Qué Significa La Imposición De Las Manos

Qué Significa La Imposición De Las Manos
La imposición de manos es el procedimiento revelado por el Señor para realizar muchas ordenanzas del sacerdocio sacerdocio El sacerdocio es el poder y la autoridad eternos de Dios. Por medio del sacerdocio, Él creó y gobierna los cielos y la tierra; a través de este poder, el universo se mantiene en orden perfecto. https://www.churchofjesuschrist.org › chapter-13-the-priesthood

Capítulo 13: El sacerdocio

, por ejemplo, la confirmación, la ordenación, el apartamiento para servir en un llamamiento, la unción de los enfermos y otras bendiciones del sacerdocio.
¿Qué es en reiki la imposición de manos? – La creencia de que la imposición de las manos implica una transferencia de energía entre el sanador y el paciente es muy antigua. La teoría consiguió cierto apoyo con los primeros estudios modernos sobre contacto terapéutico llevados a cabo por el doctor Bernard Grad, un bioquímico de Montreal.

  1. Sus estudios controlados demostraron que la imposición de las manos, sin contacto físico, podía incrementar la rapidez de curación en ratones y la rapidez de crecimiento en las plantas.
  2. Para empezar a practicar la imposición de manos, se comienza usando el tratamiento de reiki sobre uno mismo, que también se llama auto tratamiento.

Las dos primeras técnicas de auto tratamiento son: el equilibrado de los chakras y el tratamiento convencional. En esta línea, antes de practicar la imposición de las manos con los demás conviene practicar con uno mismo durante un tiempo prudencial de al menos 21 días.

¿Qué dice la Biblia de las manos?

Si caminamos llevados de la mano por Él en Sus senderos, seguiremos adelante con fe, y jamás nos sentiremos solos. En los ojos y en los corazones de muchas personas del mundo actual hay indicios de duda, de miedo y desesperanza. Gran parte de la inseguridad del mundo se ha filtrado a nuestros hogares y a nuestras vidas personales.

  1. Sin importar la edad que tengamos o las circunstancias en las que estemos, todos tenemos la necesidad de saber que tenemos poder en el presente y esperanza en el futuro.
  2. Escuchen las palabras de Mormón: “¿No sabéis que estáis en las manos de Dios? ¿No sabéis que él tiene todo poder?” (Mormón 5:23).
  3. Las manos son una de las partes simbólicamente expresivas del cuerpo.

En hebreo, el término yad, que se utiliza con más frecuencia para decir “mano”, también tiene un significado metafórico de poder, fortaleza y vigor (véase William Wilson, Old Testament Word Studies, pág.205). Por ende, las manos representan poder y fortaleza.

  • La mano extendida de nuestro profeta viviente, el presidente Gordon B.
  • Hinckley, fortalece, eleva e inspira a todas las personas en todo el mundo.
  • El estar en las manos de Dios parece sugerir que no sólo estamos bajo Su constante cuidado, sino que también estamos bajo la guardia y protección de Su poder maravilloso.

A lo largo de las Escrituras se hace referencia a la mano del Señor, y Su ayuda divina se manifiesta una y otra vez. Sus poderosas manos crearon mundos, pero aun así, fueron tan suaves como para bendecir a los pequeñitos. Consideren las palabras que utilizó Juan para describir al Salvador resucitado y glorioso: “Cuando le vi él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:17–18).

Cuando Él posa Su mano sobre nosotros, podemos, al igual que Juan, vivir en Él. Hace veinticuatro años, nuestro hijito recién nacido luchaba por su vida en la unidad de cuidados intensivos de un hospital. Debido a su nacimiento prematuro, los pulmones aún no estaban completamente desarrollados, lo cual causaba que cada respiro se convirtiera en una lucha desesperada.

Aunque era muy pequeñito, tenía muchas ansias de vivir. Siendo padres jóvenes e inexpertos, mi valerosa y siempre fiel esposa Jan y yo oramos para que el Señor extendiera Su mano y de alguna forma ayudara a nuestro bebé a seguir respirando. Al meter mi mano temblorosa en el pequeño hueco de la incubadora, me sentí inadecuado e impotente.

Tomé la pequeña pero perfecta manita de nuestro recién nacido, y sentí una poderosa conexión espiritual que jamás olvidaré. Para darle una bendición, le coloqué dos dedos de cada una de mis manos en la diminuta cabecita. Con toda sinceridad deseábamos su bienestar, pero sabíamos que su experiencia terrenal estaba en manos del Señor, no en las nuestras ni en las del equipo médico que lo atendía.

Entonces me di cuenta con humildad de que mis manos temblorosas tenían poder y autoridad muy superiores a los míos. Mis dedos, posados sobre su cabeza, simbolizaban las manos y el poder de Dios sobre nuestro hijo. Tras la bendición, en un momento de paz emocional, mi compañera eterna y yo nos miramos a través de la incubadora y sentimos el espíritu de una esperanza y un consuelo renovados a raíz de la fe en el Señor Jesucristo y en el efecto personal de Su expiación.

Fue un testimonio poderoso del amor de Jesucristo por un hijo que acababa de salir de Su presencia. Nos sentimos luego más preparados para aceptar Su voluntad en cuanto a nuestro hijo, ya que realmente sentimos que habíamos colocado nuestras manos en las del Salvador. Fue como si las propias manos del Salvador hubieran suplido la ayuda respiratoria esencial que le permitióa nuestro hijo respirar y recibir sustento.

Con cada aliento y con cada mejoría adicional, expresamos agradecimiento devoto. Hoy en día, nuestro hijo saludable, y nosotros, sus padres en deuda, seguimos estando muy agradecidos a las manos dispuestas del Salvador. Junto con las divinas promesas de levantarse en la mañana de la primera resurrección para heredar “tronos, reinos, principados, potestades y dominios”, también se encuentran las promesas adicionales de “toda altura y toda profundidad” (D.

Y C.132:19). En el gran plan de felicidad se incluye una especie de montaña rusa que nos lleva de momentos desafiantes a momentos de suprema dicha. Sí, todos atravesamos momentos de dificultades y angustias, y a veces, son tan difíciles de sobrellevar que sentimos el deseo de darnos por vencidos. Hay ocasiones en que damos pasos inseguros, en que nos sentimos desalentados e incluso buscamos ayuda desesperados.

El élder Holland nos recuerda que el “símbolo de la copa que no puede pasar representa una copa que nos llega a nosotros al igual que al Salvador. Nos llega con mucha menos fuerza, en mucho menor grado, pero nos llega con suficiente frecuencia para enseñarnos que debemos obedecer” ( Trusting Jesus, págs.42–43).

  • Todos tenemos la necesidad de saber que podemos seguir adelante en la fortaleza del Señor.
  • Podemos colocar nuestra mano en la de Él, y sentiremos que Su presencia alentadora nos eleva a alturas que no podríamos lograr por nosotros mismos.
  • Cuando un padre angustiado llevó a Jesús a su hijo sumamente enfermo, Marcos registra lo siguiente: “Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó” (Marcos 9:27).

Debemos confiar en el Señor. Si nos entregamos a Él plenamente, nuestras cargas nos serán quitadas y nuestros corazones serán consolados. Hace poco, el élder Scott brindó este consejo: ” en Dios no importa cuán difícil sea la circunstancia Tu tranquilidad, tu convicción en las respuestas sobre problemas desconcertantes y tu gozo final dependen de tu confianza en el Padre Celestial y en Su Hijo Jesucristo” (“El poder sustentador de la fe en tiempos de incertidumbre y de pruebas”, Liahona, mayo de 2003, págs.76–78).

¿Cómo aprendemos a confiar? ¿Cómo aprendemos a extender la mano y a conectarnos al consuelo que el Señor ofrece? El Señor le dio instrucciones claras a José Smith: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti” (D.

y C.19:23, 38). He aquí cuatro claves:

Aprender Escuchar Procurar obtener el espíritu Orar siempre

El Señor proporcionará sustento y apoyo si estamos dispuestos a abrir la puerta y aceptar Su mano de ayuda divina. El presidente Thomas S. Monson nos hace recordar la mano del Salvador que siempre está dispuesta a rescatar: “Adoradas son las manos que salvan, sí, las manos de Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, el Redentor de la humanidad.

  • Con Su mano llama a la puerta de nuestro entendimiento” (véase “Esas preciosas manos”, Liahona, marzo de 1991, pág.6).
  • Recientemente nuestra hija y nuestro yerno se preparaban para disfrutar de una velada juntos; se encontraban tan apurados para alistarse y darle unas últimas instrucciones a la niñera que apenas cuando estaban junto a la puerta y a punto de salir advirtieron el semblante triste de uno de los hijos y las lágrimas en los ojos de otro.

Se dieron cuenta de que los hijos estaban preocupados porque papi y mami se iban a ir. Así que los padres reunieron a sus cuatro preciados hijos a su alrededor, y el papá les pidió que le mostraran las manos. Las ocho manitas quedaron extendidas frente a ellos.

  • La mamá y el papá procedieron a besar cada mano y a decir a los niños que en cualquier momento que los extrañaran, o que estuvieran asustados o que necesitaran sentir amor, podían llevarse las manos a las mejillas y sentir la presencia de mami y papi.
  • Se quedaron muy contentos, y cuando nuestra hija y nuestro yerno salieron, vieron a sus cuatro hijitos parados cerca de la ventana, sonriendo y con las manos en las mejillas.

Confiaban en sus padres; sabían que se los quería. Así como los pequeñitos confían, cada uno de nosotros debe tener la misma confianza sin reservas que tiene un niño. Debemos recordar que somos hijos e hijas de Dios y que nos ama mucho Si realmente comprendemos quienes somos, tendremos una fuente inagotable de esperanza y consuelo.

Jamás podremos llegar a la meta final de “la carrera que tenemos por delante” (Hebreos12:1) sin colocar nuestra mano en las del Señor. Hace algunos años, nuestra única hija decidió competir en una maratón. Junto con algunas amigas, se preparó y se esforzó con mucho afán. Se trataba de una carrera difícil en la que varias veces tuvo deseos de darse por vencida, pero siguió adelante, concentrándose en un paso a la vez.

Al acercarse a la mitad del trayecto, escuchó a alguien que a sus espaldas le gritaba: “Ciego pasando a mano izquierda”. Miró hacia su lado, y vio a un señor ciego que la pasaba sin soltar la mano de otro señor. Ambos competían en la carrera. Cuando la pasaron, ella vio con cuanta firmeza el ciego se aferraba a la mano de su amigo.

Abrumada con su propio dolor físico, se sintió fortalecida al ver a esos dos caballeros que corrían tomados de la mano. El que veía iba motivado por su amigo ciego, y el que sufría de ceguera dependía del estar aferrado a la mano de su amigo. Nuestra hija entendía que el ciego jamás podría llegar a la meta final por sí solo.

Se sintió inspirada por la confianza del ciego y el dedicado afecto del amigo. De igual manera, el Salvador ha extendido Su mano a cada uno para que no tengamos que correr solos. “Para quienes de vez en cuando se tambalean o se tropiezan, Él está presente a fin de hacer que recuperen el equilibrio y se fortalezcan” ( Trusting Jesus, pág.43).

  1. Al acercarnos a la meta final, Él estará allí para salvarnos, y es por todo esto que dio Su vida.
  2. Piensen en las heridas de Sus manos.
  3. Sus manos gastadas, sí, aun Sus manos de carne desgarrada y sacrificio físico, son las que dan a nuestras propias manos mayor poder y dirección.
  4. El Cristo herido es el que nos guía a través de los momentos difíciles.

Es el que nos sostiene cuando necesitamos más aire para respirar o una dirección en la que andar o, incluso, más valor para seguir adelante. Si guardamos los mandamientos de Dios y caminamos llevados de la mano por Él en Sus senderos, seguiremos adelante con fe, y jamás nos sentiremos solos.

Confíen en Su promesa de vida eterna, y permitan que la paz y la esperanza les acompañen. Cuando nos conectamos al Autor de Paz, a Su amor perfecto y redentor, podemos llegar a experimentar la veracidad de la promesa del Señor: “yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo” (Isaías 41:13).

Testifico de Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador viviente. Testifico que Él vive y nos extiende Su amorosa mano a cada uno. En el nombre de Jesucristo. Amén.

¿Qué sacramento se recibe por la imposición de las manos?

En el rito latino, ‘ el sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: ‘Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo’ (Pablo VI, Const.

¿Cómo se siente la presencia del Espíritu Santo?

¿Cómo se siente el Espíritu Santo?

Es probable que hayas escuchado a la gente decir: “En este momento siento el Espíritu muy fuerte”.Quizás tú también sientas algo en ese momento, pero ¿tienes algún problema si tú no lo sientes?Respuesta corta: en absoluto,

porque las personas experimentan la influencia del Espíritu Santo de manera diferente. Eso es lo milagroso de los mensajes del Espíritu Santo: van dirigidos solo para ti. Para algunas personas, el Espíritu Santo puede hacer que se sientan impresionadas por la emoción y conmovidas hasta las lágrimas; para otras, las lágrimas rara vez o nunca llegan, lo cual está bien.

  • Para ellas, el Espíritu Santo puede producir un sutil sentimiento de gratitud, paz, reverencia o amor (véase ).
  • En las Escrituras también se describe al Espíritu Santo como un “ardor” en el pecho (véase ).
  • Pero la intensidad o el grado de ese “ardor” puede ser diferente para todos.
  • A veces es como una pequeña brasa resplandeciente en lugar de un fuego arrasador.

O tal vez hayas oído la descripción del Espíritu Santo como una “voz suave y apacible” (véase ). Y de inmediato pensaste: “Pero no he OÍDO una voz. ¿Me pasa algo?”. Y repetimos, no en absoluto. Esa descripción de las Escrituras no significa necesariamente que todos oímos una voz literal.

  1. El élder Ronald A.
  2. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “El espíritu habla con palabras que sentimos.
  3. Tales sentimientos son delicados, un suave impulso a actuar, a hacer algo, a decir algo, a reaccionar de cierta manera”1.
  4. El punto es: cada uno de nosotros experimentará el Espíritu Santo de forma diferente y en diferentes grados.

Lo importante es que vivamos dignos de recibirlo y que lo reconozcamos cuando venga. Al hacerlo, empezaremos a notar que Su influencia está presente en nuestra vida mucho más de lo que esperábamos. : ¿Cómo se siente el Espíritu Santo?

¿Cómo se manifiesta la presencia del Espíritu Santo?

¿Cómo actúa el Espíritu Santo en ti? – ¿Cuáles son las funciones del Espíritu Santo? Ven, sígueme — Para el Sacerdocio Aarónico ¿Cuáles son las funciones del Espíritu Santo? El Espíritu Santo testifica de la verdad. Él es la fuente del testimonio y de la revelación personal. Puede guiarnos para tomar decisiones y nos protege del peligro físico y espiritual.

  • Se le conoce como el Consolador, y puede calmar nuestros temores y llenarnos de esperanza.
  • Por medio de Su poder, somos santificados al arrepentirnos, recibir las ordenanzas salvadoras y guardar nuestros convenios.
  • Para prestar servicio de forma eficaz como poseedores del sacerdocio, es esencial que escuchemos y sigamos las impresiones del Espíritu Santo.

