestro “primer y primordial deber buscar al Señor hasta que podamos abrir una vía de comunicación desde Dios a nuestra propia alma”. Poco después de la muerte del profeta José Smith, Brigham Young habló acerca de un sueño en el cual José lo visitó y le dio algunas instrucciones: “José se acercó a nosotros y, muy seria pero cordialmente, dijo: ‘Diga a la gente que sea humilde y fiel y se asegure de conservar el espíritu del Señor, el cual le guiará con justicia.

Que tengan cuidado y no se alejen de la voz apacible; ésta les enseñará lo que deben hacer y adónde ir; les proveerá los frutos del Reino Diga a los hermanos que si siguen el Espíritu del Señor, irán bien'” ( JH ). Todos los hijos de Dios tienen el privilegio de ser iluminados por el espíritu de Cristo y recibir revelación personal por medio del Espíritu Santo mientras se esfuercen en buscar al Señor.

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El espíritu del Señor alumbra a todo hombre que viene al mundo. No existe nadie en la tierra que, en mayor o menor grado, no sea alumbrado por el Espíritu del Señor Jesús. Se dice de Él que es la luz del mundo. Él alumbra a todo hombre que viene al mundo y toda persona es, a veces, iluminada por el Espíritu de verdad ( DBY, 32).

  1. Yo no creo de ninguna manera que haya existido en la tierra, desde los días de Adán hasta la fecha, un hombre o una mujer que no haya recibido inspiración, instrucción y enseñanza por medio de las revelaciones de Jesucristo.
  2. ¿Qué? ¿También el ignorante pagano?” Sí, todo ser humano que haya poseído una mente sana.

No podría creer que se haya privado a los hijos de los hombres del privilegio de recibir el Espíritu del Señor para enseñarles a discernir entre el bien y el mal ( DBY, 32). Yo creo positivamente que nada puede llegar a saberse sino por medio de la revelación del Señor Jesucristo, ya sea en teología, ciencia o arte ( DBY, 38).

Hay hombres talentosos, intelectuales, pensadores y de gran conocimiento en materia de mecánica que son expertos en estas cosas pero que no saben de dónde procede su inteligencia. El Espíritu del Señor no ha todavía de contender con la gente, ofreciéndoles conocimiento e inteligencia; por tanto, continúa revelándoles, instruyéndolos, enseñándoles y guiándolos ( DBY, 33).

Dios se encuentra aquí: Su influencia llena la inmensidad del espacio. Él tiene mensajeros a través de todas las obras de Sus manos. Él vela por cada una de Sus criaturas, de quienes conoce toda acción, preferencia y pensamiento, porque Su inteligencia y Su poder llenan toda la inmensidad,

No es que lo haga Su persona, sino Su Espíritu, y Él se encuentra aquí, enseñando, guiando y dirigiendo las naciones de la tierra ( DBY, 32). Este pueblo cree en la revelación. Este pueblo creyó y cree que el Señor ha hablado desde los cielos. Creyó y cree que Dios ha enviado a ángeles para que proclamen el Evangelio sempiterno, de acuerdo con el testimonio de Juan ( DBY, 38).

Con frecuencia oímos decir que los oráculos vivientes de Dios deben conservarse en la Iglesia a fin de que el Reino de Dios pueda establecerse y desarrollarse en la tierra. Quiero ofrecer otra versión de tal sentimiento. Yo digo que los oráculos vivientes de Dios, o el Espíritu de revelación debe descansar en toda y cada persona para que pueda conocer el plan de salvación y permanecer en el camino que la conducirá a la presencia de Dios ( DBY, 38).

El Señor no se encuentra personalmente en todos lados, pero tiene agentes que hablan y actúan por Él. Sus ángeles, Sus mensajeros, Sus Apóstoles y siervos han sido designados y autorizados para actuar en Su nombre. Y Sus siervos están autorizados para aconsejar y dictaminar en cuanto a las cosas más serias como a las más insignificantes, y para instruir, dirigir y guiar a Sus santos.

( DBY, 41). Ningún hombre puede lograr influencia alguna en este Reino ni mantenerse en el mismo y magnificar su llamamiento si no posee consigo el poder de Dios. Toda persona debe vivir de modo que pueda disfrutar de la luz del Espíritu Santo o de lo contrario no podrá confiar en sí misma ni en su religión o en su Dios, y tarde o temprano se alejará de la fe ( DBY, 33).

  1. Cierto caballero me preguntó cómo guiaba yo a la gente por revelación.
  2. Yo les enseño a vivir de tal manera que el Espíritu de revelación pueda hacerles saber claramente cuál es, cada día, su deber a fin de que logren guiarse a sí mismos.
  3. Para obtener esta revelación es menester que la persona viva de modo que su propio espíritu sea tan puro y limpio como una hoja de papel blanco en una mesa, lista para recibir cualquier marca que el escritor pueda hacer sobre ella ( DBY, 41).

No existe explicación ni razonamiento terrenales que puedan esclarecer la mente de personas inteligentes y manifestarles las cosas celestiales; esto sólo lo puede lograr el Espíritu de revelación ( DBY, 37). Las revelaciones del Señor Jesucristo, o el Espíritu de verdad, lo percibirá todo y permitirá que todo aquel que lo posea logre discernir la verdad del error, la luz de las tinieblas, las cosas de Dios de las cosas que no son de Dios.

  • Nadie puede conocer a Jesús el Cristo a menos que se le revele desde los cielos ( DBY, 37).
  • Sin la revelación directa desde los cielos, es imposible que una persona entienda completamente el plan de salvación ( DBY, 38).
  • Sin las revelaciones de Dios, no podemos saber quiénes somos, de dónde venimos ni quién formó la tierra sobre la cual vivimos, nos movemos y somos ( DBY, 37).

Cuando el espíritu de la revelación divina lo inspira, la mente del hombre se abre para que pueda contemplar la belleza, el orden y la gloria de la Creación de esta tierra y sus habitantes, el motivo de su creación y el propósito del Creador en poblarla con Sus hijos.

Esa persona puede entonces comprender que nuestra existencia aquí sólo responde al designio de nuestra exaltación y restauración en la presencia de nuestro Padre y nuestro Dios ( DBY, 37). Para poder entender cada parte y elemento de las revelaciones de Dios, tal como se dan a los hijos de los hombres, o a cualquier persona tanto en los cielos como en la tierra, es necesario tener el Espíritu mediante el cual se otorgaron, ese Espíritu que las comunica al entendimiento y las establece en la mente ( DBY, 39).

Pero todos debemos vivir de modo que el Espíritu de revelación pueda comunicar y grabar en nuestro corazón lo que debemos hacer en lugar de las tradiciones de nuestros padres y maestros. Pero para lograrlo debemos ser como niños pequeños, pues Jesús dice que de lo contrario no podremos entrar en el reino de los cielos.

  • ¡Cuán simple es esto! Vivamos libres de la envidia, la malicia, la ira, la contienda, los resentimientos y las difamaciones con nuestras familias, nuestros vecinos y amigos, y con todos los habitantes de la tierra, dondequiera que los encontremos.
  • Vivamos con una conciencia tranquila, limpia y clara ( DBY, 36).

Si alguno de ustedes recibiese una visión o revelación del Todopoderoso, una que el Señor le diera concerniente a sí mismo o a esta gente, pero que no debe declararla por no ser la persona designada para ello o porque todavía no debe darse a conocer a esa gente, deberá entonces guardar silencio y mantener dicha revelación sellada como los cielos lo están para ustedes y conservarla en secreto como en la tumba.

  • El Señor no confía en aquellos que revelan lo que es secreto, porque no puede con seguridad revelarse a Sí mismo ante tales personas ( DBY, 40–41).
  • ¿Cómo podemos saber que lo que escribieron los Profetas es la palabra del Señor? Por revelación.
  • ¿Cómo podemos saber que José Smith fue llamado por Dios para que estableciera Su Reino en la tierra? Por revelación.

¿Cómo podemos saber que lo que enseñan los líderes de este pueblo es la verdad? Por revelación ( DBY, 38). ¿Cómo pueden ustedes saber que la obra de los Últimos Días es verdadera? Sólo podrán saberlo mediante el espíritu de revelación directamente de los cielos.

¿Qué les ha demostrado que esta obra es verdadera? ¿No fue acaso el espíritu de revelación que descansa en ustedes? Deben incrementarlo día a día; deben enriquecerlo a medida que el Señor se los da, un poco aquí y otro poco allá, y atesorar la verdad en su fe y en su entendimiento hasta perfeccionarse ante el Señor y estar preparados para recibir mayores cosas del Reino de Dios ( DBY, 36).

Cuando hayan trabajado fielmente durante años, aprenderán este simple hecho: que si su corazón es justo y continúan siendo obedientes, sirviendo a Dios y orando, el Espíritu de revelación permanecerá con ustedes como un manantial de aguas vivas que brotará para vida eterna,

Nadie debe dejar de orar porque no tenga el espíritu de oración ni tampoco permitir que alguna circunstancia terrenal lo apresure mientras esté llevando a cabo esta importante obligación. Al inclinarse ante el Señor para suplicarle que les bendiga, descubrirán que Dios multiplicará sus bendiciones, tanto temporal como espiritualmente ( DBY, 46).