¿Qué experiencias personales podría compartir con los jóvenes, las cuales les enseñarían sobre las funciones del Espíritu Santo? ¿Por qué es importante que los jóvenes aprendan a reconocer y seguir los susurros del Espíritu? ¿Cómo puede ayudarlos a ser dignos de Su compañía y a procurarla? Al estudiar los pasajes de las Escrituras y otros recursos acerca del Espíritu Santo, procure obtener Su guía a fin de que sepa qué debe enseñar a los jóvenes sobre la importancia que el Espíritu Santo tiene en sus vidas.

(El Consolador puede enseñarnos y recordarnos todas las cosas) ; ; (El Espíritu Santo da testimonio del Padre y del Hijo) (Pablo describe el fruto del Espíritu) (El Espíritu Santo nos mostrará las cosas que debemos hacer) (Recibir el Espíritu Santo nos santifica) (El Espíritu Santo nos llena de esperanza y amor) (El Espíritu Santo nos enseña la verdad) Gary E.

Stevenson, », Liahona, mayo de 2017, págs.117–120. Henry B. Eyring, », Liahona, mayo de 2017, págs.15–18. Juan A. Uceda, », Liahona, noviembre de 2016, págs.30–32. Robert D. Hales, », Liahona, mayo de 2016, págs.105–107. Videos: ‘La voz del Espíritu’, ‘Territorio enemigo’ Enseñar a la manera del Salvador El Salvador contaba relatos, parábolas y ejemplos simples de la vida real con el fin de enseñar de manera tal que tuviera sentido para Sus discípulos.

  • ¿Qué experiencias personales puede compartir con los jóvenes para ayudarlos a entender las funciones del Espíritu Santo y a que sientan el deseo de procurar tener experiencias de ese tipo y ser dignos de ello? Ver un ejemplo de la,
  • Un miembro de la presidencia del cuórum (o un ayudante del obispo en el cuórum de presbíteros) dirige la reunión.

Él dirige a los demás jóvenes para que deliberen en consejo en cuanto a los asuntos del cuórum, les enseña sus deberes del sacerdocio (usando las Escrituras y el librito Mi Deber a Dios ), los alienta a compartir las experiencias que hayan tenido al cumplir con su deber a Dios e invita al asesor o a otro miembro del cuórum a enseñar una lección del Evangelio.

  • Conceda a los jóvenes un momento para que piensen en un concepto de la lección de la semana pasada y lo mencionen.
  • Piense en la manera en que podría relacionar sus respuestas con la lección de hoy.
  • Invite a los jóvenes a escribir acerca de un momento en que hayan sentido la influencia del Espíritu Santo.

¿Qué hicieron para recibir Su influencia? ¿Qué diferencia supuso el sentir Su influencia? Si es apropiado, pida a varios jóvenes que compartan sus experiencias. Vea otras, Cada una de las actividades siguientes permitirá a los miembros del cuórum comprender las funciones del Espíritu Santo.

Siguiendo la inspiración del Espíritu, seleccione una o más que resulten mejor para su cuórum: Escriba las preguntas siguientes en la pizarra: ¿Por qué necesitamos el Espíritu Santo? ¿Cómo nos puede ayudar el Espíritu Santo? Invite a los jóvenes a examinar el discurso del élder Gary E. Stevenson » o a mirar el video ‘La voz del Espíritu’, para buscar respuestas a las preguntas de la pizarra.

Según sea apropiado, comparta experiencias que haya tenido de recibir inspiración del Espíritu Santo e invite a los jóvenes a compartir algunas experiencias que hayan tenido. También podrían compartir las cosas que harán para escuchar mejor y seguir las impresiones del Espíritu Santo.

  • Busque algunas historias en los discursos de las conferencias generales más recientes que ilustren las diversas funciones del Espíritu Santo.
  • Considere incluir la experiencia del presidente Henry B.
  • Eyring con su hijo o con los santos austriacos en » o la del élder Juan A.
  • Uceda de cuando era misionero en Perú, en su discurso».

Invite a cada joven a leer una de las historias, a contarla al cuórum con sus propias palabras y a determinar la función del Espíritu Santo en ese relato. Anime a los jóvenes a compartir experiencias propias en las que el Espíritu Santo los haya ayudado.

Invite a un miembro del cuórum a que enseñe una parte de la lección. Él podría hacerlo como parte de su plan de Mi deber a Dios de aprender y enseñar sobre el Espíritu Santo (véase ‘Comprende la doctrina’, págs., o ). Invite a los jóvenes a buscar los siguientes pasajes de las Escrituras, reconocer el papel del Espíritu Santo en cada uno de ellos y compartir cómo Su influencia puede bendecirlos: ; ; ; ;, Los jóvenes también podrían buscar partes del discurso del élder Robert D.

Hales » para aprender acerca de las funciones del Espíritu Santo. Invite a los jóvenes a enumerar etapas de su vida en las que necesitarán la influencia del Espíritu Santo. ¿En qué momentos será importante que el Espíritu Santo les muestre lo que deban hacer? ¿En qué momentos podrían necesitar los jóvenes sentir la influencia reconfortante del Espíritu Santo? Considere la idea de compartir una experiencia personal de cuando haya recibido la ayuda del Espíritu Santo.

Muestre uno de los videos que se incluyen en esta reseña y pida a los jóvenes que escuchen lo que se enseña en ellos acerca de recibir guía por medio del Espíritu Santo. Pida a cada joven que comparta algo de lo que aprenda. Luego, escriba en la pizarra la siguiente declaración de la hermana Julie B. Beck en la pizarra: ‘La capacidad de reunir los requisitos para recibir revelación personal y actuar de acuerdo con ella es la aptitud más importante que se pueda lograr en la vida.

Con ella, no podemos fracasar; sin ella, no podemos tener éxito’ (‘‘», Liahona, mayo de 2010, pág.11). Invítelos a pensar en lo que dice la cita y a que escriban lo que piensen al respecto y sobre la importancia de vivir dignos de recibir el Espíritu y de seguirlo.

  • Aliéntelos a reflexionar sobre lo que pueden hacer para procurar gozar más de la compañía del Espíritu Santo.
  • Invite a los jóvenes a que busquen en el índice de temas del himnario, bajo ‘Espíritu Santo’, un himno que enseñe acerca de cómo puede ayudarnos el Espíritu Santo.
  • Pídales que compartan frases de los himnos que eligieron.

Considere la idea de que canten uno de los himnos en grupo. Pida a los jóvenes que compartan lo que hayan encontrado. ¿Qué sentimientos o impresiones tienen? ¿Comprenden las funciones del Espíritu Santo? ¿Desean hacer otras preguntas? ¿Resultaría útil dedicarle más tiempo a este tema? Sugerencia para la enseñanza ‘Al prepararse para enseñar con espíritu de oración podría ser guiado a destacar ciertos principios, podría obtener un entendimiento de cómo presentar mejor determinadas ideas, y encontrar algunos ejemplos, lecciones prácticas e historias inspiradoras en las simples actividades de la vida.

También podría recibir la impresión de invitar a alguna persona particular para que le ayude a presentar la lección. Tal vez recuerde alguna experiencia personal que pueda compartir con la clase’ ( La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág.52). Vea otras, El joven que dirige concluye la reunión.

Él podría: Según sea apropiado, contar una experiencia en la que haya sentido la influencia del Espíritu Santo en una de las formas que se explicaron en la reunión de cuórum. Invitar a los jóvenes del cuórum a mantenerse dignos y procurar la compañía del Espíritu Santo.

¿Quién puede imponer manos según la Biblia?

Información adicional – Los poseedores del sacerdocio siempre han usado este procedimiento. Adán ordenó a sus descendientes varones justos mediante la imposición de manos (D. y C.107:40–50). Cuando Jacob pronunció bendiciones sobre Efraín y Manasés, les impuso las manos sobre la cabeza (véase Génesis 48:14–19).

Alma “ordenó sacerdotes y élderes por la imposición de sus manos, según el orden de Dios” (Alma 6:1). Los Apóstoles Pedro y Juan otorgaron el don del Espíritu Santo mediante la imposición de manos (véase Hechos 8:14–17). En esta dispensación, Juan el Bautista confirió el Sacerdocio Aarónico sobre José Smith y Oliver Cowdery mediante la imposición de manos (José Smith—Historia 1:68–69).

Véase también Espíritu Santo; Sacerdocio —Véase Leales a la fe, 2004, pág.104

¿Qué dice en Proverbios 16 3?

Proverbios 16:3 reducido Arte, Pon En Manos Del Señor toda S Tus Obras, Y Tus Proyectos Se Cumplirán, creación vinilos.

¿Qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la imposición de manos?

SEGUNDA PARTE LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO SEGUNDA SECCIÓN: LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA CAPÍTULO SEGUNDO LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN ARTÍCULO 5 LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS 1499 “Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve.

Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios” ( LG 11).I. Fundamentos en la economía de la salvación La enfermedad en la vida humana 1500 La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana.

En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte.1501 La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios.

  1. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es.
  2. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él.
  3. El enfermo ante Dios 1502 El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios.

Ante Dios se lamenta por su enfermedad (cf Sal 38) y de Él, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación (cf Sal 6,3; Is 38). La enfermedad se convierte en camino de conversión (cf Sal 38,5; 39,9.12) y el perdón de Dios inaugura la curación (cf Sal 32,5; 107,20; Mc 2,5-12).

  1. Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: “Yo, el Señor, soy el que te sana” ( Ex 15,26).
  2. El profeta entreve que el sufrimiento puede tener también un sentido redentor por los pecados de los demás (cf Is 53,11).

Finalmente, Isaías anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda falta y curará toda enfermedad (cf Is 33,24). Cristo, médico 1503 La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase (cf Mt 4,24) son un signo maravilloso de que “Dios ha visitado a su pueblo” ( Lc 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca.

  1. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados (cf Mc 2,5-12): vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos necesitan ( Mc 2,17).
  2. Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos: “Estuve enfermo y me visitasteis” ( Mt 25,36).

Su amor de predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de suscitar la atención muy particular de los cristianos hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. Esta atención dio origen a infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren.1504 A menudo Jesús pide a los enfermos que crean (cf Mc 5,34.36; 9,23).

  • Se sirve de signos para curar: saliva e imposición de manos (cf Mc 7,32-36; 8, 22-25), barro y ablución (cf Jn 9,6s).
  • Los enfermos tratan de tocarlo (cf Mc 1,41; 3,10; 6,56) “pues salía de él una fuerza que los curaba a todos” ( Lc 6,19).
  • Así, en los sacramentos, Cristo continúa “tocándonos” para sanarnos.1505 Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias: “El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades” ( Mt 8,17; cf Is 53,4).

No curó a todos los enfermos. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios. Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua. En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal (cf Is 53,4-6) y quitó el “pecado del mundo” ( Jn 1,29), del que la enfermedad no es sino una consecuencia.

Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora. “Sanad a los enfermos.” 1506 Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz (cf Mt 10,38). Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos.

Jesús los asocia a su vida pobre y humilde. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación: “Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” ( Mc 6,12-13).1507 El Señor resucitado renueva este envío (“En mi nombre impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”, Mc 16,17-18) y lo confirma con los signos que la Iglesia realiza invocando su nombre (cf.

Hch 9,34; 14,3). Estos signos manifiestan de una manera especial que Jesús es verdaderamente “Dios que salva” (cf Mt 1,21; Hch 4,12).1508 El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación (cf 1 Co 12,9.28.30) para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades.

Así san Pablo aprende del Señor que “mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” ( 2 Co 12,9), y que los sufrimientos que tengo que padecer, tienen como sentido lo siguiente: “Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” ( Col 1,24).1509 “¡Sanad a los enfermos!” ( Mt 10,8).

La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña. Cree en la presencia vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta presencia actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da la vida eterna (cf Jn 6,54.58) y cuya conexión con la salud corporal insinúa san Pablo (cf 1 Co 11,30).1510 No obstante, la Iglesia apostólica tuvo un rito propio en favor de los enfermos, atestiguado por Santiago: “Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor.

Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados” ( St 5,14-15). La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia (cf DS 216; 1324-1325; 1695-1696; 1716-1717).

Un sacramento de los enfermos 1511 La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos: «Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por Marcos (cf Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (Concilio de Trento: DS 1695, cf St 5, 14-15).1512 En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos practicadas con aceite bendito.

En el transcurso de los siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de “Extremaunción”. A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía a su salvación (cf.

DS 1696).1513 La Constitución apostólica Sacram Unctionem Infirmorum del 30 de noviembre de 1972, de conformidad con el Concilio Vaticano II (cf SC 73) estableció que, en adelante, en el rito romano, se observara lo que sigue: «El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: Per istam sanctam unctionem et suam piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia Spiritus Sancti, ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet (“Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad”)» ( Sacram Unctionem Infirmorum ; cf CIC, can.847, § 1).

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II. Quién recibe y quién administra este sacramento En caso de grave enfermedad,1514 La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” ( SC 73; cf CIC, can.1004, § 1; 1005; 1007; CCEO, can.738).1515 Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento.

  • En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava.
  • Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante.
  • Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.”.llame a los presbíteros de la Iglesia” 1516 Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos (cf Concilio de Trento: DS 1697; 1719; CIC, can 1003; CCEO.

can.739,1). Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.

III. La celebración del sacramento 1517 Como en todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria (cf SC 27), que tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor.

Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el “viático” para el “paso” a la vida eterna.1518 Palabra y sacramento forman un todo inseparable.

  • La Liturgia de la Palabra, precedida de un acto de penitencia, abre la celebración.
  • Las palabras de Cristo y el testimonio de los Apóstoles suscitan la fe del enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza de su Espíritu.1519 La celebración del sacramento comprende principalmente estos elementos: “los presbíteros de la Iglesia” ( St 5,14) imponen —en silencio— las manos a los enfermos; oran por los enfermos en la fe de la Iglesia (cf St 5,15); es la epíclesis propia de este sacramento; luego ungen al enfermo con óleo bendecido, si es posible, por el obispo.

Estas acciones litúrgicas indican la gracia que este sacramento confiere a los enfermos. IV. Efectos de la celebración de este sacramento 1520 Un don particular del Espíritu Santo, La gracia primera de este sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez.

Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte (cf. Hb 2,15). Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios (cf Concilio de Florencia: DS 1325).

Además, “si hubiera cometido pecados, le serán perdonados” ( St 5,15; cf Concilio de Trento: DS 1717).1521 La unión a la Pasión de Cristo, Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo: en cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración con la Pasión redentora del Salvador.

El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.1522 Una gracia eclesial, Los enfermos que reciben este sacramento, “uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios” ( LG 11). Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo.

Y el enfermo, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.1523 Una preparación para el último tránsito, Si el sacramento de la unción de los enfermos es concedido a todos los que sufren enfermedades y dolencias graves, lo es con mayor razón “a los que están a punto de salir de esta vida” ( in exitu viae constituti ; Concilio de Trento: DS 1698), de manera que se la llamado también sacramentum exeuntium (“sacramento de los que parten”; ibid,).

La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida.

Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos combates antes entrar en la Casa del Padre (cf ibid,: DS 1694).V. El viático, último sacramento del cristiano 1524 A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático.

Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” ( Jn 6,54).

Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre ( Jn 13,1).1525 Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada “los sacramentos de la iniciación cristiana”, se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, “los sacramentos que preparan para entrar en la Patria” o los sacramentos que cierran la peregrinación.

¿Cuál es el misterio más importante que nos manifiesta Jesús?

De Wikipedia, la enciclopedia libre Misterio pascual designa la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión a los cielos de Jesucristo, Por Misterio Pascual se entiende este conjunto de acontecimientos, históricos y meta-históricos, entendidos como una unidad inseparable en sus diversos elementos.

  • Para la teología cristiana, el Misterio Pascual es el principal artículo de fe y el contenido esencial de la predicación y misión de la Iglesia.
  • En verdad, para los cristianos, fue por el Misterio Pascual de Cristo que se consumó la salvación de todos los hombres y se inauguró el tiempo nuevo de la Redención.

Es por el Misterio Pascual que todos los hombres son salvos y participan de la vida divina. Luego, se puede entender el Misterio Pascual el supremo sacrificio, de valor infinito, que Jesús ofreció a Dios Padre a favor de la salvación de todos los hombres y mujeres.

¿Qué debo hacer para entrar en la presencia de Dios?

¿Cómo entrar en la presencia de Dios? La oración es entrar en la presencia de Jesús y dejar que Él se descalce para entrar en nuestro corazón. Acercarse a él por medio de nuestro corazón humano, con actos de fe, esperanza y caridad.

¿Qué es el don de las lágrimas?

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Este artículo o sección necesita referencias que aparezcan en una publicación acreditada, Este aviso fue puesto el 19 de diciembre de 2016.

El don de lágrimas o compunción es un don místico que Dios otorga a algunas personas o santos según la religión católica o catolicismo, La expresión “gracia o don de lágrimas” aparece por primera vez en De virginitate, obra atribuida a San Atanasio,

  1. Se trata de un don extremadamente raro.
  2. Se trata de una gracia sobrenatural que concede Dios a algunas almas que llegan a derramarlas copiosamente bajo el influjo de la misma y con provecho del espíritu, pues otorga una consolación sin límites.
  3. En el Sermón de la Montaña, Jesús declara “bienaventurados a los que lloran porque ellos serán consolados” (Mt.5, 5) “porque reirán” (Lc.6, 21).

Por si fuera poco, el propio Jesucristo, Dios encarnado, hombre verdadero y en cuanto tal, fuera del jardín del Edén (Gn.3,24), en este Valle de lágrimas, lloró, como todos los hombres, que, por algún motivo lloran. Y lloró por la muerte de su amigo Lázaro, junto a María, la hermana de éste (Jn 11; 33, 35), y lloró al ver la ciudad de Jerusalén (Lc.19, 41).

¿Qué se siente cuando Dios te habla?

¿Cómo se reconoce la revelación? – No hay una manera única de describir la revelación. Dios nos habla a cada uno de manera que podamos entender (véase Doctrina y Convenios 1:24 ). Las personas a veces experimentan sueños y visiones, pero más a menudo, Dios nos habla por medio de sentimientos apacibles del Espíritu Santo, como calidez, paz o gozo.

¿Qué tienes que hacer para recibir el don del Espíritu Santo?

La recepción del Espíritu Santo –

¿Qué debemos hacer para recibir la compañía constante del Espíritu Santo?

Después de que las personas se han bautizado, se les confirma miembros de la Iglesia y se les otorga el don del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos. El Señor dijo: “Y por la imposición de manos confirmaréis en mi iglesia a quienes tengan fe, y yo les conferiré el don del Espíritu Santo” ( D.

  1. Y C.33:15 ).
  2. Todo élder digno de la Iglesia, cuando se le ha autorizado, puede otorgar el don del Espíritu Santo a otra persona.
  3. Sin embargo, eso no garantiza que esa persona reciba inspiración y guía del Espíritu Santo solamente porque los élderes le pusieron las manos sobre la cabeza.
  4. Cada persona debe “recibir el Espíritu Santo”.

Eso significa que el Espíritu Santo vendrá a nosotros sólo cuando seamos fieles y deseemos la ayuda de ese mensajero celestial. Para ser dignos de recibir la ayuda del Espíritu Santo, debemos tratar anhelosamente de obedecer los mandamientos de Dios, y mantener nuestras acciones y nuestros pensamientos puros.

¿Cómo me puedo comunicar con el Espíritu Santo?

Resumen – El objetivo de este artículo es explicar la manera como habla el Espíritu Santo. Se ha escogido Hechos 13:1-4 como referente porque en este pasaje se encuentra una sucesión de frases. En una de ellas habla el Espíritu Santo, pero en las otras, la intervención humana parece ‘ser’ la que habla o decide. Qué Significa La Imposición De Las Manos Derechos de autor 2022 Saulo Caleb Cruz Huaranga Esta obra está bajo licencia internacional Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObrasDerivadas 4.0,

¿Donde dice que Jesús impuso manos?

Las manos de Jesús y sus apóstoles – Cuando llegamos a los Evangelios y Hechos, encontramos un cambio notable en el uso típico de “la imposición de manos”. Una pequeña muestra todavía transmite el sentido general/negativo (el de dañar o aprovecharse, relacionado con los escribas y sacerdotes que buscan arrestar a Jesús, Lc.20:19; 21:12; 22:53), pero ahora con el Hijo de Dios mismo entre nosotros, encontramos un nuevo uso positivo de la frase, ya que Jesús pone sus manos sobre las personas para bendecir y sanar.

La práctica más común de Jesús para sanar es el tacto, que a menudo se describe como “imponer las manos sobre” el que iba a ser sanado (Mt.9:18; Mr.5:23; 6:5; 7:32; 8:22-25; Lc.13:13). Jesús también “pone sus manos” sobre los niños pequeños que vienen a Él, para bendecirlos (Mt.19: 13-15; Mr.10:16). En Hechos, una vez que Jesús ha ascendido al cielo, sus apóstoles (en efecto) se convierten en sus manos.

Ahora ellos, como su Señor, sanan con el tacto. Ananías “pone sus manos” sobre Pablo, tres días después del encuentro en el camino de Damasco, para restaurar su vista (Hch.9:12, 17). Y las manos de Pablo, a su vez, se convierten en canales de extraordinarios milagros (Hch.14:3; 19:11), incluyendo la imposición de sus manos sobre un hombre enfermo en Malta para sanarlo (Hch.28:8).

¿Qué dice Primera de Timoteo 4 16?

16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te a salvarás a ti mismo y a los que te oigan.

¿Qué influencia tuvo la imposición de manos en el ministerio del apóstol Pablo?

IMPOSICION DE MANOS Imposición de manos (heb. sâm yâdayim al, “poner las manos sobre”). Acto realizado en diversas circunstancias y con diferentes propósitos: 1. Presentación de animales para el sacrificio. Con frecuencia, el ofrendante poní­a sus manos sobre el animal consagrado para el sacrificio antes de degollarlo (Lev 1:2-4; 3:1, 2); es decir, lo presentaba como su sustituto.

En otras ocasiones era el sacerdote quien imponí­a las manos sobre la cabeza del animal (Exo 29:9, 10, 19; cf vs 29, 30; Lev 4:3, 4; 16:21).2. Bendición. Jacob puso sus manos sobre las cabezas de Efraí­n y de Manasés (Gen 48:14, 20), y Cristo las puso sobre los niños y los bendijo (Mar 10:16).3. Daño o castigo.

Dios dijo que pondrí­a su mano sobre Egipto para liberar a Israel (Exo 7:4). Los dirigentes judí­os buscaron “cómo echarle mano” a Jesús (Mat 21:46; Luk 20:19; cf 22:53).4. Sanamiento. Cristo frecuentemente poní­a sus manos sobre los que sanaba (Mar 6:5; Luk 4:40; 13:13), como lo hicieron también sus discí­pulos (Act 9:17; cf Mar 16:18).5.

Ordenación para el servicio a Dios. La congregación de Israel recibió instrucciones de imponer las manos sobre los levitas para que esa tribu fuera puesta aparte para el servicio divino (Num 8:9-11). Pablo y Bemabé fueron consagrados al ministerio por la imposición de las manos (Act 13:2, 3), como lo fue también Timoteo (1 Tit 4:14; 2 Tit 1:6).

Pablo advirtió a Timoteo que no se apresurara a imponer las manos sobre ningún hombre (1 Tit 5:22). Heb 6:2 enumera la imposición de manos entre las doctrinas elementales de la iglesia cristiana.6. Derramamiento del Espí­ritu Santo (Act 8:17; 9:17; 19:6).

  1. Véase Azazel; Dí­a de la Expiación.
  2. Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico gesto simbólico muy común en las Escrituras, que se llevaba a cabo con diferentes significados y finalidades.
  3. Se imponí­an las manos para bendecir a alguien, Jacob lo hizo, antes de morir, para bendecir a los hijos de José, Manasés y Efraí­m, Gn 48, 14.

Jesús bendecí­a a los niños imponiéndoles las manos, Mt 19, 13-15; Mc 10, 13-16; Lc 18, 15-17. Para comunicar a alguien una dignidad e impartirle órdenes, así­ cuando Josué fue hecho jefe de los israelitas, como sucesor de Moisés, y éste le impuso su mano, delante de todo el pueblo, Nm 27, 18-23; Dt 34, 9.

En los holocaustos, el oferente imponí­a sus manos sobre la cabeza de la ví­ctima, para significar que es su propio sacrificio, Lv 1, 4/7/12; 4, 4 y 24; 8, 14/18/22; 16, 21. En gran dí­a de la expiación, el sacerdote le imponí­a las manos sobre la cabeza al macho cabrí­o que se soltaba en el desierto, para que cargara con todos los pecados del pueblo de Israel, Lv 16, 21-22.

Al blasfemo condenado a lapidación los miembros de la comunidad le imponí­an las manos antes de ejecutarlo, Lv 24, 14. Jesús imponí­a las manos a los enfermos para sanarlos, Mc 6, 5; 7, 32; Lc 4, 40; 13, 13; Jesús les dijo a sus discí­pulos que uno de los signos que acompañarán a quienes crean en él, será el de imponer las manos en su nombre a los enfermos y sanarlos, Mc 16, 18.

  • En la época apostólica con este gesto se curaba a los enfermos, así­ le devolvió Ananí­as la visión a Saulo, Hch 9, 12 y 17.
  • Con este gesto de la i. de las m.
  • Se nombraba a alguien para un cargo en la Iglesia o para darle una responsabilidad, sobre lo cual se dice que se debe tener cuidado, que no hay que precipitarse en imponer las manos a cualquiera, Hch 5, 22; como cuando se eligió a los Siete, Hch 6, 6; el Espí­ritu Santo escogió a Saulo y a Bernabé como misioneros, la comunidad les impuso las manos y los enviaron, Hch 13, 3; para transmitir una gracia o carisma, como el que consagra al ministerio a Timoteo, 1 Tm 4, 14; 2 Tm 1, 6; Hb 6, 2.

Se imponen las manos a los bautizados para transmitirles el Espí­ritu Santo, como lo hicieron los apóstoles Pedro y Juan con los de Samarí­a, Hch 8, 17. En Efeso Pablo encontró unos discí­pulos que no habí­an recibido el Espí­ritu Santo, pues sólo habí­an tenido el bautismo de Juan, y el Apóstol les impuso las manos y vino sobre ellos el Espí­ritu Santo, comenzaron a profetizar y a hablar en lenguas, Hch 19, 1-6.

  • Al ver esto, un tal Simón, ofreció dinero a los apóstoles para que le transmitieran el poder de hacer venir al Espí­ritu Santo sobre aquel a quien él impusiera sus manos.
  • Pedro le recriminó su conducta y le respondió: †œQue tu dinero sea para ti tu perdición; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero†.

Simón se arrepintió, lloró y pidió a los apóstoles que rogaran a Dios por él, Hch 8, 18-24. De este episodio viene la palabra simoní­a, para significar el tráfico comercial con las cosas santas, Incienso, gomorresina que se extrae de las incisiones en el tronco de algunas burceráceas, que se solidifica al contacto con el aire, y que al arder despide un olor agradable.

En el Santuario y en el Templo de Salomón habí­a un altar para quemar el i., recubierto de oro puro, Ex 30, 1, 9; 37, 25-28; 39, 38;40, 5 y 27; 1 R 6, 20-21. (Ct 3, 6). Las oblaciones debí­an acompañarse de una ofrenda de i., Lv 2, 1-2 y 15-16; 6, 7-11; Sobre cada hilera de seis panes de la Presencia, se poní­a i.

puro, Lv 24, 7. Los únicos que podí­an ofrecer i. delante de Yahvéh eran los descendientes de Aarón; por violar esta norma fueron castigado Coré y su cuadrilla, Nm 16; 17, 5; Nadab y Abihú murieron por ofrecer incienso que Yahvéh no habí­a mandado, Lv 10, 1-2; el rey Ozí­as enfermó de lepra al querer ofrecer incienso por su cuenta, 2 Cro 26, 16-18.

  • Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003
  • Fuente: Diccionario Bíblico Digital
  • En el AT este acto simboliza ( 1 ) el conferir de derechos de herencia por parte de los padres (Gen 48:14-20), ( 2 ) los dones y derechos de un puesto (Num 27:18, Num 27:23; Deu 34:9 y ( 3 ) sustitución de un animal por la culpa de uno (Exo 29:10, Exo 29:15, Exo 29:19; Lev 1:4; Lev 3:2, Lev 3:8, Lev 3:13; Lev 4:4, Lev 4:15, Lev 4:24, Lev 4:29, Lev 4:33; Lev 8:14, Lev 8:18, Lev 8:22; Lev 16:21; comparar Gen 22:9-13), de levitas por los primogénitos de las otras tribus (Num 8:10-19), de la inocencia de uno por la culpabilidad de otro (Lev 24:13-16; Deu 13:9; Deu 17:7). En el NT el acto simboliza ( 1 ) el conferir de bendiciones y la bendición (Mat 19:13, Mat 19:15; Luk 24:50), ( 2 ) la restauración de la salud (Mat 9:18; Act 9:12, Act 9:17), ( 3 ) la recepción del Espí­ritu Santo en el bautismo (Act 8:17, Act 8:19; Act 19:6) y
  • ( 4 ) los dones y derechos de un puesto (Act 6:6; Act 13:3; 1Ti 4:14; 2Ti 1:6).

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano Acto mediante el cual se simbolizaba el otorgamiento de una bendición. Jacob, al bendecir a †¢Efraí­n y †¢Manasés, puso sus manos sobre sus cabezas (Gen 48:14). Así­, el Señor Jesús, para bendecir a unos niños, poní­a sus manos sobre ellos y oraba (Mat 19:13-15); y para dar la bendición de la sanidad, poní­a sus manos sobre los enfermos (Mar 1:41).

Además, la i. de m. expresaba la identificación con el animal sacrificado en holocausto (Lev 1:4) y la trasmisión de la culpa hacia el cordero de la expiación (Lev 4:3-4). También para un nombramiento se imponí­an las manos. Dios ordenó a Moisés que pusiera sus manos sobre Josué para nombrarlo su sucesor (Num 27:18-23) y de esta manera †œfue lleno de sabidurí­a, porque Moisés habí­a puesto sus manos sobre él† (Deu 34:9).