Si fuera yo a enumerar todos los deberes que se requieren de los hijos de los hombres, del primero al último, señalaría en primer y principal orden la responsabilidad de suplicarle al Señor nuestro Dios hasta lograr que se abran las vías de comunicación entre los cielos y la tierra, entre Dios y nuestra propia alma.

Debemos conservar limpias y puras ante Él todas las vías de nuestro corazón ( DBY, 41). Si nos acercamos a Él, Él se acercará a nosotros; si lo buscamos sin demora, lo encontraremos; si día a día dedicamos fiel y diligentemente nuestros pensamientos a conocer y a comprender los pensamientos y la voluntad de Dios, será igualmente fácil, sí, y aun diría más fácil, que conocer entre cada uno de nosotros nuestros pensamientos ( DBY, 42).

Seamos humildes, fervorosos, sumisos y sujetos a la voluntad del Señor, y no habrá ningún peligro salvo que tendremos Su Espíritu para guiarnos. Si movemos los labios y suplicamos a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesús, tendremos el espíritu de oración ( DBY, 44).

  • El Señor ha dispuesto que los de Su pueblo debemos recurrir a Él mediante la oración en procura de las bendiciones que necesitemos.
  • Y en vez de simplemente considerar la oración entre nuestras obligaciones como Santos de los Últimos Días, debemos vivir de modo que la apreciemos como uno de los mayores privilegios que se nos han dado; porque, si no fuera por la eficacia de la oración, ¿qué habría sido de nosotros como pueblo y como personas? ( DBY, 43).

El deber de todo Santo de los Últimos Días es orar sin cesar y dar gracias en todo, reconocer la mano del Señor en todas las cosas y estar sujetos a Sus requerimientos ( DBY, 42). Todo hombre y toda mujer deben recurrir al Señor en oración y hacerlo con un corazón limpio, ya sea en medio de sus labores o en secreto, ya sea en público como en privado, pidiendo al Padre en el nombre de Jesús que los bendiga, los conserve, los guíe y les enseñe en el camino de la vida y la salvación, y que les capacite a vivir de tal modo que puedan lograr la salvación eterna que procuramos ( DBY, 43).

No importa si sienten el deseo de orar, cuando llegue el momento de la oración, oren. Si no nos sentimos como para orar, debemos orar hasta lograrlo ( DBY, 44). Algunos miembros vienen a mí y me preguntan: “Hermano Brigham, ¿es acaso mi deber orar cuando no tengo en mí la más mínima porción del espíritu de la oración?” Es cierto que, a veces, hay hombres que se encuentran desconcertados, preocupados y llenos de problemas, con sus arados e implementos fuera de orden, sus animales extraviados y un sinfín de dilemas; no obstante, nuestro razonamiento nos enseña que debemos orar, sea que tengamos el espíritu para ello o no.

Mi doctrina es: nuestro deber es orar, y cuando llega el momento de orar, la persona tiene que decir: “Éste es el lugar y el momento para la oración; inclínate de rodillas en el suelo y hazlo ahora mismo”. Pero en cambio, la persona dice: “No quiero orar; no me siento como para ello”.

  • Yo le digo que doble sus rodillas; y al doblar sus rodillas comenzará a pensar y a reflexionar.
  • ¿No puede acaso decir algo? ¿No podrá decir, Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador? Sí, podrá decirlo, sobre todo si puede maldecir a un vecino por alguna mala acción.
  • Ahora bien, esa persona debe mover sus labios y decir: Señor, ten misericordia de mí.

“Pero no siento el espíritu de la oración”. Eso no es excusa, porque orar es un deber ( DBY, 45). Si el Diablo les dice que no pueden orar cuando están enojados, respóndanle que no es asunto de él y oren hasta que esa clase de locura se disipe y la serenidad les retorne a la mente ( DBY, 45).

Cuando se levanten en la mañana y antes de ponerse en la boca cualquier alimento, reúnanse con su esposa y con sus hijos, inclínense ante el Señor, pídanle que les perdone los pecados, que los proteja durante el día, que los libre de toda tentación y de todo mal, y que guíe correctamente sus pasos para que puedan hacer algo ese día que resulte en beneficio para el Reino de Dios en la tierra.

¿Tienen tiempo para esto? Élderes, hermanas, ¿tienen tiempo para orar? ( DBY, 44). Hagan siempre sus oraciones antes de ir a trabajar. Nunca se olviden de ello. Un padre, un jefe de familia, nunca debe dejar de reunirla y dedicarse a sí mismo y dedicar a su familia al Señor de las Huestes, pidiéndole que la guía y dirección de Su Santo Espíritu los acompañe durante todo el día, ese mismo día, diciendo, guíanos hoy, acompáñanos hoy, protégenos hoy, líbranos hoy de todo pecado en contra de Ti y de cualquier persona en los cielos y en la tierra.

  1. Sabemos que una de las características de nuestra fe y religión es no pedir nunca nada al Señor sin estar dispuestos a ayudarle en todo lo que seamos capaces de hacer, y entonces el Señor se ocupará del resto ( DBY, 43).
  2. No le pediré al Señor que haga nada que yo no esté dispuesto a hacer ( DBY, 43).
  3. Si le pido que me dé sabiduría en cuanto a cualquier exigencia en la vida o con respecto a mi curso o el de mis amigos, mi familia, mis hijos o aquellos sobre quienes presido y Él no me contesta, y entonces yo hago lo que la razón me aconseje, el Señor está obligado a aceptar y a honrar tal acción, y lo hará en todo sentido ( DBY, 43).

Cuando ore, todo Santo debe pedirle a Dios todas las cosas que necesita para poder fomentar la justicia en la tierra. Si alguno de ustedes no supiera lo que debe pedirle, permítame sugerirle cómo debe orar. Cuando oren en privado con sus familias y no sepan qué pedirle, sométanse a nuestro Padre Celestial e implórenle que los guíe mediante la inspiración del Espíritu Santo, y que guíe a este pueblo y que ordene todo lo que deba hacerse en Su Reino sobre la tierra, y eso es todo.

  • Pídanle que los lleve a donde Él quiera que vayan y que les diga lo que desea que hagan, y háganle saber que están dispuestos a hacerlo ( DBY, 45–46).
  • Toda persona debe orar con fervor hasta llegar a conocer por sí misma las cosas de Dios y comprobar que está siguiendo el camino que conduce a la vida eterna; entonces la envidia, el resultado de la ignorancia, se desvanecerá y nadie sentirá que es más o mejor que otros; porque tal sentimiento es contrario al orden de los cielos.

Jesucristo nunca quiso ser diferente de Su Padre. Ambos fueron y son Uno. Si un pueblo se guía por las revelaciones de Jesucristo y lo reconoce mediante su fe, no habrá temor sino que serán uno en Cristo Jesús y verán ojo a ojo ( DBY, 42).

  • Piensen acerca de las realizaciones de la Luz de Cristo o Espíritu del Señor. (Véase también Guía para el estudio de las Escrituras, “LUZ, LUZ DE CRISTO”; D. y C.88:6–13; Moroni 7:12–19.) ¿Qué significa ser “iluminado por el espíritu del Señor Jesús”?
  • ¿Cómo podemos conocer las normas eternas del “bien y del mal”?
  • De acuerdo con el presidente Young, ¿en qué forma continúa “contendiendo” con la gente el Espíritu del Señor?
  • ¿Mediante qué poder “que llena la inmensidad del espacio” influye el Señor en Sus hijos? ¿En qué sentido es que Dios no está lejos de cada uno de nosotros? (Véase también Hechos 17:27.) ¿Qué evidencias hay de que Dios influye en los acontecimientos de todo el mundo?
  • ¿Quién está autorizado por el Señor para recibir revelaciones para toda la Iglesia? (Véase también D. y C.21:4–5; 28:2; 43:3–4; 90:3–5.) ¿Quiénes son los “oráculos vivientes” del Señor? ¿Qué responsabilidades tenemos en cuanto a dichos oráculos?
  • El presidente Young dijo que las enseñanzas en cuanto a la salvación sólo pueden recibirse por revelación. ¿Qué revelaciones personales nos concederá el Señor? (Véase también 2 Nefi 32:5; Números 11:29.)
  • Según el presidente Young, ¿cómo podemos saber si estamos siendo guiados de conformidad con la voluntad de Dios? ¿Bajo qué condiciones podemos recibir “día a día” revelaciones que nos guíen en la vida?
  • ¿Qué promesa se ha hecho a quienes se esfuerzan “fielmente durante años” por orar, obedecer y servir? ¿Qué experiencias han tenido ustedes con sus oraciones que les hayan ayudado a obtener el Espíritu en su vida?
  • Según el presidente Young, ¿cuál es nuestro “primer y principal” deber como miembros de la Iglesia?
  • ¿Bajo qué condiciones podemos lograr que “el espíritu nos guíe”? (Véase también 3 Nefi 19:9, 24.)
  • ¿Qué consejo particular nos ha dado el presidente Young concerniente a la oración?
  • ¿Cuál fue la enérgica admonición del presidente Young a todo aquel que no siente el deseo de orar?