Los apóstoles †œimpusieron las manos† y oraron al nombrar a los siete diáconos (Hch 6:6). Y los lí­deres de la iglesia de Antioquí­a, tras recibir órdenes del Espí­ritu Santo, †œimpusieron las manos† a Bernabé y Saulo (Hch 13:1-3). Pablo aconsejó no hacer eso con ligereza (1Ti 5:22).

  1. Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano
  2. tip, DOCT TIPO CERE
  3. ver, IGLESIA, CARISMAS, ANCIANOS

vet, Acto simbólico que consiste en poner las manos sobre una persona o un animal para transmitir un don, un poder, o una culpa. En el sacrificio anual del Dí­a de la Expiación, el sacerdote poní­a las manos sobre el camero vivo, confesando sobre él las iniquidades de Israel.

Así­, poní­a sobre él las iniquidades del pueblo. Cargado con ellos, el carnero vivo las llevaba al desierto (Lv.16:20-22). Se trataba de un rito de transmisión. Moisés consagró a Josué como sucesor suyo mediante la imposición de manos. Con ello le transmitió su dignidad y poder (Nm.27:18-23; Dt.34:9). También se podí­an transmitir maldiciones de esta manera (Lv.24:14).

Los padres bendecí­an a sus hijos imponiéndoles las manos (Gn.48:14). En el NT, la imposición de manos significa siempre una bendición; Jesús obró así­ muchas curaciones (Mt.9:18; Mr.5:23; 6:5; 8:23, 25, etc.) empleó esta acción al bendecir a los niños (Mr.10:16), se menciona también en relación con ciertas curaciones en Hechos (Hch.9:12, 17; 28:8).

  1. En ocasiones se comunicó con las manos el don del Espí­ritu Santo (Hch.8:17; 19:6).
  2. En la iglesia de Jerusalén los apóstoles consagraron a sus ayudantes mediante la imposición de manos (Hch.6:6).
  3. Pablo y Bernabé y más tarde Timoteo son iniciados en sus cargos con este rito (Hch.13:3; 1 Ti.4:14; 2 Ti.1:6).

Esta ceremonia no es una ordenación estableciendo una función ni un privilegio jerárquico, como lo prueba la doble imposición recibida por Pablo en Damasco (Hch.9:17) y en Antioquí­a (Hch.13:3). En este caso la imposición confirma el don espiritual que sólo puede ser conferido por el Espí­ritu Santo.

Se ha de procurar no imponer las manos a ninguno a la ligera (1 Ti.5:22). Nada en las Escrituras permite ligar obligatoriamente la recepción de ninguna gracia con el rito de la imposición de manos. Dios permanece soberano y libre en el empleo de sus medios, y permanece la norma de que “el justo, por la fe vivirá”.

En todo el libro de Hechos hay sólo dos pasajes que mencionen este rito en relación con el Espí­ritu Santo (Hch.8:17; 19:6). En el caso de Saulo (Hch.9:17), la imposición de manos por parte de Ananí­as parece que tiene que ver con la curación de la ceguera de Saulo.

Así­, es erróneo decir que la imposición de las manos sea necesaria para recibir el Espí­ritu Santo, cuando tantos textos mencionan la sola condición de la fe (Jn.7:39; Gá.3:2, 13-14; Ef.1:13, etc.). Lo mismo sucede con la curación: Cristo y los apóstoles utilizaron los medios más diversos: toque (Mt.8:3), la palabra (Mt.8:13, 16), acción a distancia (Mt.15:28), saliva (Mr.8:23), oración (Hch.9:40), paños (Hch.19:12), etc.

El gran texto de Stg.5:15 habla de la unción del aceite y de la oración de la fe, pero nada dice de la imposición de manos. En resumen, queda claro que uno puede ser llamado al ministerio de una manera directa por Dios, sin que medie ninguna imposición de manos.

  1. Hemos visto que la iglesia de los tiempos apostólicos utilizaba este rito, pero ningún texto hace de ello una ley, sino que el Espí­ritu sopla donde quiere (cfr.
  2. Jn.3:8; Nm.11:26-30; Lc.9:49, 50).
  3. No hay otra cosa precisa sino que el hombre llamado y capacitado por Dios (como Pablo, p.
  4. Ej., Gá.1:1) ejerza su ministerio en el marco del cuerpo de Cristo y para la común utilidad (1 Co.12:7; Ef.5:21).

(Véanse IGLESIA, CARISMAS, ANCIANOS.) Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado Gesto y postura de las manos de una persona sobre otra con un determinado significado suprasensorial. En muchos pueblos y entornos culturales es el gesto simbólico de un buen deseo, de una transmisión de poder espiritual, de una influencia, orden o misión que se confí­a.

En la Iglesia católica es signo litúrgico de bendición y de acogida, o de transmisión de una misión o de una gracia espiritual. Es el signo sensible del sacramento del orden sacerdotal. Pero su base viene de la cultura judaica y aparece con frecuencia en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. En el Antiguo se alude a ese gesto ya desde las primeras páginas sagradas: Ex.29.10; Num.8.12; Lev.24.14; Deut.13.14.

Luego se repite en diversos relatos: Salmo 139.5; 2 Rey.13.16. En el Nuevo aparece como gesto de Jesús que cura imponiendo las manos: Mt.19.13; Mc.5.23 y Mt.9.18; Lc.4.40. Y sobre todo se hace referencia a él en las Cartas y en los Hechos: Hech.8.17-19; Hech.9.12; Hech.19.6; 1 Tim.4.14; Hebr.6.2; 2 Tim.1.6) Luego se mantiene en los primeros tiempos cristianos.

Desde la Edad media queda relegado en Occidente a diversos gestos sacramentales, aunque en Oriente se mantiene como signo de bendición de despedida o de enví­o. Con todo en Occidente algunos movimientos neocatecumenales, pentecostales o carismáticos entre los católicos lo recuperan en sus ritos peculiares y en sus formas distintivas de plegaria y de relación interpersonal habitual.

En la liturgia latina se indica como gesto asociado a las bendiciones solemnes o impartidas por las jerarquí­as eclesiales. Con todo el pragmatismo occidental convierte este gesto ya desconocido en algo inexpresivo para la mayor parte de la gente, aunque sea creyente y tenga cierta cultura religiosa.

  • Por eso es dudoso que merezca la pena resaltar su importancia histórica en las catequesis ordinarias o sacralizar demasiado un signo que no goza de simpatí­a por el uso frecuente o la significación clerical o jerárquica que con frecuencia resulta neutra en una cultura más democrática o secular como la que invade tantos ambientes, sobre todo juveniles.
  • Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006
  • Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa
  • DicEc Â

En distintas religiones encontramos el acto simbólico impresionante de colocar la mano, o las manos, sobre una persona. Se encuentra con frecuencia en rituales de curación, por lo general dando a entender que el que cura es una persona que tiene poder (cf Mc 5,27-30: aquí­ por el contrario el que cura es tocado). Aparece en el Antiguo Testamento como un signo de bendición (Gén 48,13-16), como un signo de consagración, de elección, de donación (Núm 8,10; 27,15-23; Dt 34,9), como un signo de identificación en el caso de las ofrendas sacrificiales (Lev 1,4; 3,2) y del chivo expiatorio (Lev 16,21-22). En el Nuevo Testamento encontramos a Jesús poniendo las manos sobre los niños como signo de bendición (Mc 10,16; Mt 19,13). Con frecuencia pone las manos sobre los enfermos para curarlos (cf Mc 1,41; 8,23-26; Lc 4,40; 13,13), pero a veces expulsa los malos espí­ritus o cura sólo con la palabra (cf Mc 2,9-11; 5,8-13; 9,25). A la Iglesia se le confiere un ministerio de curación, que ejerce con frecuencia por medio de la imposición de las manos (Mc 16,18; He 9,12.17; 28,8), aunque no exclusivamente (cf Sant 5,14; He 5,15). La imposición de manos de los apóstoles transmite el don del Espí­ritu Santo (He 8,17-19; 19,6). Encontramos también imposición de manos al elegir a alguien para un oficio o tarea (He 6,6; 13,3; 2Tim 1,6-7). La ocasión o significación de determinadas imposiciones (1Tim 4,14; 5,22; Heb 6,2) no está siempre clara. En los textos neotestamentarios la imposición de manos de los apóstoles puede considerarse que tiene dos significados: es una >epiclésis o invocación del Espí­ritu o de los dones divinos; implica una comunión entre el que toca y el que es tocado. En la >Tradición apostólica (TA) se observa una práctica muy desarrollada, así­ como una teorí­a emergente, de la imposición de manos. El obispo pone la mano sobre los candidatos al episcopado, el presbiterado y el diaconado, así­ como sobre algunos >confesores. Se dice explí­citamente que no se realiza la imposición de manos con los >subdiáconos, >viudas, >ví­rgenes, >lectores y curanderos. Sólo el obispo impone las manos al candidato al diaconado. La razón de ello es que “el diácono no es ordenado para el sacerdocio” (TA: 8/9,2) y que “no recibe el espí­ritu común al presbiterio, del que participan los sacerdotes” (8/9,4). Por otro lado, los miembros del presbiterio signan al candidato (sphragizein) poniendo sobre él la mano, mientras que el obispo ordena (cheirotonein). Esto se debe al espí­ritu común que tienen; el sacerdote tiene poder para recibir, pero no para transmitir el Espí­ritu (8/9,5-8). La imposición de manos es un aspecto importante del catecumenado: el >maestro impone la mano sobre los candidatos después de orar (19/19,1); en el perí­odo inmediatamente anterior al bautismo reciben la imposición de manos diariamente para el exorcismo (20/20,3); el obispo realiza un exorcismo final imponiendo la mano (20/ 20,3, 8). El que bautiza coloca la mano sobre los candidatos que confiesan su fe en el momento mismo del bautismo (21/21,14). En las >Constituciones apostólicas, de finales del siglo IV, se distingue cuidadosamente entre dos formas de imposición de manos: cheirotonia es el término usado para la ordenación de obispos, sacerdotes, diáconos y subdiáconos; cheirothesia es la palabra usada para otras imposiciones de mano(s) del ritual del bautismo, la reconciliación de penitentes o las bendiciones. La diferencia entre ambas es explí­cita y consciente: los bautizados no son ordenados, y sólo el obispo ejerce la cheirotonia, mientras que los sacerdotes pueden usar la cheirothesia”. Para Agustí­n, el sentido de la imposición de manos en el bautismo era el de la oración: “¿Qué es esto sino orar sobre una persona?”. A mediados del siglo XX se produjo una importante reorientación de la manera de entender los sacramentos: los sacramentos se vieron como acciones salví­ficas de Cristo; se subrayó la dimensión pneumatológica, afirmándose que el Espí­ritu opera, o incluso se da, en cada uno de los sacramentos. Ambas ideas encontrarán expresión adecuada en una renovada insistencia en la imposición de las manos. La imposición de manos es central en la liturgia posterior al Vaticano II: hay imposición de manos en silencio en la ordenación de diáconos, sacerdotes y obispos, así­ como en la >unción de enfermos; hay una imposición de manos solemne sobre los confirmandos (>Confirmación), que sirve de preparación a la unción, vista esta a su vez como una imposición de mano; el sacramento de la >reconciliación tiene también imposición de mano en el acto de la absolución; en la misa la primera epiclésis sobre el pan y el vino va unida a una imposición de manos, y los concelebrantes extienden las manos sobre la hostia y el cáliz durante la consagración; la bendición solemne del final de la misa va acompañada también de imposición de manos sobre la asamblea; la bendición con el signo de la cruz puede considerarse también como una bendición de mano. El sí­mbolo de la imposición de manos ha de interpretarse siempre de acuerdo con la oración que lo acompaña. Puede ser una forma sacramental o puede ser una oración de bendición o de curación. No hay razón alguna para decir que la imposición de manos ha de limitarse a los clérigos. La usan también legí­timamente, en oraciones de curación, los laicos, especialmente en los grupos carismáticos. Hay que plantearse la cuestión teológica de cómo ha de entenderse la imposición de manos. ¿Ha de verse la imposición de manos de uno como una fuente de poder, o se trata más bien de un gesto de oración, de una epiclésis? Aunque los estudiosos mantienen al respecto puntos de vista diferentes, quizá sea preferible ver la imposición de manos como un sí­mbolo de epiclésis. En el caso de los sacramentos tenemos la garantí­a de que la oración será escuchada si el receptor está adecuadamente dispuesto (es el efecto ex opere operato); en el caso de las oraciones de curación y en las imposiciones de manos no sacramentales, no existe tal garantí­a (es ex opere operantis). Los que ejercen en la Iglesia el ministerio de la curación suelen hablar de que sienten el poder de la curación pasar a través de ellos a la persona. Otros con dones no menos notables no parecen experimentar esta sensación, o haberla experimentado sólo al comienzo de su ministerio. Este tipo de percepciones están todaví­a a la espera de una investigación adecuada. Puede no obstante afirmarse que el simbolismo primario de la imposición de manos es el de la invocación o epiclésis, aun cuando Dios pueda servirse del curandero como instrumento fí­sico, o en determinados casos pueda haber implicados ciertos poderes psí­quicos.

  1. Por importantes que sean las cuestiones teológicas, no se puede olvidar tampoco la importancia del calor humano que va unido al sí­mbolo de la imposición de manos, tanto en los contextos sacramentales como en los extrasacramentales.
  2. Christopher O´Donell – Salvador Pié-Ninot, Diccionario de Eclesiologí­a, San Pablo, Madrid 1987
  3. Fuente: Diccionario de Eclesiología
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La imposición de las manos es una realidad que está presente tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Tratamos enseguida de vislumbrar cómo era este rito a través de algunos pasajes bí­blicos para especificar claramente de qué se trata. La antigua Alianza contempla el gesto de la imposición de manos, tanto en relación con las ofrendas que ritualmente se presentaban al Señor, los sacrificios, como en la elección de los lí­deres que guiaban al pueblo de Dios.

  • Antiguo testamento La expresión “imposición de manos” es un gesto que se realizaba en Israel en una situación de sacrificio.
  • En un contexto no sacrificial demuestra quién es el objeto de la acción ritual.
  • La mayorí­a de los ejemplos de este gesto se apoyan en el documento llamado Sacerdotal y se describe con el verbo hebreo samak (apoyarse contra, soportar).

Fuera de la Tradición Sacerdotal, “la imposición de las manos” se encuentra dos veces, una vez con el verbo samak (2 Cro 29, 33) y otra descrita por los verbos í­m y sit (Gn 48, 14.17.18). Estos verbos significan “colocar”, “poner”. Los ejemplos encontrados con el verbo samak pueden ser organizados en dos categorí­as distinguidas por el contexto del rito, su forma fí­sica y sus significados.

  • Primera categorí­a La mayorí­a de los casos del gesto sucede en el contexto de sacrificio.
  • Aquí­ el que trae la ofrenda pone una mano sobre la cabeza del animal que va a ser ofrecido (Lv 1, 4; 3, 2.8.13; 4, 4.24.29.33).
  • Si un grupo de gente realiza el gesto juntos, presumiblemente cada uno de ellos pone una mano sobre la cabeza del animal (Ex 29, 10.15.19; Lv 4, 15; 8, 14.18.22; Nm 8, 12; 2 Cro 29, 33).

Esta forma de poner una mano en los sacrificios, está mejor explicada como ritual, atribuyendo el animal al oferente; ello indica que el rito sacrificial entero, pertenece a él o a ella, aunque otros (sacerdotes y otros auxiliares) participan realizando la ofrenda más tarde en el rito.

Esta interpretación se confirma por el hecho que tiene sentido en la falta del gesto con aves y ofrendas cereales (Lv 1, 14-17; 2; 5, 7-13). Estas ofrendas son pequeñas y al ser llevadas por el oferente, no era necesaria la colocación de la mano. Otra realidad muy distinta es la imposición de la mano sobre los levitas (Nm 8, 10) y debe ser entendida bajo el principio arriba mencionado.

Por este gesto los israelitas muestran que sus levitas son ofrenda a Dios y que los beneficios del servicio de los levitas serí­a acumulado a ellos. segunda categorí­a Tres casos del gesto en la Biblia descritos con el verbo samak son no sacrificiales y aparece para ser realizado con las dos manos, en vez de una.

  1. El ejemplo más claro está en el libro del Leví­tico (Lv 16, 21).
  2. Los otros dos lugares son menos claros con relación a cuántas manos son usadas (Nm 27, 18; Lv 24, 14).
  3. Finalmente la imposición de manos, descrita con sí­m sit, puede ser entendida como el último de los tres ejemplos, como un medio de designar quiénes son los recipiendarios de la bendición (Gn 48, 14-18).

Un gesto referido a la imposición de manos para la bendición es la extensión de las manos de Aarón sobre el pueblo (Nm 9, 22). nuevo testamentoLa expresión “imposición de manos” es una traducción tomada del griego de la versión griega de los LXX que depende de la versión hebrea que usa el verbo samak (presionar o imponer la mano sobre) o sí­í­t o (poner la mano sobre).

El Nuevo Testamento usa la expresión “imponer las manos”, no con el carácter sacrificial del Antiguo Testamento, sino que los pasajes neotestamentarios se relacionan con curaciones, las bendiciones, el bautismo y el Espí­ritu. El contexto es siempre religioso, como demuestra la mención frecuente de la oración y obviamente “la imposición de manos” es una acción simbólica.

Tanto en el Antiguo Testamento, como en la tradición rabí­nica la imposición de manos, jamás estaba asociada con las curaciones y seguramente este gesto no era parte esencial de los milagros. Según San Marcos y San Lucas, Jesús ha curado a través de la imposición de las manos (Mc 5, 33; 6, 5; 7, 32; 8, 22-26; Lc 4, 40; 13, 13) y así­ hicieron los cristianos (Mac 16, 18) como Ananí­as (Hech 9, 12.17) y Pablo (Hech 28, 8).

Naturalmente, la curación es comunicada a través de la imposición de las manos. Jesús también bendice a niños a través de la imposición de las manos (Mc 10, 13-16 y paralelos). El pasaje contempla a los niños como teniendo la actitud correcta para la recepción en el reino. Lc 24, 50: “y alzando sus manos los bendijo”.

Deberí­a ser notado aquí­ a través del griego que no es “imposición de manos”. En el libro de los Hechos la imposición de manos se refiere a la recepción del bautismo y al Espí­ritu Santo. Hech 19, 5-6 se indica esto más claramente. En una escena evocadora de Pentecostés, Pablo impone las manos sobre aquellos que han recibido solamente el bautismo de Juan y son ahora bautizados en el nombre de Jesús, y el Espí­ritu Santo vino sobre ellos y hablan en lenguas y profetizan.

Según Hech 9, 17 a través de la imposición de manos de Ananí­as Pablo no solamente recobra la vista sino que es llenado con el Espí­ritu Santo. Del mismo modo, refiere la recepción del Espí­ritu Santo a través de la imposición de manos (Hech 8, 16-19). El mismo Jesús no ordena a los apóstoles a través de la imposición de manos, tampoco Matí­as es a través de la imposición de manos asignado para ocupar el lugar de Judas, entre los Doce.

Sin embargo, la ordenación está asociada con la imposición de manos en el Nuevo Testamento. La ordenación cristiana debí­a también incluir la autoridad apostólica y estar acompañada por la oración.

  • Llamas
  • FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jesús de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001
  • Fuente: Diccionario de Jesús de Nazaret

SUMARIO: I Simbolismo de la mano. II. Significados de la imposición de manos en el AT: 1. Identificación; 2. Transmisión de poderes: 3. Consagración. III. Significados de la imposición de manos en el NT: 1 Poder taumatúrgico de Jesús y de sus discí­pulos; 2.

Valor litúrgico-sacramental; 3. Transmisión del poder sagrado para el servicio de la comunidad. Conclusión.I. SIMBOLISMO DE LA MANO. En el lenguaje simbólico la “mano” tiene una multiplicidad de significados que hay que definir según el contexto. Pensemos en la fuerza expresiva de la mano de Dios (¡y hasta del dedo de su mano!) en la escena de la creación del hombre, en la Capilla Sixtina, de Miguel Angel: sirve para indicar al mismo tiempo el poder, la vitalidad que se comunica, el movimiento y la armoní­a.

A través del toque del dedo de esa mano explota la vida, que anima al cuerpo inerte del primer hombre. Junto con la “palabra”, la mano es uno de los medios más expresivos con que el hombre comunica a los demás sus sentimientos, su voluntad, sus mismos pensamientos; con la mano da cuerpo a sus emociones e intuiciones artí­sticas.

  • En el uso bí­blico la “mano”, referida a Dios, puede expresar su poder: “Israel vio la mano poderosa con que el Señor habí­a obrado contra los egipcios” (Exo 14:31); con su mano Dios creó el cielo y la tierra y dirige su curso (cf Isa 48:13).
  • Referida además al hombre, puede ser sí­mbolo del poder humano: por eso la expresión “caer en manos de alguien” quiere decir “caer bajo su poder” (Gén 32:12; Jue 2:14; Jer 27:6-7).

Puede significar también el Espí­ritu de Dios: “Allí­ mismo el Señor puso su mano sobre mí­ y me dijo” (Eze 3:22; cf 1,3; 3,14; 8,1; 33,22; 37,1; 40,1; I Apo 18:46; etc.). Creo que el gesto de “imponer las manos”, tan frecuente en la Biblia, deriva su significado y su valor sobre todo de esta doble referencia al poder y al Espí­ritu de Dios.

Además, es importante señalar que se da una notable continuidad entre el AT y el NT: Jesús, que “impone” las manos para curar a los enfermos, realiza un gesto de poder, como Yhwh cuando libera a Israel de la esclavitud del faraón. II. SIGNIFICADOS DE LA IMPOSICIí”N DE MANOS EN EL AT. El AT reconoce diversas “imposiciones de manos”, con significados diversos.1.

IDENTIFICACIí”N. Hay una imposición de manos que podrí­amos definir también de identificación –es decir, tendente a expresarse y a reconocerse en otra realidad simbólica-, utilizada sobre todo en la liturgia sacrificial, en la cual, al imponer las manos sobre una ví­ctima, se intentaba, por así­ decir, cargarla con los propios sentimientos interiores, que podí­an ser de acción de gracias, de arrepentimiento o de adoración.

La expresión más caracterí­stica de esta especie de “transfert” espiritual se da en el rito complicado del chivo expiatorio, sobre el que, con ocasión de la fiesta de la expiación, el sumo sacerdote, imponiendo sus manos, descargaba los pecados del pueblo, que de este modo quedaba espiritualmente renovado.

“(Aarón) pondrá las dos manos sobre su cabeza, confesará sobre él todas las faltas de los israelitas, todas sus transgresiones, todos sus pecados y, una vez cargados sobre la cabeza del macho, lo mandará al desierto por medio de un hombre designado para ello; el macho cabrí­o llevará sobre sí­ todas sus iniquidades a tierra desierta.

El macho cabrí­o será abandonado en el desierto” (Lev 16:21-22; cf 1,4; Exo 29:10; etc.),2. TRANSMISIí”N DE PODERES. La imposición de manos puede tener también un significado de transmisión de poderes, una especie de selección de una persona para una misión especial. Así­, es particularmente significativa la elección de Josué como sucesor de Moisés: “El Señor respondió a Moisés: `Toma a Josué, hijo de Nun, sobre quien reside el espí­ritu, y pon tu mano sobre él.

Preséntalo luego al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad, y en su presencia le darás órdenes y le transmitirás parte de tu autoridad, para que le preste obediencia toda la comunidad israelita'” (Núm 27:18-20). En Deu 34:9 se recoge este mismo concepto: “Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espí­ritu de sabidurí­a, porque Moisés le habí­a impuesto las manos.

A él obedecieron los israelitas, como lo habí­a ordenado Moisés”. Lo que es interesante advertir en estos dos textos es que la imposición de manos sobre Josué le comunica el “espí­ritu de sabidurí­a”, y por eso le da autoridad sobre todo el pueblo; no es una mera indicación de la voluntad humana lo que lo pone al frente del pueblo, sino la libre voluntad de Dios, que le confiere también la fuerza interior (“espí­ritu de sabidurí­a”) para cumplir su no fácil misión.3.

CONSAGRACIí”N. También los levitas eran ofrecidos a Dios para que le perteneciesen como una ofrenda sagrada, mediante la imposición de manos: “Cuando los levitas se hayan acercado ante el Señor, los israelitas pondrán las manos sobre ellos De esta manera separarás a los levitas de los demás israelitas para que sean mí­os” (Núm 8:10-14).

Más que de conferir un poder, en esta imposición de manos se trata de hacer de ellos una especial consagración a Dios y al servicio religioso. III. SIGNIFICADOS DE LA IMPOSICIí”N DE MANOS EN EL NT. Signo visible, a través del cual Dios quiere significar el ofrecimiento de sus dones y sobre todo de su Espí­ritu, el gesto se recoge en el NT para expresar los nuevos dones ofrecidos, por medio de Cristo.

a los hombres y a su Iglesia. Más claramente que en el mismo AT aparece que la imposición de manos es un gesto “eficaz”, es decir, que realiza lo que de alguna manera significa; en términos teológicos podrí­amos decir que tiene un valor “sacramental”.1.

PODER TAUMATÚRGICO DE JESÚS Y DE SUS DISCíPULOS. Esto es evidente sobre todo en la actividad taumatúrgica de Jesús. Véase, por ejemplo, la curación de la mujer encorvada desde hací­a dieciocho años por efecto de la posesión diabólica: “Jesús, al verla, la llamó y le dijo: `Mujer, quedas libre de tu enfermedad’.

Le impuso las manos y, al instante, se enderezó y empezó a alabar a Dios” (Luc 13:12-13). Lo mismo ocurre con la curación del ciego de Betsaida: “Llegaron a Betsaida, le trajeron un ciego y le suplicaron que lo tocase. Jesús cogió de la mano al ciego, lo sacó fuera de la aldea, le echó saliva en los ojos, le impuso las manos Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y vio claramente” (Mar 8:22-23.25).

  1. Y no son éstos los únicos casos.
  2. San Lucas, en un sumario rápido, nos dice que “a la puesta de sol, todos los que tení­an enfermos de cualquier dolencia se los llevaron; Jesús imponí­a las manos sobre cada uno de ellos y los curaba” (Luc 4:40).
  3. Lo que hizo Jesús con la plena autoridad que le vení­a de Dios durante su misión en la tierra, seguirá haciéndolo durante la historia de la Iglesia mediante el ministerio de sus discí­pulos.

En efecto, después de darles la orden de anunciar el evangelio a todas las gentes, Jesús continúa: “A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios, pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán” (Mar 16:17-18).

Está claro que éste no es un poder autónomo, el de los apóstoles, sino participado por ellos del de Cristo resucitado, que está siempre presente entre los suyos: “Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban” (Mar 16:20).

Por eso también Pablo restituye la salud al padre de Publio, gobernador de Malta (Heb 28:8). Es interesante el hecho de que, fuera de los enfermos, Jesús impone las manos sólo a los niños: “Entonces le presentaron unos niños para que les impusiera las manos y rezase por ellos.

Los discí­pulos los regañaban, pero Jesús dijo: `Dejad que los niños se acerquen a mí­ y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios’. Y después de imponerles las manos, continúo su camino” (Miq 19:13-15; cf Mar 10:13-16). Además de ser un signo de afecto, esta imposición de manos sobre los niños significa una especie de bendición y una indicación de que ellos sobre todo pertenecen a Dios: de aquí­ la referencia explí­cita a la oración (“para que rezase por ellos”), que es como una recomendación de estos pequeños a la benevolencia del Padre.2.

VALOR LITÚRGICO-SACRAMENTAL. Más allá del uso amplio de la imposición de manos, documentado especialmente para la actividad taumatúrgica de Jesús y de sus discí­pulos, la Iglesia primitiva utilizaba este gesto sobre todo en el ambiente litúrgico, bien sea para conferir el Espí­ritu en los sacramentos del / bautismo y de la / confirmación, bien para crear ministros al servicio de las diversas comunidades,

Por lo que se refiere a los sacramentos, hay que recordar dos textos de los Hechos de los Apóstoles. Después de la predicación de Felipe en Samaria, enviaron de Jerusalén a Pedro y a Juan para verificar el hecho, dado que era la primera vez que se predicaba el evangelio fuera de Judea: “Llegaron y oraron por los samaritanos para que recibieran el Espí­ritu Santo, pues aún no habí­a bajado sobre ninguno de ellos, y sólo habí­an recibido el bautismo en el nombre de Jesús, el Señor.

Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espí­ritu Santo” (Heb 8:15-17). Aquello debió ser tan llamativo, que Simón mago se vio inducido a pedir, previa la debida compensación, que le dieran también a él el poder de “imponer las manos” para dar el Espí­ritu Santo (v.19).

Por todo el contexto es evidente que la imposición de manos está ordenada a la recepción de algún sacramento, que, a nuestro juicio, deberí­a ser la confirmación, dado que el bautismo está ya claramente presupuesto en el texto. Y es igualmente evidente que el poder de “imponer las manos” vení­a solamente de Dios y que, por eso mismo, no era comerciable.

El otro episodio se refiere a san Pablo, cuando, al llegar a Efeso, se encontró allí­ con algunos discí­pulos que habí­an recibido solamente el bautismo de Juan. Los instruyó, y ellos “al oí­rlo, se bautizaron en el nombre de Jesús, el Señor. Cuando Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos el Espí­ritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar” (Heb 19:5-6).

  • También aquí­ estamos en un clima litúrgico, y la imposición de manos va unida a la efusión del Espí­ritu, que se realiza en el bautismo o, quizá mejor, en el sacramento de la confirmación, que perfecciona al primero y lo ordena sobre todo al testimonio para con los de fuera.
  • En efecto, según el texto, la imposición de manos viene después del bautismo.