: La comunicación entre Dios y el hombre

¿Cómo se comunica Dios con nosotros según la Biblia?

Jes ú s – La forma definitiva en que Dios se comunica con nosotros es a través de Jesús, su hijo, (Hebreos 1:1-2). Dios sabía que la mejor forma de que entendamos a cabalidad su misión para con nosotros era convertirse en humano y vivir entre nosotros. Durante su tiempo en la tierra, Jesús se comunicó verbal y no verbalmente, según la intención de Dios, lleno de gracia y verdad (Juan 1:14):

Escuchó atentamente lo que decía la gente e hizo muchas preguntas (por ejemplo, Juan 5:6). Al enseñar con parábolas e historias, mostró cómo la verdad se revela tanto en el misterio como en la sencillez (por ejemplo, Mateo 13). Al extender su mano para sanar y bendecir, demostró su compasión de formas que no habrían sido posibles solo a través de las palabras (por ejemplo, Mateo 8:3; Marcos 10:16). Al llorar por la muerte de su amigo, demostró cuánto valora las relaciones (Juan 11:35). Al pasar tiempo con personas de los confines de la sociedad, enfatizó que el Evangelio es para todos (por ejemplo, Mateo 9:10). Al no permitir que la gente pasara hambre, demostró que las palabras y las acciones van de la mano (por ejemplo, Marcos 6:30-44). Al agacharse para lavar los pies de sus discípulos, demostró humildad y servicio (Juan 13:5). Al sufrir voluntariamente en la cruz, mostró cómo el amor se revela a través de nuestras acciones (1 Juan 3:16). Al vencer ante la muerte, Jesús dejó en claro que hay esperanza para el futuro (1 Pedro 1:3).

¿Cuál es la expresión más grande del amor de Dios?

Dios expresa Su amor por nosotros al proporcionarnos la guía que necesitamos para progresar y alcanzar nuestro potencial.

¿Cuándo se pierde la comunión?

¿Quién puede comulgar? Quien va a tomar la primera Comunión debe confesarse antes de hacerlo. Quien ha cometido un pecado mortal, también debe hacerlo, para recuperar la gracia antes de comulgar. Quien está en estado de gracia no necesita hacerlo. Por: Eduardo María Volpacchio | Fuente: Algunasrespuestas.com ¿Es necesario confesarse para comulgar? Y depende. Quien va a tomar la primera Comunión debe confesarse antes de hacerlo. Quien ha cometido un pecado mortal, también debe hacerlo, para recuperar la gracia antes de comulgar. Quien está en estado de gracia no necesita hacerlo.

Premisa “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”. Se recibe al mismo Cristo. Es necesario hacerlo con dignidad. Dos condiciones La Comunión no es un premio. No se precisa ser santo para comulgar. Es una necesidad espiritual, pero tiene unos requerimientos básicos. Las dos primeras condiciones son de origen divino, surgen de la realidad de la Eucaristía y están consignadas en la Sagrada Escritura: 1) estado de gracia; 2) saber a quien se recibe.

Dice San Pable en I Corintios 11, 27-29: “Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.” Es necesario distinguir -saber a quién se recibe- y estar en estado de amistad con Dios.

  • La Teología lo llama “estar en estado de gracia”.
  • Se pierde por el pecado mortal, que rompe la comunión de vida con Dios.
  • Se recupera en el sacramento de la Penitencia.
  • Respecto a la confesión y la Eucaristía, la Iglesia concretó explícitamente dos preceptos: • antes de la Primera Comunión es necesario confesarse.

• si se ha cometido un pecado grave, es necesario confesarse antes de comulgar. ¿Conveniente o necesario? Salvo los dos casos señalados no es necesario confesarse antes de comulgar. Si una persona está en gracia, aunque haga mucho tiempo que no se confiesa, puede comulgar con toda tranquilidad.

No debemos añadir más condiciones que las que realmente existen. La confesión frecuente es una práctica muy recomendable para el crecimiento espiritual, tener el alma más purificada, etc. Pero esto es otra cuestión. Una cosa es la conveniencia de la confesión frecuente y otra distinta que sea necesidad para recibir la comunión si uno está en gracia (que no lo es).

Hasta aquí todo resulta bastante claro. ¿Donde surge el problema? En que una persona en estado de pecado mortal puede recuperar la gracia de Dios incluso antes de confesarse. ¿Cómo es eso? Haciendo un acto de contrición perfecta con el propósito de confesar cuanto antes se pueda, se recupera la gracia perdida.

¿Qué es un acto de contrición perfecta? Es un acto de arrepentimiento del pecado cometido, movido por amor de Dios. Dolor de haber ofendido a Dios, tan santo, digno de amor, grande, bueno, etc. ¿Qué es un acto de contrición imperfecta? Es el mismo acto, realizado por motivos sobrenaturales, muy buenos todos, pero que no son el amor de Dios: miedo al infierno, fealdad del pecado, deseos de comulgar, peso de la conciencia, etc.

El dolor de la contrición imperfecta es suficiente para recibir el perdón de los pecados en la confesión. Si al dolor de la contrición perfecta se le une el propósito de confesar, se obtiene la gracia -podríamos decir- por adelantado, antes de la confesión.

Entonces, ¿puedo comulgar después de cometer un pecado mortal, antes de confesarme, si hago un acto de contrición perfecto? – No – ¿Y por qué no? Los sacramentos dignamente recibidos dan la certeza de acceder a la gracia de Dios. Actúan “ex opere operato” según explica la Teología: en virtud -por eficacia- de lo actuado que no falla.

Si no pongo un obstáculo a su acción, la realiza eficazmente. En cambio cuando hago un acto de contrición perfecta, estoy en un ámbito no sacramental, en el cual dependo de -por decirlo de alguna manera- la “calidad” de mi acción. No tengo certeza de haber hecho realmente un acto de contrición perfecta.

No tengo cómo medir la perfección/imperfección de mi acto de contrición. Si comulgara así me podría exponer a recibir al Señor indignamente, y cometer así un sacrilegio. El problema no es sólo mi pecado, es problema sobretodo es el respeto que Dios merece: no puedo exponer la Eucaristía a semejante afrenta.

Sin necesidad no sería lógico correr ambos riesgos. Por esto la Iglesia, para cuidar la dignidad del Sacramento y el alma de los fieles, impuso un precepto en el Concilio de Trento: que nadie con conciencia de haber cometido un pecado mortal se acercara a comulgar, por muy contrito que se sienta, sin haberse confesado antes.

Es decir, que hay una ley de la Iglesia que lo manda. ¿Tiene excepciones? Sí, porque los preceptos eclesiásticos no obligan cuando hay una dificultad grave. El precepto divino no tiene excepción: no se puede comulgar en estado de pecado. El precepto eclesiástico puede tenerla: se podría comulgar en el estado de gracia obtenido mediante un acto de contrición perfecta aún antes de confesarse, si hubiera alguna dificultad grave.

En este caso, una grave necesidad de Comulgar. Es decir, que si una persona tiene obligación de comulgar y no puede confesarse, puede hacer un acto de perfecta contrición y comulgar. Un ejemplo: el sacerdote debe celebrar los sacramentos en estado de gracia.

Si no lo estuviera cometería un sacrilegio. Además, cuando celebra Misa no puede no comulgar (la comunión del sacerdote forma parte de la ceremonia). Si, en un pueblo, el sacerdote estuviera en estado de pecado mortal, no tuviera con quien confesarse, y debiera celebrar la Misa para el pueblo, ¿qué tendría que hacer? Ese sacerdote debe hacer un acto de contrición perfecta y celebrar la Santa Misa.

Otro ejemplo: si omitir la comunión procurara un grave escándalo o infamia. Es el caso de una persona está en la cola para comulgar y de repente recuerda estar en pecado mortal (no lo sabía antes). Si no puede alejarse sin llamar gravemente la atención de los demás, puede comulgar haciendo un acto de perfecta contrición.

  • Obviamente no es el caso de quien no quiere confesarse, sino de quien, de buena fe, se encuentra en esa situación.
  • Obviamente sin una necesidad real, y una dificultad grave también real, sería un grave abuso el incumplimiento de este precepto de la Iglesia, cuyo fin no es impedir a la gente la comunión, sino conseguir que lo haga dignamente, evitando todo peligro de sacrilegio.
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Sería absurdo exponerse a cometer un sacrilegio, para satisfacer las ganas de comulgar, o para evitar la vergüenza de dejar de hacerlo, o por la “necesidad” de recibir al Señor, etc., sin una necesidad grave de recibir la Eucaristía. De hecho, casi nunca hay obligación de comulgar (es el caso del sacerdote que celebra y algún otro caso excepcional).