También en Heb 6:1-2 el autor recuerda, además de la “doctrina del bautismo”, la “imposición de manos”, que o precisa mejor al mismo bautismo o remite también a la confirmación. De todas formas, queda en pie el hecho de la importancia que muy pronto asumió la imposición de manos, derivada del AT, en la praxis litúrgica de la primitiva Iglesia.3.

  • TRANSMISIí”N DEL PODER SAGRADO PARA EL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.
  • Con este mismo gesto litúrgico la Iglesia antigua transmití­a el “poder sagrado” que habilitaba a sus ministros a realizar determinados servicios en la comunidad con el don del Espí­ritu que se les conferí­a.
  • De forma que no se trataba de una mera designación externa que constituyese a los sagrados ministros, sino de la irrupción del Espí­ritu, que propiciaba el rito y la oración.

Es lo que se percibe en la institución de los siete (diáconos), destinados al servicio caritativo de las mesas para las viudas de los helenistas: “Elegid, pues, cuidadosamente entre vosotros, hermanos, siete hombres de buena reputación, llenos del Espí­ritu Santo y sabidurí­a, y nosotros les encomendaremos este servicio Los presentaron a los apóstoles, los cuales, después de orar, les impusieron las manos”(Heb 6:3.6).

  • También la primera misión de Pablo y de Bernabé se caracteriza por una ceremonia análoga: “Entonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron” (Heb 13:3).
  • Más de un comentarista interpreta todo esto como una ceremonia de despedida y de confiarlos a las manos de Dios, más que de una investidura.

Pero personalmente creemos que estamos aquí­ ante un rito litúrgico de verdadera investidura misionera, celebrada por los responsables y representantes de la comunidad. En las cartas pastorales que, entre otros temas, se ocupan de forma especial del tema de la “sucesión” en el ministerio, la imposición de manos se convierte en el rito normal de transmisión de poderes para guiar y santificar a la comunidad.

Así­, por ejemplo, el autor recuerda en dos ocasiones a Timoteo los deberes derivados de su introducción en el ministerio sagrado: “Por eso te recomiendo que reavives la gracia de Dios, que te fue conferida por la imposición de mis manos. Pues el Señor no nos ha dado espí­ritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de prudencia” (2Ti 1:6-7).

Y también: “No descuides el carisma que has recibido y que se te confirió en virtud del Espí­ritu cuando te impusieron las manos los presbí­teros de la Iglesia” (ITim 4,14). Lo que es importante en estos pasajes es el hecho de que la imposición de manos no es sólo un gesto indicativo de una función en la Iglesia, sino que crea en el sujeto ciertas disposiciones interiores destinadas a cumplir determinadas funciones en la Iglesia.

Por eso se habla en ambos casos de “don espiritual” (járisma) y de “Espí­ritu de fortaleza, de amor y de prudencia”, que se da en la consagración. El Espí­ritu va indisolublemente unido al ministerio, como ya hemos visto también en algunos pasajes del AT. El Espí­ritu y la institución no se oponen, sino que están í­ntimamente ligados entre sí­.

Precisamente por esto, se le pide a Timoteo que sea muy precavido en la elección de los ministros sagrados, para no cargar su conciencia con los pecados de otro: “No impongas a nadie las manos sin haberlo pensado muy bien; no te hagas cómplice de los pecados ajenos.

Consérvate honesto” (ITim 5,22). Si es verdad que el “carisma” viene de Dios y que puede conferirlo a quien quiera, también es verdad que hay que ser muy precavido a la hora de confiar los diversos ministerios eclesiales, para no crear dificultades a los creyentes; cuando las dotes humanas y la “gracia” de Dios colaboran entre sí­, entonces el ministerio sagrado alcanza la mayor eficacia.

También es importante señalar que, en todos los casos anteriormente recordados, la imposición de las manos para conferir un servicio ministerial la hacen personas cualificadas, aunque no siempre apóstoles, pero nunca por la comunidad en cuanto tal. Hay un principio “jerárquico” que se respeta, aunque la comunidad se ve casi siempre comprometida en ello, como, por ejemplo, en el caso de la elección de los siete diáconos (Heb 6:3).

CONCLUSIí”N. Pocos signos como el de la imposición de manos tienen un significado tan múltiple y tan adecuado a las cosas que intentan expresar, por lo que ha encontrado a través de los siglos hasta hoy un uso constante en la praxis litúrgica de la Iglesia; pensemos en la importancia que tiene sobre todo en la consagración episcopal y sacerdotal.

En cierto sentido es siempre la “manus extenta” de Dios la que hoy sigue haciendo prodigios. De aquí­ su carácter tan sugestivo y también la necesidad de redescubrir siempre de nuevo su significado. BIBL.: CORRAN] B., Imposizione delle maní­ nel NT, en “Protestantesimo”27 (1952) 161-171; Cl II MANN O., La fe v el culto en la Iglesia primitiva, Madrid 1971; FERGUSON E., Laying on of Hands: its,Significante in Ordinal ion, en “JTS, NS” 26 (1975) 1-12; GRAYSTON K., 7he Significanee of the Word Hand in the NT, en Fs.B.

  1. S. Cipriani
  2. P Rossano – G. Ravasi – A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teologí­a Bí­blica, San Pablo, Madrid 1990
  3. Fuente: Nuevo Diccionario de Teología Bíblica

Sumario: 1. Simbolismo de la mano. II. Significados de la imposición de manos en el A T: 1. Identificación; 2. Transmisión de poderes; 3. Consagración. III. Significados de la imposición de manos en el NT: 1. Poder taumatúrgico de Jesús y de sus discí­pulos; 2.

Valor litúrgico-sacramental; 3. Transmisión del poder sagrado para el servicio de la comunidad. Conclusión.1350 1. SIMBOLISMO DE LA MANO. En el lenguaje simbólico la †œmano† tiene una multiplicidad de significados que hay que definir según el contexto. Pensemos en la fuerza expresiva de la mano de Dios (iy hasta del dedo de su mano!) en la escena de la creación del hombre, en la Capilla Sixtina, de Miguel Angel: sirve para indicar al mismo tiempo el poder, la vitalidad que se comunica, el movimiento y la armoní­a.

A través del toque del dedo de esa mano explota la vida, que anima al cuerpo inerte del primer hombre. Junto con la †œpalabra†, la mano es uno de los medios más expresivos con que el hombre comunica a los demás sus sentimientos, su voluntad, sus mismos pensamientos; con la mano da cuerpo a sus emociones e intuiciones artí­sticas.

  • En el uso bí­blico la †œmano†, referida a Dios, puede expresar su poder: †œIsrael vio la mano poderosa con que el Señor habí­a obrado contra los egipcios† (Ex 14,31); con su mano Dios creó el cielo y la tierra y dirige su curso (Is 48,13).
  • Referida además al hombre, puede ser sí­mbolo del poder humano: por eso la expresión †œcaer en manos de alguien† quiere decir †œcaer bajo su poder† (Gn 32,12; Jc 2,14; Jr 27,6-7).

Puede significar también el Espí­ritu, de Dios: †œAllí­ mismo el Señor puso su mano sobre mí­ y me dijo† Ez3,22 cf Ez 1,3; Ez 3,14; Ez 8,1;Ez 33,22 37,1;40,1;lRe Ez 18,46 etc.). Creo que el gesto de †œimponer las manos†, tan frecuente en la Biblia, deriva su significado y su valor sobre todo de esta doble referencia al poder y al Espí­ritu de Dios.

  • Además, es importante señalar que se da una notable continuidad entre el AT y el NT: Jesús, que †œimpone† las manos para curar a los enfermos, realiza un gesto de poder, como Yhwh cuando libera a Israel de la esclavitud del faraón.1351 II.
  • SIGNIFICADOS DE LA IMPOSICION DE MANOS EN EL AT.
  • El AT reconoce diversas †œimposiciones de manos†, con significados diversos.1352 1.

Identificación. Hay una imposición de manos que podrí­amos definir también de identificación -es decir, tendente a expresarse y a reconocerse en otra realidad simbólica-, utilizada sobre todo en la liturgia sacrificial, en la cual, al imponer las manos sobre una ví­ctima, se intentaba, por así­ decir, cargarla con los propios sentimientos interiores, que podí­an ser de acción de gracias, de arrepentimiento o de adoración.

La expresión más caracterí­stica de esta especie de †œtransferí­† espiritual se da erre! rifó †œcomplicado del chivo expiatorio, sobre el que, con ocasión de la fiesta de la expiación, el sumo sacerdote, imponiendo sus manos, descargaba los pecados del pueblo, que de este modo quedaba espiritualmente renovado.

†œ(Aarón) pondrá las dos manos sobre su cabeza, confesará sobre él todas las faltas de los israelitas, todas sus transgresiones, todos sus pecados y, una vez cargados sobre la cabeza del macho, lo mandará al desierto por medio de un hombre designado para ello; el macho cabrí­o llevará sobre sí­ todas sus iniquidades a tierra desierta.

El macho cabrí­o será abandonado en el desierto† (Lv 16,21-22 cf Lv 1,4; Ex 29,10 etc.),1353 2. Transmisión de poderes. La imposición de manos puede tener también un significado de transmisión de poderes, una especie de selección de una persona para una misión especial. Así­, es particularmente significativa la elección de Josué como sucesor de Moisés: †˜El Señor respondió a Moisés: †˜Toma a Josué, hijo de Nun, sobre quien reside el espí­ritu, y pon tu mano sobre él.

Preséntalo luego al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad, y en su presencia le darás órdenes y le transmitirás parte de tu autoridad, para que le preste obediencia toda la comunidad israelita† (Nm 27,18-20). En Dt 34,9 se recoge este mismo concepto: †œJosué, hijo de Nun, estaba lleno del espí­ritu de sabidurí­a, porqué-Moisés le habí­a impuesto las manos.

A él obedecieron los israelitas, como lo habí­a ordenado Moisés†. Lo que es interesante advertir en estos dos textos es que la imposición de manos sobre Josué le comunica el †œespí­ritu de sabidurí­a†, y por eso le da autoridad sobre todo el pueblo; no es una mera indicación de la voluntad humana lo que lo pone al frente del pueblo, sino la libre voluntad de Dios, que le confiere también la fuerza interior (†œespí­ritu de sabidurí­a†) para cumplir su no fácil misión.1354 3.

Consagración. También los levitas eran ofrecidos a Dios para que le perteneciesen como una ofrenda sagrada, mediante la imposición de manos: †œCuando los levitas se hayan acercado ante el Señor, los israelitas pondrán las manos sobre ellos De esta manera separarás a los levitas de los demás israelitas para que sean mí­os† Nm 8,10-14).

Más que de conferir un poder, en esta imposición de manos se trata de hacer de ellos una especial consagración a Dios y al servicio religioso.1355 III. SIGNIFICADOS DE LA IMPOSICION DE MANOS EN EL NT. Signo visible, a través del cual Dios quiere significar el ofrecimiento de sus dones y sobre todo de su Espí­ritu, el gesto se recoge en el NT para expresar los nuevos dones ofrecidos, por medio de Cristo, a los hombres y a su Iglesia.

Más claramente que en el mismo AT aparece que la imposición de manos es un gesto †œeficaz†, es decir, que realiza lo que de alguna manera significa; en términos teológicos podrí­amos decir que tiene un valor †œsacramental†.1356 1. Poder taumatúrgico de Jesús y de sus discí­pulos.

Esto es evidente sobre todo en la actividad taumatúrgica de Jesús. Véase, por ejemplo, la curación de la mujer encorvada desde hací­a dieciocho años por efecto de la posesión diabólica: †œJesús, al verla, la llamó y le dijo: †˜Mujer, quedas libre de tu enfermedadi. Le impuso las manos y, al instante, se enderezó y empezó a alabar a Dios†(Lc 13,12-13).

Lo mismo ocurre con la curación del ciego de Bet-saida: †œLlegaron a Betsaida, le trajeron un ciego y le suplicaron que lo tocase. Jesús cogió de la mano al ciego, lo sacó fuera de la aldea, le echó saliva en los ojos, le impuso las manos Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y vio claramente† (Mc 8,22-23; Mc 8,25).

Y no son éstos los únicos casos. San Lucas, en un sumario rápido, nos dice que †œa la puesta de sol, todos los que tení­an enfermos de cualquier dolencia se los llevaron; Jesús imponí­a las manos sobre cada uno de ellos y los curaba† (Lc 4,40). Lo que hizo Jesús con la plena autoridad que le vení­a de Dios durante su misión en la tierra, seguirá haciéndolo durante la historia de la Iglesia mediante el ministerio de sus discí­pulos.

En efecto, después de darles la orden de anunciar el evangelio a todas las gentes, Jesús continúa: †œA los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios, pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán† (Mc 16,17-18).

  1. Está claro que éste no es un poder autónomo, el de los apóstoles, sino participado por ellos del de Cristo resucitado, que está siempre presente entre los suyos: †œEllos se fueron a predicar por todas partes.
  2. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban† (Mc 16,20).

Por eso también Pablo restituye la salud al padre de Publio, gobernador de Malta (Hch 28,8). Es interesante el hecho de que, fuera de los enfermos, Jesús impone las manos sólo a los niños: †œEntonces le presentaron unos niños para que les impusiera las manos y rezase por ellos.

  1. Los discí­pulos los regañaban, pero Jesús dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí­ y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios.
  2. Y después de imponerles las manos, continúo su camino†™ Mt 19,13-15; Mc 10,13-16).
  3. Además de ser un signo de afecto, esta imposición de manos sobre los niños significa una especie de bendición y una indicación de que ellos sobre todo pertenecen a Dios: de aquí­ la referencia explí­cita a la oración (para que rezase por ellos), que es como una recomendación de estos pequeños a la benevolencia del Padre.1357 2.
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Valor litúrgico-sacramental. Más allá del uso amplio de la imposición de manos, documentado especialmente para la actividad taumatúrgica de Jesús y de sus discí­pulos, la Iglesia primitiva utilizaba este gesto sobre todo en el ambiente litúrgico, bien sea para conferir el Espí­ritu en los sacramentos del / bautismo y de la / confirmación, bien para crear ministros al servicio de las diversas comunidades,

Por lo que se refiere a los sacramentos, hay que recordar dos textos de los Hechos de los Apóstoles. Después de la predicación de Felipe-en Samarí­a, enviaron de Jerusalén a Pedro y a Juan para verificar el hecho, dado que era la primera vez que se predicaba el evangelio fuera de Judea: †œLlegaron y oraron por los samaritanos para que recibieran el Espí­ritu Santo, pues aún no habí­a bajado sobre ninguno de ellos, y sólo habí­an recibido el bautismo en el nombre de Jesús, el Señor.

Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espí­ritu Santo† (Hch 8, 15-17). Aquello debió ser tan llamativo, que Simón mago se vio inducido a pedir, previa la debida compensación, que le dieran también a él el poder de †œimponer las manos† para dar el Espí­ritu Santo (y.19).

  1. Por todo el contexto es evidente que la imposición de manos está ordenada a la recepción de algún sacramento, que, a nuestro juicio, deberí­a ser la confirmación, dado que el bautismo está ya claramente presupuesto en el texto.
  2. Y es igualmente evidente que el poder de †œimponer las manos† vení­a solamente de Dios y que, por eso mismo, no era comerciable.