¿Y si el sacerdote me deja? A veces se escucha decir: “Pero, un sacerdote me dijo que comulgara.”. Entonces nos preguntamos, ¿puede un sacerdote eximir del cumplimiento de esta ley? No, porque no tiene ninguna potestad sobre ella. Si te lo dijo, se equivocó, no tendría que habértelo dicho. Hay cosas para las que se tiene poder, y cosas para las que no.

Si no tengo poder de hacer algo, e intento hacerlo, el intento es vano, ya que lo hecho no tendrá ninguna validez. Sería como si un diácono quisiera consagrar: por mejor voluntad que le pusiera nunca conseguiría que el pan se convierta en el Cuerpo de Cristo, porque no tiene el poder de hacerlo.

  1. Si un sacerdote da permiso para hacer algo, en lo que no tiene potestad, el permiso es absolutamente inválido.
  2. Además un mal consejo no te excusa de pecado.
  3. Por tanto, no pierdas el tiempo pidiendo permiso para comulgar: estar en condiciones de comulgar o no estarlo no depende del sacerdote que tengas delante.

Por otro lado, salvo el caso de personas que viven en situaciones irregulares, la solución es muy sencilla: acudir a confesarse. ¿Para qué ir a Misa si no puedo Comulgar? Para ofrecer a Dios el sacrificio redentor de Cristo. Es cierto que la Iglesia recomienda -para una participación más plena- que aquellos que están en condiciones de hacerlo, comulguen.

Pero esto no quita que se pueda participar activamente en la Misa sin comulgar. Son dos cuestiones distintas. Y la comunión siempre presupone las debidas disposiciones, sin las cuales, haría daño, mucho daño al alma de quien comulga. Además en el caso de la misa dominical, no asistir a Misa añadiría otro pecado mortal a la persona.

El cumplimiento del precepto dominical es absolutamente independiente de la Comunión: se lo cumple con la asistencia a Misa y punto. La insistencia de la Iglesia La Iglesia ha insistido tanto en este tema en documentos recientes que resulta realmente doloroso que haya quienes propongan una práctica contraria a esta enseñanza.

Lo que la Iglesia enseña y quiere está clarísimo para quien sepa leer y quiera obedecer. Le pediría a quien difunda lo contrario, que tenga al menos la honestidad de decir a los fieles que no es eso lo que la Iglesia sostiene. De lo contrario estaría engañándolos en su buena fe. Decirle a un fiel: “comulgá y después te confieso” (salvo los casos excepcionales de necesidad grave de comulgar) es descabellado, significa tanto como decirle: “cometé un sacrilegio y después te confieso”.

No, mejor no cometas el sacrilegio.P. Eduardo Volpacchio ANEXO: Algunos textos del Magisterio reciente Catecismo de la Iglesia Católica, n 1385: Debemos prepararnos para este momento tan grande y santo.S. Pablo exhorta a un examen de conciencia: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” ( 1 Cor 11,27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Redemptionis Sacramentum, Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (25.3.2004) n.81.

La costumbre de la Iglesia manifiesta que es necesario que cada uno se examine a sí mismo en profundidad, para que quien sea consciente de estar en pecado grave no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; en este caso, recuerde que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes.n.87.

  • La primera Comunión de los niños debe estar siempre precedida de la confesión y absolución sacramental.
  • Juan Pablo II, Encíclica Ecclesiae de Eucaristía (17.4.2003) 36.
  • La comunión invisible, aun siendo por naturaleza un crecimiento, supone la vida de gracia, por medio de la cual se nos hace «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4), así como la práctica de las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad.

En efecto, sólo de este modo se obtiene verdadera comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No basta la fe, sino que es preciso perseverar en la gracia santificante y en la caridad, permaneciendo en el seno de la Iglesia con el «cuerpo» y con el «corazón»; es decir, hace falta, por decirlo con palabras de san Pablo, «la fe que actúa por la caridad» (Ga 5, 6).

La integridad de los vínculos invisibles es un deber moral bien preciso del cristiano que quiera participar plenamente en la Eucaristía comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. El mismo Apóstol llama la atención sobre este deber con la advertencia: «Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa» (1 Co 11, 28).

San Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles: «También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento y mayor castigo».

  • Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica establece: «Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar».
  • Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del apóstol Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, «debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal».37.

La Eucaristía y la Penitencia son dos sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta personal a la exhortación que san Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: «En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!» (2 Co 5, 20).

  1. Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el sacramento de la Reconciliación para acercarse a la plena participación en el Sacrificio eucarístico.
  2. Instrumentum laboris del XI Sínodo de Obispos (Octubre, 2005) 13.(.) La pertenencia a la Iglesia es prioritaria para poder acceder a los sacramentos: no se puede acceder a la Eucaristía sin haber antes recibido el Bautismo o no se puede retornar a la Eucaristía sin haber recibido la Penitencia, que es el «bautismo laborioso» para los pecados graves.

Desde los orígenes la Iglesia, para expresar tal urgencia propedéutica, instituyó respectivamente el catecumenado para la iniciación y el itinerario penitencial para la reconciliación.22. El sacramento de la Reconciliación restablece los vínculos de comunión interrumpidos por el pecado mortal.

Por lo tanto, merece una particular atención la relación entre la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. Las respuestas indican la necesidad de proponer nuevamente esa relación en el contexto de la relación entre Eucaristía e Iglesia, y como condición para encontrar y adorar al Señor, que es el Santísimo, en espíritu de santidad y con corazón puro.

Él ha lavado los pies a los Apóstoles, para indicar la santidad del misterio. El pecado, como afirma San Pablo, provoca una profanación análoga a la prostitución, porque nuestros cuerpos son miembros de Cristo (cf.1 Co 6,15-17). Dice, por ejemplo, San Cesáreo de Arles: «Todas las veces que entramos en la iglesia, reordenamos nuestras almas, así como quisiéramos encontrar el templo de Dios.

¿Quieres encontrar una basílica reluciente? No manches tu alma con la inmundicia del pecado». La relación entre Eucaristía y Penitencia en la sociedad actual depende mucho del sentido de pecado y del sentido de Dios. La distinción entre bien y mal frecuentemente se transforma en una distinción subjetiva.

El hombre moderno, insistiendo unilateralmente sobre el juicio de la propia conciencia, puede llegar a trastrocar el sentido del pecado.23. Son muchas las respuestas que se refieren a la relación entre Eucaristía y Reconciliación. En muchos países se ha perdido la conciencia de la necesidad de la conversión antes de recibir la Eucaristía.

El vínculo con la Penitencia no siempre es percibido como una necesidad de estar en estado de gracia antes de recibir la Comunión, y por lo tanto se descuida la obligación de confesar los pecados mortales. También la idea de comunión como «alimento para el viaje», ha llevado a infravalorar la necesidad del estado de gracia.

Al contrario, así como el nutrimento presupone un organismo vivo y sano, así también la Eucaristía exige el estado de gracia para reforzar el compromiso bautismal: no se puede estar en estado de pecado para recibir a Aquel que es «remedio» de inmortalidad y «antídoto» para no morir.

  1. Muchos fieles saben que no se puede recibir la comunión en pecado mortal, pero no tienen una idea clara acerca del pecado mortal.
  2. Otros no se interrogan sobre este aspecto.
  3. Se crea frecuentemente un círculo vicioso: «no comulgo porque no me confesé, no me confieso porque no cometí pecados».
  4. Las causas pueden ser diversas, pero una de las principales es la falta de una adecuada catequesis sobre este tema.

Otro fenómeno muy difundido consiste en no facilitar, con oportunos horarios, el acceso al sacramento de la Reconciliación. En ciertos países la Penitencia individual no es administrada; en el mejor de los casos se celebra dos veces al año una liturgia comunitaria, creando una fórmula intermedia entre el II y el III rito previsto por el Ritual.

Ciertamente es necesario constatar la gran desproporción entre los muchos que comulgan y los pocos que se confiesan. Es bastante frecuente que los fieles reciban la Comunión sin pensar en el estado de pecado grave en que pueden encontrarse. Por este motivo, la admisión a la Comunión de divorciados y vueltos a casar civilmente es un fenómeno no raro en diversos países.

En las Misas exequiales o de matrimonios o en otras celebraciones, muchos se acercan a recibir la Eucaristía, justificándose en la difundida convicción que la Misa no es válida sin la Comunión.24. Ante estas realidades pastorales, en cambio, muchas respuestas tienen un tono más alentador. También te puede interesar Consultorios

¿Qué se necesita para conectarse con Dios?

La oración meditativa, espontánea y tradicional deben ser parte de su repertorio. Asista a servicios religiosos. Esto le dará un período de tiempo en el que está en comunión con Dios. Si ya asiste a los servicios de adoración y no siente que va a encontrar nada fuera de ellos, trate de asistir a un servicio diferente.

¿Qué personas no pueden recibir la comunión?

El código – La práctica de negarle a alguien la comunión es una cuestión delicada que, como tal, aparece contemplada en el Código de Derecho Canónico. Y es que recibir la comunión es un derecho fundamental como fiel (can.213), por ello “los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos ” (can.843).