El otro episodio se refiere a san Pablo, cuando, al llegar a Efeso, se encontró allí­ con algunos discí­pulos que habí­an recibido solamente el bautismo de Juan. Los instruyó, y ellos †œal oí­rlo, se bautizaron en el nombre de Jesús, el Señor. Cuando Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos el Espí­ritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar† (Hch 19,5-6).

  • También aquí­ estamos en un clima litúrgico, y la imposición de manos va unida a la efusión del Espí­ritu, que se realiza en el bautismo o, quizá mejor, en el sacramento de la confirmación, que perfecciona al primero y lo ordena sobre todo al testimonio para con los de fuera.
  • En efecto, según el texto, la imposición de manos viene después del bautismo.

También en Heb 6,1-2 el autor recuerda, además de la †œdoctrina del bautismo†™, la †œimposición de manos, que o precisa mejor al mismo bautismo o remite también a la confirmación. De todas formas, queda en pie el hecho de la importancia que muy pronto asumió la imposición de manos, derivada del AT, en la praxis litúrgica de la primitiva Iglesia.1358 3.

Transmisión del poder sagrado PARA EL SERVICIO DE LA COMUNIDAD. Con este mismo gesto litúrgico la Iglesia antigua transmití­a el †œpoder sagrado† que habilitaba a sus ministros a realizar determinados servicios en la comunidad con el don del Espí­ritu que se les conferí­a. De forma que no se trataba de una mera designación externa que constituyese a los sagrados ministros, sino de la irrupción del Espí­ritu, que propiciaba el rito y la oración.

Es lo que se percibe en la institución de los siete (diáconos), destinados al servicio caritativo de las mesas para las viudas de los helenistas: †œElegid, pues, cuidadosamente entre vosotros, hermanos, siete hombres de buena reputación, llenos del Espí­ritu Santo y sabidurí­a, y nosotros les encomendaremos este servicio Los presentaron a los apóstoles, los cuales, después de orar, les impusieron las manos† (Hch 6,3; Hch 6,6 ).

  • También la primera misión de Pablo y de Bernabé se caracteriza por una ceremonia análoga: †œEntonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despi-dieron†(Hch 13,3).
  • Más de un comentarista interpreta todo esto como una ceremonia de despedida y de confiarlos a las manos de Dios,más que de una investidura.

Pero personalmente creemos que estamos aquí­ ante un rito litúrgico de verdadera investidura misionera, celebrada por los responsables y representantes de la comunidad. En las cartas pastorales que, entre otros temas, se ocupan de forma especial del tema de la †œsucesión† en el ministerio, la imposición de manos se convierte en el rito normal de transmisión de poderes para guiar y santificar a la comunidad.

Así­, por ejemplo, el autor recuerda en dos ocasiones a Timoteo los deberes derivados de su introducción en el ministerio sagrado: †œPor eso te recomiendo que reavives la gracia de Dios, que te fue conferida por la imposición de mis manos. Pues el Señor no nos ha dado espí­ritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de prudencia† (2Tm 1,6-7).

Y también: †œNo descuides el carisma que has recibido y que se te confirió en virtud del Espí­ritu cuando te impusieron las manos los presbí­teros de la Iglesia† (lTm 4,14). Lo que es importante en estos pasajes es el hecho de que la imposición de manos no es sólo un gesto indicativo de una función en la Iglesia, sino que crea en el sujeto ciertas disposiciones interiores destinadas a cumplir determinadas funciones en la Iglesia.

Por eso se habla en ambos casos de †œdon espiritual† carisma) y de †œEspí­ritu de fortaleza, de amor y de prudencia†, que se da en la consagración. El Espí­ritu va indisolublemente unido al ministerio, como ya hemos visto también en algunos pasajes del AT. El Espí­ritu y la institución no se oponen, sino que están í­ntimamente ligados entre sí­.

Precisamente por esto, se le pide a Timoteo que sea muy precavido en la elección de los ministros sagrados, para no cargar sucüncí­encia con los pecados de otro: †œNo impongas a nadie las manos sin haberlo pensado muy bien; no te hagas cómplice de los pecados ajenos.

Consérvate honesto† (lTm 5,22). Si es verdad que el †œcarisma† viene de Dios y que puede conferirlo a quien quiera, también es verdad que hay que ser muy precavido a la hora de confiar los diversos ministerios eclesiales, para no crear dificultades a los creyentes; cuando las dotes humanas y la †œgracia† de Dios colaboran entre sí­, entonces el ministerio sagrado alcanza la mayor eficacia.

También es importante señalar que, en todos los casos anteriormente recordados, la imposición de las manos para conferir un servicio ministerial la hacen personas cualificadas, aunque no siempre apóstoles, pero nunca por la comunidad en cuanto tal. Hay un principio †œjerárquico† que se respeta, aunque la comunidad se ve casi siempre comprometida en ello, como, por ejemplo, en el caso de la elección de los siete diáconos (Hch 6,3).1359 CONCLUSION.

Pocos signos como el de la imposición de manos tienen un significado tan múltiple y tan adecuado a las cosas que intentan expresar, por lo que ha encontrado a través de los siglos hasta hoy un uso constante en la praxis litúrgica de la Iglesia; pensemos en la importancia que tiene sobre todo en la consagración episcopal y sacerdotal.

En cierto sentido es siempre la †œmanus exten-ta† de Dios la que hoy sigue haciendo prodigios. De aquí­ su carácter tan sugestivo y también la necesidad de redescubrir siempre de nuevo su significado.1360 BIBL.: Corsani B., Imposizione delle maní­nelNT, en†Protestantesimo†27 (1952) 161-17!; Cullmann O., La fe yel culto en ¡a Iglesia primitiva, Madrid 1971; Ferguson E., LayingonofHandsrits Significance in Ordination, en †œJTS, NS†26 (1975) 1-12; Grayston K., The Significanceofthe WordHandin the NT, en Fs.B.

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  • En DTATX, 921-931.S.
  • Cipriani 1361 Fuente: Diccionario Católico de Teología Bíblica La mano es, juntamente con la *palabra, uno de los medios más expresivos del lenguaje del hombre; de por sí­, la mano simboliza ordinariamente el *poder (Ex 14,31; Sal 19, 2) y hasta el *Espí­ritu de Dios (lRe 18,46; Is 8,11; Ez 1,3; 3,22).

Imponer las manos sobre alguien es más que levantarlas en alto, aunque sea para bendecir (Lev 9,22; Le 24, 50); es tocar realmente al otro y comunicarle algo de uno mismo. AT. La imposición de manos, signo de bendición, expresa con realismo el carácter de la *bendición, que no es meramente palabra, sino acto.

  1. Así­ Jacob transmite a toda su posteridad la *riqueza de bendición que él mismo ha recibido de sus antepasados, Abraham e Isaac: “¡Crezcan y multiplí­quense sobre la tierra!” (Gén 48,13-16).
  2. La imposición de manos, signo de consagración, indica que el Espí­ritu de Dios pone aparte a un ser que él se ha escogido, que toma posesión de él, que le da autoridad y aptitud para ejercer una funci5n.

Así­ se pone aparte a los levitas, como a una ofrenda sagrada (Núm 8,10); así­ el Espí­ritu de sabidurí­a llena a Josué (Dt 34,9), disponiéddolo a desempeñar el cargo de jefe del pueblo con plenos poderes (Núm 27,15-23). La imposición de manos, sí­mbolo de identificación, establece una unión entre el que ofrece una ví­ctima en sacrificio y la ví­ctima misma: ésta es consagrada a Dios, encargada de tomar sobre sí­ los sentimientos del oferente, acción de gracias, pesar del pecado o adoración; así­ en los sacrificios de expiación Lev 1,4), de comunión (3,2), por el pecado (4,4), o también en la consagración de los levitas (Núm 8,16).

En el rito del macho cabrí­o emisario el dí­a de la *expiación, hay todaví­a identificación con el animal, pero no hay consagración. Por la imposición de las manos comunica Israel al animal sus pecados; éste, ahora impuro, no puede ser ofrecido a Yahveh en sacrificio y es expulsado al desierto (Lev 16,21s).

NT.1. En la vida de Jesús. En signo de bendición impuso Jesús las manos a los *niños Pequeños (Mc 10,.16), confiriéndoles la *bienaventuranza que anunciaba a los *pobres (Mt 5,3), obteniendo de su Padre los frutos de su propia “oración” (Mt 19, 13). La imposición de las manos es también signo de liberación.

  1. En efecto, por este gesto cura Jesús a los *enfermos: “Mujer, ya estás limpia de tu enfermedad”, dijo a la mujer encorvada, luego le impuso las manos, y ella se enderezó en el mismo instante (Le 13,13).
  2. Igual gesto para la curación del ciego de Betsaida (Mc 8,23ss), o para cada uno de los numerosos enfermos que acudí­an a la puesta del sol (Le 4,40).2.

En la vida de la Iglesia. Según la promesa del resucitado, los discí­pulos “impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán curados” (Mc 16,18). Así­ Ananí­as devuelve con este gesto la vista a Saulo convertido (Act 9,12), y Pablo a su vez restituye la salud al gobernador de Malta (28,8).

  • Juntamente con este signo de liberación, la imposición de las manos se practica ya en la Iglesia naciente como signo de consagración.
  • Por ella se transmiten los dones divinos y principalmente el don del *Espí­ritu Santo.
  • Así­ Pedro y Juan confirmaron a los samaritanos que no lo habí­an recibido todaví­a (Act 8,17); Pablo hizo lo mismo a las gentes de Efeso (19,6).

Simón Mago habí­a quedado tan asombrado ante el poder de este gesto que habí­a querido comprar aquel poder con dinero (8,18s). Así­ pues, este gesto aparece como un signo visible portador de una potente realidad divina. Finalmente, por este mismo gesto transmite la Iglesia un poder espiritual adaptado a una *misión precisa, ordenada a determinadas funciones : tal sucede en la institución de los siete (6,6) consagrados por los apóstoles, o en el enví­o de Pablo y de Bernabé (13,3).

  • -> Bendición – Carismas – Espí­ritu de Dios – Enfermedad/Curación – Unción – Sacerdocio.
  • LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teologí­a Bí­blica, Herder, Barcelona, 2001
  • Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas

Dado que la mano es el primer órgano de contacto, el que se toque con ella se considera a menudo un medio de transferir poderes o cualidades de un individuo a otro. Generalmente la mano se coloca sobre la cabeza, ya que es la parte más noble del hombre.

  • La imposición de manos parece haber jugado un rol muy importante en la historia de la religión.
  • Por ejemplo, por tomar la mano de Marduk, el rey de Babilonia ganaba y anualmente renovaba su dominio.
  • Las deidades comunicaban al rey de Egipto bendición por medio de imponerle sus manos, concediéndole larga vida y gobierno próspero.

Se practicó por varias razones en el AT. El sacerdote imponía sus manos sobre el macho cabrío para transferirle los pecados del pueblo (Lv.16:21). Jacob colocó las manos sobre los hijos de José para darles bendición (Gn.48). En la ordenación de Josué, Moisés le comunicó una porción de su sabiduría y espíritu (Nm.27:18–23).

Cristo mismo empleó la imposición de manos en diferentes maneras: para sanar (Mr.5:23; 7:32) y bendecir (Mr.10:16; Lc.24:50). La iglesia la hizo parte de su vida, y la usó para sanar y bendecir (Hch.9:27). También se empleaba después del bautismo con oración para la recepción del Espíritu Santo (Hch.8:14ss.; 19:1ss.).

Y vino a ser de especial importancia cuando se confería un oficio o misión en el servicio de la iglesia (Hch.6:6; 13:3). De esta práctica vino el rito de ordenación, en el cual se comunicaba al individuo por la imposición de manos una gracia especial, charisma, acompañada por el don del Espíritu (1 Ti.4:14; 2 Ti.1:6)—pero sólo por uno que ya tuviera el Espíritu Santo.

Behm, Die Handauflegung im Urchristentum ; Hempel, Behm, Glaude en, II, 1606–1609.

  1. Herman C. Waetjen
  2. Die Religion in Geschichte und Gegenwart

Harrison, E.F., Bromiley, G.W., & Henry, C.F.H. (2006). Diccionario de Teología (312). Grand Rapids, MI: Libros Desafío. Fuente: Diccionario de Teología Las acciones que se llevaban a cabo con las *manos constituían parte importante del ritual religioso antiguo, p.

Ej. en la oración (1 R.8.54; 1 Ti.2.8) y en la invocación de la bendición divina (Lv.9.22; Ecl.50.20; Lc.24.50). Jacob bendijo a los hijos de José colocando ( šı̂ṯ ) sus manos sobre sus cabezas (Gn.48.8–20), y de igual manera Jesús bendijo a los niños que le acercaron (Mr.10.16; Mt.19.13–15; cf. SB, 1, pp.807s).

Jesús también tocaba a los enfermos (p. ej. Mr.1.41; 7.33), o colocaba sus manos sobre ellos (Mr.5.23; 6.5; 7.32; 8.23, 25; Mt.9.18; Lc.4:40; 5.13; 13.13), como igualmente hicieron los apóstoles (Hch.9.12, 17; 28.8; Mr.16.; cf.1 Qap Gn.20.21, 28s). La acción era simbólica de bendición espiritual que fluía de una persona hacia otra (cf.

Mr.5.30).I. En el Antiguo Testamento El día de la expiación Aarón colocaba ( sāmaḵ ) sus manos sobre la cabeza del macho cabrío que iba a ser enviado al desierto, y confesaba sobre él los pecados del pueblo, poniéndolos de esa manera sobre el animal (Lv.16.21). Un rito similar acompañaba a las ofrendas para el holocausto, como también las de paz, las que se hacían por el pecado, y las de purificación levítica (p.

ej. Lv.1.4; 3.2; 4.4; Nm.8.12), como indicación de la “identificación” del pueblo con su ofrenda. (En Lv.24.14 los que ponían sus manos sobre el blasfemo probablemente “lanzaban” sobre él su propia culpa.) Los levitas, que como sacerdotes representaban al pueblo ante Dios, eran ordenados por el pueblo, que ponía sus manos sobre ellos (Nm.8.10).

  • Moisés ordenó a su sucesor, Josué, imponiéndole las manos, y de esta manera lo invistió con parte de su autoridad (Nm.27.18–23).
  • Este pasaje describe a Josué, antes de su ordenación, como “varón en el cual hay espíritu”, pero en Dt.34.9 vemos que estaba lleno del espíritu de sabiduría porque Moisés le había impuesto las manos.

Lo que parecería inferirse de esto es que una persona meritoria, que poseía el Espíritu divino, recibía dones espirituales adicionales cuando era comisionado para el servicio por medio de este rito. Al mismo tiempo, el rito indicaba una transferencia de autoridad.

  1. II. En el Nuevo Testamento En el NT el bautismo y la recepción del Espíritu iban acompañados, en algunas ocasiones, de la imposición de manos.
  2. En Hch.8.14–19 el don del Espíritu se confería solamente cuando al bautismo seguía la imposición apostólica de manos.
  3. Es poco probable que debamos entender de la misma manera la imposición de manos de Ananías en Hch.9.12, 17 (ocasión en la que se produce antes del bautismo).

Hch.19.6 relaciona la imposición de manos con el bautismo y el don del Espíritu, expresado en lenguas y profecía, y He.6.2 se refiere a la enseñanza sobre bautismos y la imposición de manos, probablemente como instrucción para nuevos conversos. En otras partes, sin embargo, el don del Espíritu se da sin mencionar la imposición de manos, y, en una oportunidad, aun antes del bautismo (Hch.10.44–48), y es poco probable que en el período del NT el bautismo siempre haya sido acompañado por la imposición de manos.

  1. Siguiendo las analogías veterotestamentarias, y lo que puede haber sido la práctica rabínica contemporánea, la imposición de manos fue también el rito de ordenación para el servicio cristiano.
  2. Una vez que la congregación hubo elegido los siete diáconos, ellos mismos (o, posiblemente, los apóstoles) oraron y les impusieron las manos (Hch.6.5s; cf.

SB, 2, pp.647–661); de la misma manera la iglesia de Antioquía oró e impuso las manos a Bernabé y Saulo para su obra misionera (Hch.13.3). En 1 Ti.5.22 Pablo aconseja a Timoteo que no se apresure con la imposición de manos; esto puede referirse a la ordenación de ancianos, o a la restauración de los que han reincidido, reintegrándolos a la comunión de los santos mediante un acto de bendición.2 Ti.1.6 se refiere a la recepción, por parte de Timoteo mismo, del don de Dios para la obra del ministerio mediante la imposición de las manos de Pablo.

  • Cf.1 Ti.4.14, donde, sin embargo, es el “presbiterio” el que le impone las manos.
  • La mejor y más simple de las soluciones es la de considerar que Pablo y los ancianos locales realizaron el acto en conjunto, pero D.
  • Daube piensa que la frase en cuestión significa “ordenación al rango de presbítero”.
  • Esta ordenación, llevada a cabo bajo la guía divina (Hch.13.3; cf.1 Ti.1.18), era un signo visible de que Dios daba a la persona sus dones para algún aspecto de la obra del ministerio, y por medio de ella la iglesia reconocía la comisión y capacitación divinas, al tiempo que se asociaba con el Espíritu en el acto de comisionar y autorizar al ministro para su tarea.

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  • Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.
  • Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Una ceremonia simbólica por la cual uno intenta comunicar a otro algún favor, cualidad o excelencia (principalmente de tipo espiritual), o nombrar a otro a algún cargo.
  • El rito ha tenido un uso tanto profano o secular como sagrado.
  • Es extremadamente antiguo, y ha sido transmitido desde los tiempos patriarcales.

Jacob legó una bendición y herencia a sus dos hijos Efraín y Manasés poniendo sus manos sobre ellos (Gén.48,14) y Moisés legó a Josué la hegemonía del pueblo hebreo del mismo modo (Núm.27,18.23). En el Nuevo Testamento Nuestro Señor empleó este rito para restaurarle la vida a la hija de Jairo (Mt.9,18) y para dar salud al enfermo (Lc.6,19).

El aspecto religioso de esta ceremonia apareció por primera vez en la consagración de Aarón y sus hijos al oficio del sacerdocio. Antes de inmolar animales en sacrificio, los sacerdotes, de acuerdo con el ritual mosaico, ponían sus manos sobre la cabeza de las víctimas (Éx.29; Lev.8,9); y en la expresiva despedida del chivo expiatorio, el oficiante colocaba sus manos sobre la cabeza del animal y rogaba que los pecados del pueblo pudieran descendieran a él y fuesen expiados en el desierto (Lev.16,21).

Los Apóstoles imponían las manos sobre los recién bautizados, para que pudieran recibir los dones del Espíritu Santo en confirmación (Hch.8,17.19; 19,6); sobre aquellos a ser promovidos a las Órdenes Sagradas (Hch.6,6; 13,3; 1 Tim.4,14; 2 Tim.1,6; Mt.13); y sobre otros para conferirle algún don sobrenatural o beneficio corporal (Hechos, passim).

  • En realidad el rito se usaba tan frecuentemente que la “imposición de manos” vino a designar una doctrina católica esencial (Heb.6,2).
  • Para comprender claramente la medida en que la imposición de manos se utiliza en la Iglesia del presente, será necesario considerar su aspecto sacramental o teológico y también el ceremonial o litúrgico.

En la confirmación, la imposición de manos constituye la materia esencial del sacramento, no sin embargo aquella que precede la unción, sino la que tiene lugar al momento de la aplicación del crisma (S.C. de Prop. Fide, 6 de agosto de 1840). En el sacramento de las órdenes sagradas entra, ya sea completamente o en parte, en la sustancia del rito a través del cual se confieren la mayoría de los grados superiores.

Así, en la ordenación de los diáconos de acuerdo con el rito Latino, es al menos materia parcial del sacramento; en el otorgamiento del sacerdocio hay una triple imposición, viz.: (a) cuando el prelado que ordena, seguido de los sacerdotes, deposita las manos sobre la cabeza del candidato nil dicens; (b) cuando él y los sacerdotes extienden manos durante la oración, Oremus, fratres carissimi, y (c) cuando impone las manos otorgando el poder de perdonar los pecados, diciendo Accipe Spiritum Sanctum.

La primera y segunda de estas imposiciones combinadas constituyen en la Iglesia Latina la materia parcial del sacramento, la traditio instrumentorum es la requerida para la adecuada o completa materia. Los griegos, sin embargo, confían en la imposición sola como la sustancia del rito sacramental.

  • (1) En el bautismo el sacerdote marca la frente y el pecho con la Señal de la Cruz, impone las manos sobre la cabeza durante la oración, “preces nostras”, y nuevamente después del exorcismo, implorando a Dios que haga descender la luz de la verdad dentro del alma purificada (cf. Rito Rom.). Tertuliano menciona la imposición como usada en el otorgamiento del bautismo en sus propios días (de Bap., VI, VII, &c.).
  • (2) En la penitencia el ministro meramente levanta su mano al dar la absolución. Las antiguas ordines (cf. Martene, “De antiqua ecclesiæ disciplina”, passim), registran esta costumbre.
  • (3) En la extremaunción no hay imposición de manos ordenada por las rúbricas, aunque en la plegaria inmediata anterior a la unción se expresan las palabras per impositionem manuum nostrarum. Posiblemente la imposición es contenida en las unciones como lo es en la administración de la confirmación.
  • (4) Aparte de los sacramentos, el rito es también empleado en casi todas las variadas bendiciones de personas y cosas. Así también se bendice a los abades y a las vírgenes (cf. Pontifical y Ritual Romano).
  • (5) En la reconciliación de penitentes públicos y en la recepción a la Iglesia de los cismáticos, herejes y apóstatas, al principio se imponían las manos, y todavía se hace (cf. Duchesne, “Christian Worship”, pp.328, 435, San Cipriano, “De Lapsis”, 16).
  • (6). Son exorcizados de manera similar aquellos obsesionados por espíritus malignos (cf. Ritual Romano, Titus, X, CL). (7) Las rúbricas del misal ordenan al celebrante mantener sus manos extendidas durante la mayoría de las oraciones. En la oración de pre-consagración Hanc igitur oblationem, él también sostiene sus manos sobre la oblata. Esta acción parece tomada de la vieja práctica levítica, ya señalada, de depositar las manos sobre las víctimas a ser sacrificadas, pero, curiosamente, no se ha probado que sea muy antigua. Le Brun (Explication de la Messe, IV, 6) dice que él no encontró la rúbrica en ningún misal anterior al siglo XV. Pío V lo hizo de præcepto (cf. Gihr, “la Messe”, II, 345).

El significado del acto es expresivo, ya que simboliza, como lo hace, la colocación del pecado sobre los elementos de pan y vino, el cual, al ser cambiado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se convierte así en nuestro emisario o chivo expiatorio, y finalmente en la “víctima de nuestra paz” con Dios.

Nada puede mostrar mejor la relación que siempre ha existido entre la oración y la ceremonia que se está considerando, que esta expresiva frase de San Agustín, ¿Quid aliud est manuum impositio, quam oratio super hominem? (De Bap., III, XVI, 21). Bibligrafía: Además de las autoridades citadas arriba, vea los manuales de liturgia ordinarios; Roman Missal; MABILLON, Museum Italicum, II (París, 1689); CHEETHAM en Dict.

Christ. Antiq., s.v.; LESÊTRE en VIG., Dict. de la Bible, s.v. Imposition des mains; THALHOFER en Kirchenlex, s.v. Handauflegung. Fuente: Morrisroe, Patrick. “Imposition of Hands.” The Catholic Encyclopedia. Vol.7. New York: Robert Appleton Company, 1910. http://www.newadvent.org/cathen/07698a.htm Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi.

¿Qué ocurre cuando los apóstoles les imponen las manos a los de las amarillas?

Biblia Online Editorial San Pablo 8 :B: 1 Saulo estaba allí y aprobaba el asesinato. Este fue el comienzo de una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.2 Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron un gran duelo por él.3 Saulo, por su parte, trataba de destruir a la Iglesia.

  1. Entraba casa por casa, hacía salir a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
  2. Felipe anuncia la Palabra en Samaria :B: 4 Mientras tanto, los que se habían dispersado anunciaban la Palabra en los lugares por donde pasaban.5 Así Felipe anunció a Cristo a los samaritanos en una de sus ciudades adonde había bajado.6 Al escuchar a Felipe y ver los prodigios que realizaba, toda la población se interesó por su predicación.7 Pues espíritus malos salían de los endemoniados dando gritos, y varios paralíticos y cojos quedaron sanos.8 Hubo, pues, gran alegría en aquella ciudad.

El mago Simón :B: 9 Había llegado a la ciudad antes que Felipe un hombre llamado Simón. Tenía muy impresionada a la gente de Samaría con sus artes mágicas y se hacía pasar por un gran personaje.10 Todos estaban pendientes de él, pequeños y grandes, y decían: «Este hombre es la fuerza de Dios”, pues se hablaba de una tal “gran fuerza de Dios”.» 11 Desde hacía tiempo los tenía alucinados con sus artes mágicas, y la gente lo seguía.12 Pero cuando Felipe les habló del Reino de Dios y del poder salvador de Jesús, el Mesías, tanto los hombres como las mujeres creyeron y empezaron a bautizarse.13 Incluso Simón creyó y se hizo bautizar.

No se separaba de Felipe, y no salía de su asombro al ver las señales milagrosas y los prodigios que se realizaban.14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén tuvieron noticia de que los samaritanos habían aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.15 Bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, 16 ya que todavía no había descendido sobre ninguno de ellos y sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.17 Pero entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.18 Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se transmitía el Espíritu, les ofreció dinero, 19 diciendo: «Denme a mí también ese poder, de modo que a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo.» 20 Pedro le contestó: «¡Al infierno tú y tu dinero! ¿Cómo has pensado comprar el Don de Dios con dinero? 21 Tú no puedes esperar nada ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son rectos ante Dios.22 Arrepiéntete de esa maldad tuya y ruega al Señor que perdone tus intenciones, ojalá lo haga.23 Por que en tus caminos solamente veo amargura y lazos de maldad.» 24 Simón respondió: «Rueguen ustedes al Señor por mí, para que no venga sobre mí nada de lo que han dicho.» 25 Pedro y Juan dieron testimonio y, después de predicar la Palabra del Señor, volvieron a Jerusalén.

Por el camino evangelizaron varios pueblos de Samaría Felipe bautiza a un Etíope :B: 26 Un ángel del Señor se presentó a Felipe y le dijo: «Dirígete hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza; no pasa nadie en estos momentos.» 27 Felipe se levantó y se puso en camino.

  • Y justamente pasó un etíope, un eunuco de Candaces, reina de Etiopía, un alto funcionario al que la reina encargaba la administración de su tesoro.
  • Había ido a Jerusalén a rendir culto a Dios 28 y ahora regresaba, sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.29 El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate a ese carro y quédate pegado a su lado.» 30 Y mientras Felipe corría, le oía leer al profeta Isaías.

Le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?» 31 El etíope contestó: «¿Cómo lo voy a entender si no tengo quien me lo explique?» En seguida invitó a Felipe a que subiera y se sentara a su lado.32 El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: Fue llevado como oveja al matadero, como cordero mudo ante el que lo trasquila, no abrió su boca.33 Fue humillado y privado de sus derechos.

¿Quién podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.34 El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿a quién se refiere el profeta? ¿A sí mismo o a otro?» 35 Felipe empezó entonces a hablar y a anunciarle a Jesús, partiendo de este texto de la Escritura.36 Siguiendo el camino llegaron a un lugar donde había agua.

El etíope dijo: «Aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?» ( 37 Felipe respondió: «Puedes ser bautizado si crees con todo tu corazón.» El etíope replicó: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.») 38 Entonces hizo parar su carro. Bajaron ambos al agua y Felipe bautizó al eunuco 39 Apenas salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el etíope no volvió a verlo.

¿Cuál es el don del Espíritu Santo?

Pasajes adicionales de las Escrituras –

1 Corintios 3:16–17 ; D. y C.130:22–23 (el Espíritu Santo mora con los fieles). Hechos 19:1–7 (el don del Espíritu Santo se otorgó en la antigüedad). Moroni 8:25–26 (cómo recibir al Espíritu Santo). Moroni 10:5 (el Espíritu Santo es un testigo de la verdad). Mosíah 5:2 (el Espíritu Santo cambia el corazón de la gente). Alma 5:54 (el Espíritu Santo santifica).

¿Qué es imponer en la Biblia?

IMPONER Ezr 7:24 ninguno podrá imponerles tributo Neh 10:32 nos impusimos, cargo de contribuir 1. balo (bavllw, 906), echar, arrojar. Se traduce “impondré” en Rev 2:24: Véase ECHAR, Nº 1.2. epikeimai (ejpivkeimai, 1945) denota ser puesto sobre, yacer sobre: (a) literalmente, de la piedra en el sepulcro de Lázaro (Joh 11:38 “puesta encima”); del pescado sobre las brasas (Joh 21:9); (b) en sentido figurado, de una tempestad (Act 27:20 “acosados”); de una necesidad que apremiaba al apóstol Pablo (1Co 9:16 “me es impuesta”); del agolpamiento de la multitud alrededor de Cristo, para oí­rle (Luk 5:1 “se agolpaba”); de la insistencia de los principales sacerdotes, prí­ncipes y pueblo para que Cristo fuera crucificado (Luk 23:23 “instaban”); de las ordenanzas carnales “impuestas” bajo la ley hasta el tiempo de reformar las cosas; reforma esta introducida mediante el sumo sacerdocio de Cristo (Heb 9:10).

Véanse ACOSAR, AGOLPAR, INSTAR.¶ 3. epitithemi (ejpitivqhmi, 2007), añadir a, poner sobre. Se usa de poner las manos sobre los enfermos (p.ej., Mat 9:18 “pon”). Traducido con el verbo imponer, se usa de poner las manos sobre una persona denotando reconocimiento público (Act 6:6; 8.17,19; 19.6; 1Ti 5:22).

También se usa de una imposición de cargas (Act 15:28); véanse CARGAR, Nº 3, PONER. Cf. epithesis, en (DE MANOS). Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento : IMPONER

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