  1. En este sentido la comunión tiene una legislación especial propia.
  2. Y en este sentido, el Código alude primeramente a la importancia de la disposición interna para recibir lo que la comunión significa: “Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; y en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes” (can.916), señala.

Para los comentaristas, en este punto va desde el ayuno de una hora antes de comulgar, la partición en varias misas o cometer un asesinato, También esta toma de conciencia de lo que se hace marca el momento de recibir la Primera Comunión o en casos de determinadas enfermedades –como las mentales–.

Más allá del fuero interno, el canon 915 habla de la denegación de la sagrada Eucaristía: “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave “.

Este último supuesto sería el aplicado por los curas estadounidenses con sus políticos. En el fondo, la aplicación que los canonistas han hecho del tema es a quienes viven en pareja o contraen matrimonio solo civilmente y los divorciados que se vuelven a casar civilmente como si los pecados graves y manifiestos solo se circunscribiesen al dormitorio –aunque también hay una notificación sobre los masones y las veces que se puede recibir la comunión en el mismo día–.

Esta doctrina extendida y amplificada durante el pontificado de Juan Pablo II encontró muchos matices tras el sínodo de la familia. Aunque el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos no ha ido más allá de estos casos, el obispo de Springfield (Illinois), Thomas Paprocki, sí que a los miembros católicos del Senado estatal y de la Cámara de representantes que votaron de forma positiva a la nueva ley del aborto aprobada el pasado 28 de mayo.

Esta forma de ver la cooperación necesaria de los políticos para que se realicen abortos es lo que algunos prelados consideran la obstinación en un pecado grave y manifiesto. Por otro lado, muy claro no estará si hay obispos –como el cardenal Timothy Michael Dolan – que no se han sonrojado al decir que le habrían dado la comunión.

¿Qué es estar en la gracia de Dios?

‘Estar en gracia de Dios’ significa poseer la gracia santificante, es decir, tener el alma libre del pecado mortal.

¿Por qué es importante la comunicación con Dios?

La comunicación entre Dios y el hombre Capítulo 6 El presidente Brigham Young enseñó que nuestro “primer y primordial deber buscar al Señor hasta que podamos abrir una vía de comunicación desde Dios a nuestra propia alma”. Poco después de la muerte del profeta José Smith, Brigham Young habló acerca de un sueño en el cual José lo visitó y le dio algunas instrucciones: “José se acercó a nosotros y, muy seria pero cordialmente, dijo: ‘Diga a la gente que sea humilde y fiel y se asegure de conservar el espíritu del Señor, el cual le guiará con justicia.

  1. Que tengan cuidado y no se alejen de la voz apacible; ésta les enseñará lo que deben hacer y adónde ir; les proveerá los frutos del Reino Diga a los hermanos que si siguen el Espíritu del Señor, irán bien'” ( JH ).
  2. Todos los hijos de Dios tienen el privilegio de ser iluminados por el espíritu de Cristo y recibir revelación personal por medio del Espíritu Santo mientras se esfuercen en buscar al Señor.

El espíritu del Señor alumbra a todo hombre que viene al mundo. No existe nadie en la tierra que, en mayor o menor grado, no sea alumbrado por el Espíritu del Señor Jesús. Se dice de Él que es la luz del mundo. Él alumbra a todo hombre que viene al mundo y toda persona es, a veces, iluminada por el Espíritu de verdad ( DBY, 32).

Yo no creo de ninguna manera que haya existido en la tierra, desde los días de Adán hasta la fecha, un hombre o una mujer que no haya recibido inspiración, instrucción y enseñanza por medio de las revelaciones de Jesucristo. “¿Qué? ¿También el ignorante pagano?” Sí, todo ser humano que haya poseído una mente sana.

No podría creer que se haya privado a los hijos de los hombres del privilegio de recibir el Espíritu del Señor para enseñarles a discernir entre el bien y el mal ( DBY, 32). Yo creo positivamente que nada puede llegar a saberse sino por medio de la revelación del Señor Jesucristo, ya sea en teología, ciencia o arte ( DBY, 38).

Hay hombres talentosos, intelectuales, pensadores y de gran conocimiento en materia de mecánica que son expertos en estas cosas pero que no saben de dónde procede su inteligencia. El Espíritu del Señor no ha todavía de contender con la gente, ofreciéndoles conocimiento e inteligencia; por tanto, continúa revelándoles, instruyéndolos, enseñándoles y guiándolos ( DBY, 33).

Dios se encuentra aquí: Su influencia llena la inmensidad del espacio. Él tiene mensajeros a través de todas las obras de Sus manos. Él vela por cada una de Sus criaturas, de quienes conoce toda acción, preferencia y pensamiento, porque Su inteligencia y Su poder llenan toda la inmensidad,

No es que lo haga Su persona, sino Su Espíritu, y Él se encuentra aquí, enseñando, guiando y dirigiendo las naciones de la tierra ( DBY, 32). Este pueblo cree en la revelación. Este pueblo creyó y cree que el Señor ha hablado desde los cielos. Creyó y cree que Dios ha enviado a ángeles para que proclamen el Evangelio sempiterno, de acuerdo con el testimonio de Juan ( DBY, 38).

Con frecuencia oímos decir que los oráculos vivientes de Dios deben conservarse en la Iglesia a fin de que el Reino de Dios pueda establecerse y desarrollarse en la tierra. Quiero ofrecer otra versión de tal sentimiento. Yo digo que los oráculos vivientes de Dios, o el Espíritu de revelación debe descansar en toda y cada persona para que pueda conocer el plan de salvación y permanecer en el camino que la conducirá a la presencia de Dios ( DBY, 38).

El Señor no se encuentra personalmente en todos lados, pero tiene agentes que hablan y actúan por Él. Sus ángeles, Sus mensajeros, Sus Apóstoles y siervos han sido designados y autorizados para actuar en Su nombre. Y Sus siervos están autorizados para aconsejar y dictaminar en cuanto a las cosas más serias como a las más insignificantes, y para instruir, dirigir y guiar a Sus santos.

( DBY, 41). Ningún hombre puede lograr influencia alguna en este Reino ni mantenerse en el mismo y magnificar su llamamiento si no posee consigo el poder de Dios. Toda persona debe vivir de modo que pueda disfrutar de la luz del Espíritu Santo o de lo contrario no podrá confiar en sí misma ni en su religión o en su Dios, y tarde o temprano se alejará de la fe ( DBY, 33).

  • Cierto caballero me preguntó cómo guiaba yo a la gente por revelación.
  • Yo les enseño a vivir de tal manera que el Espíritu de revelación pueda hacerles saber claramente cuál es, cada día, su deber a fin de que logren guiarse a sí mismos.
  • Para obtener esta revelación es menester que la persona viva de modo que su propio espíritu sea tan puro y limpio como una hoja de papel blanco en una mesa, lista para recibir cualquier marca que el escritor pueda hacer sobre ella ( DBY, 41).

No existe explicación ni razonamiento terrenales que puedan esclarecer la mente de personas inteligentes y manifestarles las cosas celestiales; esto sólo lo puede lograr el Espíritu de revelación ( DBY, 37). Las revelaciones del Señor Jesucristo, o el Espíritu de verdad, lo percibirá todo y permitirá que todo aquel que lo posea logre discernir la verdad del error, la luz de las tinieblas, las cosas de Dios de las cosas que no son de Dios.

  • Nadie puede conocer a Jesús el Cristo a menos que se le revele desde los cielos ( DBY, 37).
  • Sin la revelación directa desde los cielos, es imposible que una persona entienda completamente el plan de salvación ( DBY, 38).
  • Sin las revelaciones de Dios, no podemos saber quiénes somos, de dónde venimos ni quién formó la tierra sobre la cual vivimos, nos movemos y somos ( DBY, 37).

Cuando el espíritu de la revelación divina lo inspira, la mente del hombre se abre para que pueda contemplar la belleza, el orden y la gloria de la Creación de esta tierra y sus habitantes, el motivo de su creación y el propósito del Creador en poblarla con Sus hijos.

Esa persona puede entonces comprender que nuestra existencia aquí sólo responde al designio de nuestra exaltación y restauración en la presencia de nuestro Padre y nuestro Dios ( DBY, 37). Para poder entender cada parte y elemento de las revelaciones de Dios, tal como se dan a los hijos de los hombres, o a cualquier persona tanto en los cielos como en la tierra, es necesario tener el Espíritu mediante el cual se otorgaron, ese Espíritu que las comunica al entendimiento y las establece en la mente ( DBY, 39).

Pero todos debemos vivir de modo que el Espíritu de revelación pueda comunicar y grabar en nuestro corazón lo que debemos hacer en lugar de las tradiciones de nuestros padres y maestros. Pero para lograrlo debemos ser como niños pequeños, pues Jesús dice que de lo contrario no podremos entrar en el reino de los cielos.

¡Cuán simple es esto! Vivamos libres de la envidia, la malicia, la ira, la contienda, los resentimientos y las difamaciones con nuestras familias, nuestros vecinos y amigos, y con todos los habitantes de la tierra, dondequiera que los encontremos. Vivamos con una conciencia tranquila, limpia y clara ( DBY, 36).

Si alguno de ustedes recibiese una visión o revelación del Todopoderoso, una que el Señor le diera concerniente a sí mismo o a esta gente, pero que no debe declararla por no ser la persona designada para ello o porque todavía no debe darse a conocer a esa gente, deberá entonces guardar silencio y mantener dicha revelación sellada como los cielos lo están para ustedes y conservarla en secreto como en la tumba.

El Señor no confía en aquellos que revelan lo que es secreto, porque no puede con seguridad revelarse a Sí mismo ante tales personas ( DBY, 40–41). ¿Cómo podemos saber que lo que escribieron los Profetas es la palabra del Señor? Por revelación. ¿Cómo podemos saber que José Smith fue llamado por Dios para que estableciera Su Reino en la tierra? Por revelación.

¿Cómo podemos saber que lo que enseñan los líderes de este pueblo es la verdad? Por revelación ( DBY, 38). ¿Cómo pueden ustedes saber que la obra de los Últimos Días es verdadera? Sólo podrán saberlo mediante el espíritu de revelación directamente de los cielos.

¿Qué les ha demostrado que esta obra es verdadera? ¿No fue acaso el espíritu de revelación que descansa en ustedes? Deben incrementarlo día a día; deben enriquecerlo a medida que el Señor se los da, un poco aquí y otro poco allá, y atesorar la verdad en su fe y en su entendimiento hasta perfeccionarse ante el Señor y estar preparados para recibir mayores cosas del Reino de Dios ( DBY, 36).

Cuando hayan trabajado fielmente durante años, aprenderán este simple hecho: que si su corazón es justo y continúan siendo obedientes, sirviendo a Dios y orando, el Espíritu de revelación permanecerá con ustedes como un manantial de aguas vivas que brotará para vida eterna,

Nadie debe dejar de orar porque no tenga el espíritu de oración ni tampoco permitir que alguna circunstancia terrenal lo apresure mientras esté llevando a cabo esta importante obligación. Al inclinarse ante el Señor para suplicarle que les bendiga, descubrirán que Dios multiplicará sus bendiciones, tanto temporal como espiritualmente ( DBY, 46).

Si fuera yo a enumerar todos los deberes que se requieren de los hijos de los hombres, del primero al último, señalaría en primer y principal orden la responsabilidad de suplicarle al Señor nuestro Dios hasta lograr que se abran las vías de comunicación entre los cielos y la tierra, entre Dios y nuestra propia alma.

  1. Debemos conservar limpias y puras ante Él todas las vías de nuestro corazón ( DBY, 41).
  2. Si nos acercamos a Él, Él se acercará a nosotros; si lo buscamos sin demora, lo encontraremos; si día a día dedicamos fiel y diligentemente nuestros pensamientos a conocer y a comprender los pensamientos y la voluntad de Dios, será igualmente fácil, sí, y aun diría más fácil, que conocer entre cada uno de nosotros nuestros pensamientos ( DBY, 42).

Seamos humildes, fervorosos, sumisos y sujetos a la voluntad del Señor, y no habrá ningún peligro salvo que tendremos Su Espíritu para guiarnos. Si movemos los labios y suplicamos a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesús, tendremos el espíritu de oración ( DBY, 44).

  • El Señor ha dispuesto que los de Su pueblo debemos recurrir a Él mediante la oración en procura de las bendiciones que necesitemos.
  • Y en vez de simplemente considerar la oración entre nuestras obligaciones como Santos de los Últimos Días, debemos vivir de modo que la apreciemos como uno de los mayores privilegios que se nos han dado; porque, si no fuera por la eficacia de la oración, ¿qué habría sido de nosotros como pueblo y como personas? ( DBY, 43).
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El deber de todo Santo de los Últimos Días es orar sin cesar y dar gracias en todo, reconocer la mano del Señor en todas las cosas y estar sujetos a Sus requerimientos ( DBY, 42). Todo hombre y toda mujer deben recurrir al Señor en oración y hacerlo con un corazón limpio, ya sea en medio de sus labores o en secreto, ya sea en público como en privado, pidiendo al Padre en el nombre de Jesús que los bendiga, los conserve, los guíe y les enseñe en el camino de la vida y la salvación, y que les capacite a vivir de tal modo que puedan lograr la salvación eterna que procuramos ( DBY, 43).

  1. No importa si sienten el deseo de orar, cuando llegue el momento de la oración, oren.
  2. Si no nos sentimos como para orar, debemos orar hasta lograrlo ( DBY, 44).
  3. Algunos miembros vienen a mí y me preguntan: “Hermano Brigham, ¿es acaso mi deber orar cuando no tengo en mí la más mínima porción del espíritu de la oración?” Es cierto que, a veces, hay hombres que se encuentran desconcertados, preocupados y llenos de problemas, con sus arados e implementos fuera de orden, sus animales extraviados y un sinfín de dilemas; no obstante, nuestro razonamiento nos enseña que debemos orar, sea que tengamos el espíritu para ello o no.

Mi doctrina es: nuestro deber es orar, y cuando llega el momento de orar, la persona tiene que decir: “Éste es el lugar y el momento para la oración; inclínate de rodillas en el suelo y hazlo ahora mismo”. Pero en cambio, la persona dice: “No quiero orar; no me siento como para ello”.

Yo le digo que doble sus rodillas; y al doblar sus rodillas comenzará a pensar y a reflexionar. ¿No puede acaso decir algo? ¿No podrá decir, Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador? Sí, podrá decirlo, sobre todo si puede maldecir a un vecino por alguna mala acción. Ahora bien, esa persona debe mover sus labios y decir: Señor, ten misericordia de mí.

“Pero no siento el espíritu de la oración”. Eso no es excusa, porque orar es un deber ( DBY, 45). Si el Diablo les dice que no pueden orar cuando están enojados, respóndanle que no es asunto de él y oren hasta que esa clase de locura se disipe y la serenidad les retorne a la mente ( DBY, 45).

Cuando se levanten en la mañana y antes de ponerse en la boca cualquier alimento, reúnanse con su esposa y con sus hijos, inclínense ante el Señor, pídanle que les perdone los pecados, que los proteja durante el día, que los libre de toda tentación y de todo mal, y que guíe correctamente sus pasos para que puedan hacer algo ese día que resulte en beneficio para el Reino de Dios en la tierra.

¿Tienen tiempo para esto? Élderes, hermanas, ¿tienen tiempo para orar? ( DBY, 44). Hagan siempre sus oraciones antes de ir a trabajar. Nunca se olviden de ello. Un padre, un jefe de familia, nunca debe dejar de reunirla y dedicarse a sí mismo y dedicar a su familia al Señor de las Huestes, pidiéndole que la guía y dirección de Su Santo Espíritu los acompañe durante todo el día, ese mismo día, diciendo, guíanos hoy, acompáñanos hoy, protégenos hoy, líbranos hoy de todo pecado en contra de Ti y de cualquier persona en los cielos y en la tierra.

  1. Sabemos que una de las características de nuestra fe y religión es no pedir nunca nada al Señor sin estar dispuestos a ayudarle en todo lo que seamos capaces de hacer, y entonces el Señor se ocupará del resto ( DBY, 43).
  2. No le pediré al Señor que haga nada que yo no esté dispuesto a hacer ( DBY, 43).
  3. Si le pido que me dé sabiduría en cuanto a cualquier exigencia en la vida o con respecto a mi curso o el de mis amigos, mi familia, mis hijos o aquellos sobre quienes presido y Él no me contesta, y entonces yo hago lo que la razón me aconseje, el Señor está obligado a aceptar y a honrar tal acción, y lo hará en todo sentido ( DBY, 43).

Cuando ore, todo Santo debe pedirle a Dios todas las cosas que necesita para poder fomentar la justicia en la tierra. Si alguno de ustedes no supiera lo que debe pedirle, permítame sugerirle cómo debe orar. Cuando oren en privado con sus familias y no sepan qué pedirle, sométanse a nuestro Padre Celestial e implórenle que los guíe mediante la inspiración del Espíritu Santo, y que guíe a este pueblo y que ordene todo lo que deba hacerse en Su Reino sobre la tierra, y eso es todo.

Pídanle que los lleve a donde Él quiera que vayan y que les diga lo que desea que hagan, y háganle saber que están dispuestos a hacerlo ( DBY, 45–46). Toda persona debe orar con fervor hasta llegar a conocer por sí misma las cosas de Dios y comprobar que está siguiendo el camino que conduce a la vida eterna; entonces la envidia, el resultado de la ignorancia, se desvanecerá y nadie sentirá que es más o mejor que otros; porque tal sentimiento es contrario al orden de los cielos.

Jesucristo nunca quiso ser diferente de Su Padre. Ambos fueron y son Uno. Si un pueblo se guía por las revelaciones de Jesucristo y lo reconoce mediante su fe, no habrá temor sino que serán uno en Cristo Jesús y verán ojo a ojo ( DBY, 42).

  • Piensen acerca de las realizaciones de la Luz de Cristo o Espíritu del Señor. (Véase también Guía para el estudio de las Escrituras, “LUZ, LUZ DE CRISTO”; D. y C.88:6–13; Moroni 7:12–19.) ¿Qué significa ser “iluminado por el espíritu del Señor Jesús”?
  • ¿Cómo podemos conocer las normas eternas del “bien y del mal”?
  • De acuerdo con el presidente Young, ¿en qué forma continúa “contendiendo” con la gente el Espíritu del Señor?
  • ¿Mediante qué poder “que llena la inmensidad del espacio” influye el Señor en Sus hijos? ¿En qué sentido es que Dios no está lejos de cada uno de nosotros? (Véase también Hechos 17:27.) ¿Qué evidencias hay de que Dios influye en los acontecimientos de todo el mundo?
  • ¿Quién está autorizado por el Señor para recibir revelaciones para toda la Iglesia? (Véase también D. y C.21:4–5; 28:2; 43:3–4; 90:3–5.) ¿Quiénes son los “oráculos vivientes” del Señor? ¿Qué responsabilidades tenemos en cuanto a dichos oráculos?
  • El presidente Young dijo que las enseñanzas en cuanto a la salvación sólo pueden recibirse por revelación. ¿Qué revelaciones personales nos concederá el Señor? (Véase también 2 Nefi 32:5; Números 11:29.)
  • Según el presidente Young, ¿cómo podemos saber si estamos siendo guiados de conformidad con la voluntad de Dios? ¿Bajo qué condiciones podemos recibir “día a día” revelaciones que nos guíen en la vida?
  • ¿Qué promesa se ha hecho a quienes se esfuerzan “fielmente durante años” por orar, obedecer y servir? ¿Qué experiencias han tenido ustedes con sus oraciones que les hayan ayudado a obtener el Espíritu en su vida?
  • Según el presidente Young, ¿cuál es nuestro “primer y principal” deber como miembros de la Iglesia?
  • ¿Bajo qué condiciones podemos lograr que “el espíritu nos guíe”? (Véase también 3 Nefi 19:9, 24.)
  • ¿Qué consejo particular nos ha dado el presidente Young concerniente a la oración?
  • ¿Cuál fue la enérgica admonición del presidente Young a todo aquel que no siente el deseo de orar?

: La comunicación entre Dios y el hombre

¿Cuáles son las formas de comunicarse con Dios?

Una forma de comunicarse con él es mediante el uso del método ‘ACTS’: adoración, confesión, agradecimiento y súplica. Encuentre un lugar cómodo. Aunque es posible comunicarse con Dios en cualquier lugar, haga todo lo posible para elegir un lugar que es tranquilo y libre de distracciones.

¿Cuándo se pierde la comunión?

¿Quién puede comulgar? Quien va a tomar la primera Comunión debe confesarse antes de hacerlo. Quien ha cometido un pecado mortal, también debe hacerlo, para recuperar la gracia antes de comulgar. Quien está en estado de gracia no necesita hacerlo. Por: Eduardo María Volpacchio | Fuente: Algunasrespuestas.com ¿Es necesario confesarse para comulgar? Y depende. Quien va a tomar la primera Comunión debe confesarse antes de hacerlo. Quien ha cometido un pecado mortal, también debe hacerlo, para recuperar la gracia antes de comulgar. Quien está en estado de gracia no necesita hacerlo.

  1. Premisa “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”.
  2. Se recibe al mismo Cristo.
  3. Es necesario hacerlo con dignidad.
  4. Dos condiciones La Comunión no es un premio.
  5. No se precisa ser santo para comulgar.
  6. Es una necesidad espiritual, pero tiene unos requerimientos básicos.
  7. Las dos primeras condiciones son de origen divino, surgen de la realidad de la Eucaristía y están consignadas en la Sagrada Escritura: 1) estado de gracia; 2) saber a quien se recibe.

Dice San Pable en I Corintios 11, 27-29: “Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.” Es necesario distinguir -saber a quién se recibe- y estar en estado de amistad con Dios.

La Teología lo llama “estar en estado de gracia”. Se pierde por el pecado mortal, que rompe la comunión de vida con Dios. Se recupera en el sacramento de la Penitencia. Respecto a la confesión y la Eucaristía, la Iglesia concretó explícitamente dos preceptos: • antes de la Primera Comunión es necesario confesarse.

• si se ha cometido un pecado grave, es necesario confesarse antes de comulgar. ¿Conveniente o necesario? Salvo los dos casos señalados no es necesario confesarse antes de comulgar. Si una persona está en gracia, aunque haga mucho tiempo que no se confiesa, puede comulgar con toda tranquilidad.

  1. No debemos añadir más condiciones que las que realmente existen.
  2. La confesión frecuente es una práctica muy recomendable para el crecimiento espiritual, tener el alma más purificada, etc.
  3. Pero esto es otra cuestión.
  4. Una cosa es la conveniencia de la confesión frecuente y otra distinta que sea necesidad para recibir la comunión si uno está en gracia (que no lo es).

Hasta aquí todo resulta bastante claro. ¿Donde surge el problema? En que una persona en estado de pecado mortal puede recuperar la gracia de Dios incluso antes de confesarse. ¿Cómo es eso? Haciendo un acto de contrición perfecta con el propósito de confesar cuanto antes se pueda, se recupera la gracia perdida.

¿Qué es un acto de contrición perfecta? Es un acto de arrepentimiento del pecado cometido, movido por amor de Dios. Dolor de haber ofendido a Dios, tan santo, digno de amor, grande, bueno, etc. ¿Qué es un acto de contrición imperfecta? Es el mismo acto, realizado por motivos sobrenaturales, muy buenos todos, pero que no son el amor de Dios: miedo al infierno, fealdad del pecado, deseos de comulgar, peso de la conciencia, etc.

El dolor de la contrición imperfecta es suficiente para recibir el perdón de los pecados en la confesión. Si al dolor de la contrición perfecta se le une el propósito de confesar, se obtiene la gracia -podríamos decir- por adelantado, antes de la confesión.

  • Entonces, ¿puedo comulgar después de cometer un pecado mortal, antes de confesarme, si hago un acto de contrición perfecto? – No – ¿Y por qué no? Los sacramentos dignamente recibidos dan la certeza de acceder a la gracia de Dios.
  • Actúan “ex opere operato” según explica la Teología: en virtud -por eficacia- de lo actuado que no falla.

Si no pongo un obstáculo a su acción, la realiza eficazmente. En cambio cuando hago un acto de contrición perfecta, estoy en un ámbito no sacramental, en el cual dependo de -por decirlo de alguna manera- la “calidad” de mi acción. No tengo certeza de haber hecho realmente un acto de contrición perfecta.

No tengo cómo medir la perfección/imperfección de mi acto de contrición. Si comulgara así me podría exponer a recibir al Señor indignamente, y cometer así un sacrilegio. El problema no es sólo mi pecado, es problema sobretodo es el respeto que Dios merece: no puedo exponer la Eucaristía a semejante afrenta.

Sin necesidad no sería lógico correr ambos riesgos. Por esto la Iglesia, para cuidar la dignidad del Sacramento y el alma de los fieles, impuso un precepto en el Concilio de Trento: que nadie con conciencia de haber cometido un pecado mortal se acercara a comulgar, por muy contrito que se sienta, sin haberse confesado antes.

Es decir, que hay una ley de la Iglesia que lo manda. ¿Tiene excepciones? Sí, porque los preceptos eclesiásticos no obligan cuando hay una dificultad grave. El precepto divino no tiene excepción: no se puede comulgar en estado de pecado. El precepto eclesiástico puede tenerla: se podría comulgar en el estado de gracia obtenido mediante un acto de contrición perfecta aún antes de confesarse, si hubiera alguna dificultad grave.

En este caso, una grave necesidad de Comulgar. Es decir, que si una persona tiene obligación de comulgar y no puede confesarse, puede hacer un acto de perfecta contrición y comulgar. Un ejemplo: el sacerdote debe celebrar los sacramentos en estado de gracia.

Si no lo estuviera cometería un sacrilegio. Además, cuando celebra Misa no puede no comulgar (la comunión del sacerdote forma parte de la ceremonia). Si, en un pueblo, el sacerdote estuviera en estado de pecado mortal, no tuviera con quien confesarse, y debiera celebrar la Misa para el pueblo, ¿qué tendría que hacer? Ese sacerdote debe hacer un acto de contrición perfecta y celebrar la Santa Misa.

Otro ejemplo: si omitir la comunión procurara un grave escándalo o infamia. Es el caso de una persona está en la cola para comulgar y de repente recuerda estar en pecado mortal (no lo sabía antes). Si no puede alejarse sin llamar gravemente la atención de los demás, puede comulgar haciendo un acto de perfecta contrición.

  • Obviamente no es el caso de quien no quiere confesarse, sino de quien, de buena fe, se encuentra en esa situación.
  • Obviamente sin una necesidad real, y una dificultad grave también real, sería un grave abuso el incumplimiento de este precepto de la Iglesia, cuyo fin no es impedir a la gente la comunión, sino conseguir que lo haga dignamente, evitando todo peligro de sacrilegio.

Sería absurdo exponerse a cometer un sacrilegio, para satisfacer las ganas de comulgar, o para evitar la vergüenza de dejar de hacerlo, o por la “necesidad” de recibir al Señor, etc., sin una necesidad grave de recibir la Eucaristía. De hecho, casi nunca hay obligación de comulgar (es el caso del sacerdote que celebra y algún otro caso excepcional).

¿Y si el sacerdote me deja? A veces se escucha decir: “Pero, un sacerdote me dijo que comulgara.”. Entonces nos preguntamos, ¿puede un sacerdote eximir del cumplimiento de esta ley? No, porque no tiene ninguna potestad sobre ella. Si te lo dijo, se equivocó, no tendría que habértelo dicho. Hay cosas para las que se tiene poder, y cosas para las que no.

Si no tengo poder de hacer algo, e intento hacerlo, el intento es vano, ya que lo hecho no tendrá ninguna validez. Sería como si un diácono quisiera consagrar: por mejor voluntad que le pusiera nunca conseguiría que el pan se convierta en el Cuerpo de Cristo, porque no tiene el poder de hacerlo.

Si un sacerdote da permiso para hacer algo, en lo que no tiene potestad, el permiso es absolutamente inválido. Además un mal consejo no te excusa de pecado. Por tanto, no pierdas el tiempo pidiendo permiso para comulgar: estar en condiciones de comulgar o no estarlo no depende del sacerdote que tengas delante.

Por otro lado, salvo el caso de personas que viven en situaciones irregulares, la solución es muy sencilla: acudir a confesarse. ¿Para qué ir a Misa si no puedo Comulgar? Para ofrecer a Dios el sacrificio redentor de Cristo. Es cierto que la Iglesia recomienda -para una participación más plena- que aquellos que están en condiciones de hacerlo, comulguen.

  1. Pero esto no quita que se pueda participar activamente en la Misa sin comulgar.
  2. Son dos cuestiones distintas.
  3. Y la comunión siempre presupone las debidas disposiciones, sin las cuales, haría daño, mucho daño al alma de quien comulga.
  4. Además en el caso de la misa dominical, no asistir a Misa añadiría otro pecado mortal a la persona.

El cumplimiento del precepto dominical es absolutamente independiente de la Comunión: se lo cumple con la asistencia a Misa y punto. La insistencia de la Iglesia La Iglesia ha insistido tanto en este tema en documentos recientes que resulta realmente doloroso que haya quienes propongan una práctica contraria a esta enseñanza.

Lo que la Iglesia enseña y quiere está clarísimo para quien sepa leer y quiera obedecer. Le pediría a quien difunda lo contrario, que tenga al menos la honestidad de decir a los fieles que no es eso lo que la Iglesia sostiene. De lo contrario estaría engañándolos en su buena fe. Decirle a un fiel: “comulgá y después te confieso” (salvo los casos excepcionales de necesidad grave de comulgar) es descabellado, significa tanto como decirle: “cometé un sacrilegio y después te confieso”.

No, mejor no cometas el sacrilegio.P. Eduardo Volpacchio ANEXO: Algunos textos del Magisterio reciente Catecismo de la Iglesia Católica, n 1385: Debemos prepararnos para este momento tan grande y santo.S. Pablo exhorta a un examen de conciencia: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

  1. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz.
  2. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” ( 1 Cor 11,27-29).
  3. Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.
  4. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Redemptionis Sacramentum, Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (25.3.2004) n.81.

La costumbre de la Iglesia manifiesta que es necesario que cada uno se examine a sí mismo en profundidad, para que quien sea consciente de estar en pecado grave no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; en este caso, recuerde que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes.n.87.

  1. La primera Comunión de los niños debe estar siempre precedida de la confesión y absolución sacramental.
  2. Juan Pablo II, Encíclica Ecclesiae de Eucaristía (17.4.2003) 36.
  3. La comunión invisible, aun siendo por naturaleza un crecimiento, supone la vida de gracia, por medio de la cual se nos hace «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4), así como la práctica de las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad.

En efecto, sólo de este modo se obtiene verdadera comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No basta la fe, sino que es preciso perseverar en la gracia santificante y en la caridad, permaneciendo en el seno de la Iglesia con el «cuerpo» y con el «corazón»; es decir, hace falta, por decirlo con palabras de san Pablo, «la fe que actúa por la caridad» (Ga 5, 6).

La integridad de los vínculos invisibles es un deber moral bien preciso del cristiano que quiera participar plenamente en la Eucaristía comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. El mismo Apóstol llama la atención sobre este deber con la advertencia: «Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa» (1 Co 11, 28).

San Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles: «También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento y mayor castigo».

  1. Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica establece: «Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar».
  2. Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del apóstol Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, «debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal».37.

La Eucaristía y la Penitencia son dos sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta personal a la exhortación que san Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: «En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!» (2 Co 5, 20).

  • Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el sacramento de la Reconciliación para acercarse a la plena participación en el Sacrificio eucarístico.
  • Instrumentum laboris del XI Sínodo de Obispos (Octubre, 2005) 13.(.) La pertenencia a la Iglesia es prioritaria para poder acceder a los sacramentos: no se puede acceder a la Eucaristía sin haber antes recibido el Bautismo o no se puede retornar a la Eucaristía sin haber recibido la Penitencia, que es el «bautismo laborioso» para los pecados graves.

Desde los orígenes la Iglesia, para expresar tal urgencia propedéutica, instituyó respectivamente el catecumenado para la iniciación y el itinerario penitencial para la reconciliación.22. El sacramento de la Reconciliación restablece los vínculos de comunión interrumpidos por el pecado mortal.

  • Por lo tanto, merece una particular atención la relación entre la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación.
  • Las respuestas indican la necesidad de proponer nuevamente esa relación en el contexto de la relación entre Eucaristía e Iglesia, y como condición para encontrar y adorar al Señor, que es el Santísimo, en espíritu de santidad y con corazón puro.

Él ha lavado los pies a los Apóstoles, para indicar la santidad del misterio. El pecado, como afirma San Pablo, provoca una profanación análoga a la prostitución, porque nuestros cuerpos son miembros de Cristo (cf.1 Co 6,15-17). Dice, por ejemplo, San Cesáreo de Arles: «Todas las veces que entramos en la iglesia, reordenamos nuestras almas, así como quisiéramos encontrar el templo de Dios.

¿Quieres encontrar una basílica reluciente? No manches tu alma con la inmundicia del pecado». La relación entre Eucaristía y Penitencia en la sociedad actual depende mucho del sentido de pecado y del sentido de Dios. La distinción entre bien y mal frecuentemente se transforma en una distinción subjetiva.

El hombre moderno, insistiendo unilateralmente sobre el juicio de la propia conciencia, puede llegar a trastrocar el sentido del pecado.23. Son muchas las respuestas que se refieren a la relación entre Eucaristía y Reconciliación. En muchos países se ha perdido la conciencia de la necesidad de la conversión antes de recibir la Eucaristía.

  1. El vínculo con la Penitencia no siempre es percibido como una necesidad de estar en estado de gracia antes de recibir la Comunión, y por lo tanto se descuida la obligación de confesar los pecados mortales.
  2. También la idea de comunión como «alimento para el viaje», ha llevado a infravalorar la necesidad del estado de gracia.

Al contrario, así como el nutrimento presupone un organismo vivo y sano, así también la Eucaristía exige el estado de gracia para reforzar el compromiso bautismal: no se puede estar en estado de pecado para recibir a Aquel que es «remedio» de inmortalidad y «antídoto» para no morir.

Muchos fieles saben que no se puede recibir la comunión en pecado mortal, pero no tienen una idea clara acerca del pecado mortal. Otros no se interrogan sobre este aspecto. Se crea frecuentemente un círculo vicioso: «no comulgo porque no me confesé, no me confieso porque no cometí pecados». Las causas pueden ser diversas, pero una de las principales es la falta de una adecuada catequesis sobre este tema.

Otro fenómeno muy difundido consiste en no facilitar, con oportunos horarios, el acceso al sacramento de la Reconciliación. En ciertos países la Penitencia individual no es administrada; en el mejor de los casos se celebra dos veces al año una liturgia comunitaria, creando una fórmula intermedia entre el II y el III rito previsto por el Ritual.

  • Ciertamente es necesario constatar la gran desproporción entre los muchos que comulgan y los pocos que se confiesan.
  • Es bastante frecuente que los fieles reciban la Comunión sin pensar en el estado de pecado grave en que pueden encontrarse.
  • Por este motivo, la admisión a la Comunión de divorciados y vueltos a casar civilmente es un fenómeno no raro en diversos países.

En las Misas exequiales o de matrimonios o en otras celebraciones, muchos se acercan a recibir la Eucaristía, justificándose en la difundida convicción que la Misa no es válida sin la Comunión.24. Ante estas realidades pastorales, en cambio, muchas respuestas tienen un tono más alentador. También te puede interesar Consultorios

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